Entrevista
Banin expone en un disco su traumática salida de Los Planetas: “La constante en el grupo ha sido cortar cabezas cuando había problemas”
Los Planetas lo tienen todo: fans y haters por legión, discos legendarios y prescindibles, noches épicas y bochornosas, conciertos sinfónicos y pases acústicos, un biopic premiado y un documental vetado, giras de aniversario y reediciones a mansalva. También tienen su colección de 'cadáveres' (músicos, mánagers...) y obras paralelas (J en solitario, Los Pilotos...). Solo les faltaba un disco conceptual sobre vivir en Los Planetas. Está al caer. Se llama Plutón ya no es un planeta y lo firma Banin Fraile, teclista y guitarrista del grupo entre 1997 y 2024.
El inesperado debut discográfico del actual músico de refuerzo de Carolina Durante sorprende por varias razones. Por su solvencia como cantante, por abordar el tabú de las relaciones internas en los grupos musicales y por despachar versos a un destinatario evidente como “cerdo que ha probado sangre siempre quiere más”. Cada canción está reforzada por un cómic del dibujante Magius. En alguno, J sale retratado como un supervillano. Banin insiste en que el disco no será un ajuste de cuentas, pero se le nota bastante desahogado y feliz después de unos años en los que se sintió maltratado, humillado y desorientado.
En 2010 ya decía, refiriéndose a Los Planetas: “Un grupo puede ser una jaula de tiburones en la que todo el mundo está pegando dentelladas y si no sabes pegar dentelladas te vas a quedar sin espacio”. Menuda profecía... ¿Cuándo empezó a torcerse la situación?
Siempre estuvo torcida. Siempre fue como la torre de Pisa. Nunca sabías si se hundiría o te caería encima. Y en 2010 ya se le habían visto las orejas al lobo. Las orejas, el rabo, las pezuñas… Llámale lobo o llámale monstruo.
Para no generar equívocos, ¿al decir monstruo se refiere a una persona concreta del grupo o a la estructura interna de cualquier grupo?
A la estructura, sí. Y a la persona, también.
¿Cuántas veces ha estado a punto de saltar Los Planetas?
La primera vez que me echaron sería 2003 o 2004. Un día se presenta J en mi casa y me dice que soy el culpable de todo lo que va mal en el grupo. Me cabreé: “Si yo tengo la culpa, ya estoy fuera”. Se quedó superparado y dijo: “Es que estoy con mi padre en el hospital, es que estoy loco perdido”. Me salió con esa... Ahí quedó la cosa, pero me saltó la señal de alarma.
¿Qué conclusión sacó aquel día?
Que era el eslabón más débil y había que encontrar un cabeza de turco. Esa ha sido una constante en el grupo: cortar cabezas cuando había problemas.
Los Pilotos es lo más cerca que ha estado de fugarse de Los Planetas.
Lo montamos con Florent en un momento en que J no quería hacer discos ni conciertos. Pero no lo decía. Esa era una de las peores cosas de estar en Los Planetas: que nunca se decía nada. Todo se infería. Tras ocho meses sin tocar, decíamos: “Parece que hemos entrado en el desierto”. Florent y yo pedíamos reuniones. Entonces decía que no tenía ganas de hacer nada.
“Pedíamos reuniones” sugiere una relación bastante descompensada.
Completamente. Había un reyezuelo que dominaba los territorios que había conquistado y los demás éramos cortesanos intentando que se animara. Recuerdo decirle en una reunión: “Acaba de pasar la crisis, la gente está superdespistada. Tienes una oportunidad de hablar de algo social importante”. Intentábamos darle ideas para así ponernos a trabajar, pero no surtía efecto. Y mientras, con Florent, quedábamos y nos enseñábamos ideas.
El éxito deshumaniza y la gente que no sabe gestionarlo acaban convertida en monstruitos. He conocido personas con un rencor muy grande, que no encuentran manera de sacarlo y, cuando ejercen el poder, dejan salir los peores instintos
Florent podría haber sido su principal valedor dentro del grupo.
Cualquier decisión que tomase J y beneficiase a J, también beneficiaba a Florent. Ellos son socios y los demás no éramos nada. Únicamente teníamos un acuerdo verbal que muy pronto cambiamos por otro acuerdo verbal más desfavorable para Eric y para mí. Florent es una persona que no busca problemas. Y ahí no se podía hacer nada. Lo sabía él y lo sabíamos todos.
¿Esta dinámica es fruto del carácter de J o es habitual en los grupos?
Es típico del rocanrol. He conocido otras personas así: muy desconfiadas, inseguras, incluso con rasgos paranoicos. El éxito deshumaniza y la gente que no sabe gestionarlo acaban convertida en monstruitos. He conocido personas con un rencor muy grande, que no encuentran manera de sacarlo y, cuando ejercen el poder, dejan salir los peores instintos. En la generación de Carolina Durante, la cosa cambia. No he vuelto a ver personajes tan siniestros.
Descríbame el clima en que se grabó Las canciones del agua.
De desajuste y separación total. De ir al ensayo y preguntar: “¿Quieres que haga algo en esta canción?”. Porque si hacía algo por mi cuenta era descartado. La comunicación era prácticamente nula. De llegar ahí y ni saludar.
A Eric y a mí nos dejaron fuera de la mitad del disco. En la cara B, no contaron con nosotros. Yo grabé bastantes cosas para algunas canciones. Nadie me dijo que no las usarían. Lo descubrí leyendo una entrevista.
¿Ahí no percibió que ya estaba con un pie fuera?
Solo me vi un escalón más abajo. El año siguiente solo hicimos dos conciertos y el ambiente fue increíblemente negativo. Con una actitud de desprecio hacia todo, de no sé por qué hacemos esto… La negatividad ha sido una constante tremenda, pero esta superaba la de otras etapas: negatividad sobre ti, sobre el otro, sobre cualquier propuesta para salir del agujero ficticio en el que parecía que estábamos... La gira de otoño se canceló en el último momento. Ahí imaginé que la cosa no tenía mucha solución. Y, de repente, pasó lo del Super 8. Cuando vi el cartel de la gira, temí lo peor.
Más allá de aquel amago de expulsión de 2003-2004, ¿ha habido días en los últimos 15 años en los que valorase la posibilidad de irse?
Claro. En los primeros momentos, te entra pavor. Ves cosas que te chocan muchísimo y te vas a casa diciendo: no puedo permanecer aquí mucho más tiempo. Pero callas, te vas acostumbrando y vas normalizando situaciones. Te dices: hay que aguantar. Lo que has hecho aquí te ha dado un estatus, un reconocimiento, una identidad. Dejarlo es una decisión muy complicada. Has ayudado a que esto crezca, piensas. Si me voy, me voy sin nada.
¿Qué hizo cuando se anunció la gira de 30 aniversario de Super 8, una gira de la que no sabía nada y a la que nadie le había convocado?
Llamé a Eric: “¿Has visto esto?”. Me dijo que igual no nos lo habían dicho, pero que ya nos llamarían. Pero no. Fue la gota que colmó el vaso. La excusa de que yo no había grabado ese disco era ridícula porque veníamos tocando esas canciones en directo hacía años. Solo habíamos hecho dos conciertos en dos años y ahora que llegaba una gira lucrativa no contaban conmigo. Pensé: no puedo vivir con las migajas que me quieran dar. Quiero hacer más cosas en la vida. Mi vida no puede depender de otra persona.
Que me fuera o me echaran da igual porque el mensaje que me enviaban en los últimos cuatro o cinco años era: ya no formas parte de esto, nos da igual lo que digas o pienses
Y usted rompe la baraja.
Que me fuera o me echaran da igual porque el mensaje que me enviaban en los últimos cuatro o cinco años era: ya no formas parte de esto, nos da igual lo que digas o pienses, no sales en las fotos, te informamos a última hora... Una degradación progresiva. Eso tiene una palabra, ¿no? Mobbing.
Cuando deja el grupo, ¿ya tenía algunas canciones compuestas?
Nada. Pensé que la música a nivel profesional había terminado para mí. Si no tocas en un grupo de éxito es casi imposible ganarte la vida. No te quieren en ningún lado con 51 años. Nunca me había sentido tan perdido. Me puse a escribir una historia de aventuras con unos gatos de protagonistas. Un día, mientras pasaba archivos al disco duro, cogí la guitarra, me sentí bien y pensé: ¿dónde coño vas con los gatos? Esa noche me picó el gusanillo. Me hice un porro, empecé a tocar y salieron los acordes de Bichos.
¿Cuándo afronta las letras y decide de qué va a tratar el disco?
Tenía que hablar de esta situación que me tenía loco perdido, pero pensé en llevarlo un poco más allá. Me interesaba que cualquiera pudiera entenderlo sin el contexto de Los Planetas. Sentí la urgencia de sacar esas cosas, pero vi la oportunidad de no quedarme en la anécdota. Tenía una determinación y una energía que no había sentido nunca. Al principio las letras hablaban más de mi caso concreto, pero poco a poco fueron cambiando.
En 100% seguro dice “Hay siempre a quien putear cuando algo sale mal”. ¿Tenía versos aún más explícitos?
En esa quise ser muy explícito. Habla de este personaje que entra en unas dinámicas de poder destructivo. Es un tipo de persona que siempre me llama la atención. Está por todas partes: entre amigos, familiares, vecinos…
El músico de verdad, de vocación, es buena gente y no quiere meterse en problemas. Y eso lo hace especialmente vulnerable a los halcones que manejan el cotarro
La tiranía es habitual en el mundo laboral, pero un grupo de música, donde la estructura es más difusa, puede ser más propenso a ella.
Hay otra cosa importante: el músico de verdad, de vocación, es buena gente y no quiere meterse en problemas. Y eso lo hace especialmente vulnerable a los halcones que manejan el cotarro. Maldición gitana habla de esto. ¿Qué debe pensar ese tirano cuando manipula, menosprecia y ataca a todo su entorno y nadie se queja? ¡Debe pensar que está haciendo brujería!
Pudo irse con la cabeza gacha, pero ha preferido exponer unas dinámicas que, dice, son más habituales de lo que parece en los grupos.
Y tras ese viacrucis, me siento increíblemente bien. Estar en Carolina Durante también ha sido sanador. Coincidimos con Los Planetas en el festival San San. Salieron a tocar ellos y no me apetecía verlos. Me metí en el camerino y de repente entraron Martín y Mario a preguntar qué tal estaba. Y me dieron un abrazo. Luego entraron Diego, Juan y Julen. Todos vinieron a arroparme. Es lo más bonito que he vivido en la música en todos estos años.
Sería la primera vez que coincidía con tu exgrupo. ¿Habló con J?
Sí. Estábamos camerino con camerino. Hablé primero con Miguel, luego con Florent y más tarde con J. Me dijo que quería hacer un disco, que me llamaría... A mí me entró la risa, pero estuve un rato confuso.
Volviendo en la furgo tras el concierto, había salido la crítica en El Mundo. Julen la leyó: “Ni Los Planetas ni Sen Senra: Carolina Durante arrasa en el San San”. Me dijo: “Banin, tranquilo, estás en el lado correcto de la historia”. En ese momento me desligué por completo de Los Planetas.
Cuando salga el disco, la reconciliación será aún más improbable.
Esa puerta se cerró y se selló con hormigón armado.