Salman Rushdie, sobre la situación actual en EEUU: “Necesitamos optimismo para lidiar con el presente”

Francisco Gámiz

29 de enero de 2026 16:54 h

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Salman Rushdie es un escritor que ha estado muy ligado a la muerte. Amenazado de ella desde 1989 por el llamamiento contra él del régimen de Irán, el autor anglo-indio fue apuñalado en 2022. Aquella experiencia la acabaría narrando en Cuchillo (Random House), una novela en la que cuenta cómo sobrevivió a aquel ataque y su posterior recuperación. Ahora, Rushdie regresa al mercado literario con La penúltima hora (Random House), en la que reflexiona sobre cómo nos dejamos llevar hacia la muerte y a veces intentamos resistirnos a ella. “Tengo una visión bastante buena de la muerte, y esto sirve como inspiración: cómo las personas enfocan el final de su vida”, ha declarado este jueves en rueda de prensa.

A diferencia de su anterior trabajo, el escritor apuesta de nuevo por una novela de ficción, cuya trama enfrenta la penúltima hora de vida de sus personajes. Se trata de una colección de cinco relatos que dialoga con su obra y con su biografía literaria, recorriendo además los tres países donde ha vivido: India, Inglaterra y EEUU. “Me interesa la idea del estilo tardío, cómo los escritores abordan el último acto de la obra de sus vidas. Hay gente a la que no le gusta envejecer, que pierde la audición..., pero es muy interesante ver cómo los artistas responden a los últimos años”, ha indicado, añadiendo que el libro “nació de una forma no planificada”.

En un contexto de EEUU cada vez más pesimista, Rushdie no ignora lo que está ocurriendo en el país, tampoco en la obra: “Todo el mundo está preocupado. Es un momento muy oscuro en la vida pública estadounidense y, con esta discusión de Groenlandia y Canadá, se está convirtiendo en un momento oscuro no solo para EEUU”. Además, con respecto al relato final de la novela, el autor ha declarado que “estamos viviendo en una época en la que la comunicación dentro de la sociedad está colapsando”. “La dificultad de comunicación en este país es alarmante, es como si le gritaras al vacío. No puedes comprender lo que el otro lado está diciendo. Si vives en una sociedad que está tan dividida, el lenguaje es insuficiente para la comunicación”, ha agregado, sosteniendo que “es peligroso para la sociedad que la comunicación caiga”.

Con respecto a si la literatura sigue siendo una forma de resistencia, o al menos de supervivencia, el autor ha alegado que “la literatura siempre ha sido la mejor manera” que tiene de “responder” al mundo en el que vive: “Las historias que escribo han sido pasos en este viaje, y, conforme el mundo cambia, la escritura también cambia. Hay escritura que cumple muy bien con la resistencia, pues no puede ignorar los regímenes, pero en los tiempos difíciles en los que vivimos, espero que sea una forma de incrementar la comprensión de los lectores sobre lo que está sucediendo”.

Asimismo, el ensayista ha reivindicado la importancia de la literatura para el enriquecimiento personal, denunciando que “el crecimiento de la censura en EEUU es un problema muy grande”. “Es un crimen porque va contra la libertad de expresión. Hay escuelas en las que, si un padre se queja de que hay un libro en la biblioteca, se quita. Son libros que personas jóvenes deberían estar leyendo, como Matar un ruiseñor. Hacer que se retiren del alcance de personas jóvenes es terrible”, ha apuntado Salman Rushdie. “Ha habido muchísimas quejas, pero sigue habiendo muchos casos y hay que luchar contra ello. La libertad de expresión se supone que es un derecho constitucional, por lo que estas prohibiciones van en contra de lo constitucional”, ha reclamado el autor.

“Esta parte del siglo XXI es oscura, pero, cuando era más joven, en los 60 o en los 70, había más optimismo, más esperanza”, ha indicado Rushdie. “Es triste que la rueda esté girando hacia esta dirección. Pero, cuando vives muchas veces, ves que la sociedad atraviesa muchas cosas y que nada es permanente. Si las cosas han cambiado para mal, también van a cambiar para bien. Es el optimismo que necesitamos para lidiar con el momento presente”, ha defendido el escritor.

La escritura como proceso de reflexión

Al igual que hace en el libro, Salman Rushdie también ha reflexionado en la rueda de prensa sobre aquello a lo que se dedica y en qué piensa durante el proceso de escritura. “Si no hubiese sido escritor, habría sido un actor maravilloso, que es lo que me hubiera encantado ser, pero creo que tomé una decisión estupenda no siéndolo”, ha bromeado el autor. Rushdie ha explicado que le interesa cómo lee la gente: “A medida que he ido avanzando en la vida, cada vez me interesa más la forma en que los lectores se acercan a un texto. Pienso en los lectores”. Además, el escritor ha afirmado que tiene muy presente que “todos somos historias inacabadas porque seguimos, continuamos”.

Por otro lado, Rushdie ha destacado que cree en la inmortalidad. “Los escritores como yo escribimos para la posteridad: no solo para el escritor inmediato, sino también para el escritor futuro”, ha declarado. Ahora que está a punto de cumplir 79 años, el ensayista ha comentado que enfoca sus historias en gente más mayor, un cambio que ha ido acompañándolo conforme ha ido creciendo. “Cuando era joven, escribía sobre personas más jóvenes”, ha alegado.

Quizás su edad lo ha llevado a hacerse más preguntas sobre la muerte, pero el escritor indica que “el tema de la muerte está relacionado con el más allá” y que él no cree “que haya un más allá”. No obstante, señala que “en una ficción es sumamente útil”, por lo que ha decidido escribir una historia sobre fantasmas. “Es una historia de fantasmas sobre un hombre que no cree en los fantasmas, y esta contradicción es muy útil en el lado creativo. Es la naturaleza del arte: no es sencillo, es difícil y muchas veces contradictorio”, sostiene. Mientras tanto, ha asegurado seguir inspirándose por escritores latinoamericanos, leyendo a García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o Elena Poniatowska. “Soy muy leído en la literatura de Lationamérica, más que en la española en sí”, ha concluido.