Entrevista
Shego: “Si el PP no nos llama para tocar por decir lo que pensamos, qué pena, es lo que hay”
“Te amarás a ti misma sobre todas las cosas. 'Me cago en Dios' estará en tu vocabulario de forma mandatoria. Santificarás 'La Fiesta'. La culpa siempre será de tu padre y de tu madre. No matarás (o sí). Te creerás invencible a pesar de que no te aguanta ni Dios. Robarás a las multinacionales y apoyarás el comercio local. Mentirás siempre que sea necesario. No querrás follar o solo querrás follar y te querrás ir. Dirás que no lo volverás hacer (pero lo harás otra vez)”. Esos son los diez mandamientos de Shego, un grupo de punk-pop que encarna con rebeldía el sentir de las jóvenes generaciones.
Compuesta por Raquel Cerro y Charlotte Augusteijn desde sus inicios en 2021, e incorporando más recientemente a Irenegarry y Elena Sabio, esta banda femenina se ha convertido en una de las voces más importantes del panorama musical nacional. Lo ha hecho, además, con la convicción de que no es necesario —ni se debe— moldear el discurso para agradar a todos los públicos. Shego utiliza sus letras para poner de manifiesto la incomodidad, llenando sus canciones de desahogo, rabia contenida e incluso violencia, de todas esas introspecciones que no cualquiera se atreve a expresar en voz alta.
El resultado de la nueva unión forjada por las cuatro ha sido un excelente EP que nace de la “pura desesperación”. Titulado Miau, el proyecto aborda la ruptura de la amistad a través del dolor, el rencor y la dulzura. “A veces duele más este tipo de ruptura que cuando cortas con tu pareja, porque al amigo crees que lo tendrás toda la vida”, reflexionan en la redacción de elDiario.es, donde aprovechan el lanzamiento de Amiamiga, Mala suerte y Casi no vivo para contarlo, los tres temas del EP, para conversar acerca de la paridad en la industria, la relevancia de los discursos reivindicativos o la imaginería cristiana como tendencia.
¿Cómo nacen los mandamientos de Shego?
Charlotte Augusteijn: Nos dimos cuenta de que hablábamos todo el rato de Dios en las canciones.
Raquel Cerro: Surgió de coña. Nos apetecía disfrazarnos, vestirnos de monja de rojo. Es divertido decirle a la gente: “Esto es lo que tienes que pensar porque lo digo yo y soy Jesucristo”. Y luego ya que cada uno diga lo que quiera.
¿Qué supone la tendencia de las canciones a contener imaginería religiosa?
RC: Nos tenemos que relajar con las iglesias, con Dios y con su puta madre.
Irenegarry: Esto habla mucho de la forma en que se consume y se produce a día de hoy, que sale una cosa y todo el mundo se empieza a relacionar con eso. Es bastante curioso porque me puedo creer que a tres personas les interese Dios, pero es que hace diez años a nadie le interesaba Dios o no lo decían tanto.
RC: A mí me genera peligro y me aburre. Me da un poco de palo pensar que gente tan importante a nivel social y cultural en este país está poniendo el foco en eso. Que cada uno puede ser creyente y me parece estupendo, si quieres ir el domingo a misa no te voy a decir absolutamente nada. Pero sí que me da palo pensar: “¡Hostia puta! ¿Y si de repente todo torna a esto?” Sobre todo porque estás perdiendo espacio para hablar de otras cosas. Tienes que ser reflexiva, pero luego chillar y volverte loca.
CA: Y esto no es beef a Rosalía, la amamos. Queremos ser su amiga.
I: También existe esta cosa del mainstream, y llegar al mainstream pasa muchas veces por poder aunar cuantas más cosas mejor y cuanta más gente diferente mejor. Esta estética religiosa, porque ni siquiera es contenido superreligioso, te hace tener a las modernas a las que les gusta un rosario y a las chavalas de derecho que están en Hakuna. Tienes una cosa que es capaz de conectar con mucha gente y ahí está lo que me chirría, ya que también está bien arriesgarse y ser nicho en ese sentido. Apostar por algo y saber que hay gente a la que no le va a entrar lo que estás diciendo.
Las posiciones de poder tienen que cambiar. Tiene que haber más promotoras mujeres, más bookers mujeres, más directoras de arte y de discográficas mujeres
No es fácil hacerse notar en una industria muy masculinizada. ¿Supone un reto todavía mayor sacar adelante una banda así?
I: No lo sabemos porque no hemos vivido lo contrario. Tener un proyecto musical independiente, puesto que nosotras no estamos con una gran major ni tenemos una megainversión detrás, siempre es difícil porque no contar con un backup de 1 millón de euros para cualquier cosa lo complica todo. Hace que las cosas tengan que crecer poco a poco, con cariño y con esfuerzo. Aunque no sé si tanto por un hándicap de género, ya que el proyecto ha nacido en un momento en el que, gracias a Dios, ya estaban pasando muchas cosas que nos han allanado muchísimo el camino.
De hecho, que a nosotras se nos haya ocurrido tener un grupo para dedicarnos a la música también tiene que ver con verlo cerca relativamente, habrá muchos grupos de chicos a los que no les haya ido tan bien como a Shego. Es más una cuestión de trabajo, suerte, entender el momento y tener talento.
¿Cómo notan el tema de la paridad en la industria?
RC: Tratamos de no pensarlo demasiado para no quemarnos ni disgustarnos. Confiamos en que el trabajo bien hecho, la suerte y tener un buen equipo, que ya son muchas cosas, nos acabará situando donde queremos estar. De todas maneras, y también veo que es una preocupación de repente, ahora hay festivales solo de chicas y me toca las narices lo mismo. Siento que no cambia nada la situación.
I: Si te pones a pensar en quiénes son los propietarios de los festis, quién se lleva la pasta, sigue siendo la misma gente. Ese es el punto. Me da igual si me lo marketeas de manera feminista. Si el cambio no es mucho más profundo, el cartel en sí da lo mismo.
RC: Las posiciones de poder tienen que cambiar. Tiene que haber más promotoras mujeres, más bookers mujeres, más directoras de arte y de discográficas mujeres... Pero no por capricho, sino porque sería lo normal realmente.
¿Les da miedo que su discurso reivindicativo les cierre puertas?
Elena Sabio: Si se tiene que cerrar una puerta, que se cierre.
I: A mí me parece bien ir con la verdad por delante. Hay sitios donde no nos quieren y donde nosotras tampoco queremos estar.
RC: En realidad, lo importante es que la gente que nos escuche y que venga a los conciertos comprándose una entrada esté de acuerdo con lo que decimos y esté cómoda. Si se cierra la puerta de un festival por decir lo que estamos diciendo, que no es ninguna barbaridad, no pasa nada.
I: O si no nos llama el PP para tocar, pues qué pena, es lo que hay.
¿Las salidas y reconfiguraciones en un grupo aportan frescura, o hay algo que se rompe?
RC: Es superdivertido poder empezar de cero, aunque no sea de cero exactamente, así que es un reto.
CA: No es aprovecharlo en el mal sentido, sino en el bueno. Cada vez que entra alguien nuevo, aprendes cosas de otras personas y también de ti misma, reaccionas a diferentes personalidades. Eso también forma parte de nuestro crecimiento, al fin y al cabo.
I: El equilibrio y el engranaje de un grupo es muy delicado. De hecho, no hace falta que entre o salga alguien para que algo cambie. Puedes estar en un grupo un montón de tiempo, pasar por un mal momento y que tu grupo lo note. Este equilibrio es delicado, pero los cambios traen descubrimiento, y eso es muy guay.
Estas separaciones cada vez son más frecuentes. ¿A qué se debe?
ES: Ha pasado siempre. Esto al final es un trabajo y te preguntas: “¿Este es mi trabajo para toda la vida?”. A lo mejor quieres cambiar de aire y dedicarte a la agricultura, nunca se sabe. Tampoco es cuestión de estar aquí, esclavo, para toda la vida, si es algo que no quieres o no sientes.
I: Muchos grupos que nos gustan son grupos que han tenido cuatro o cinco formaciones y que han cambiado su sonido de acuerdo con esas formaciones. Quizá esto es algo que fuera de España se vive con más naturalidad que en España, porque de alguna manera aquí nos personalizamos mucho en la gente. Necesitamos ver las caras visibles de la gente y depositamos mucho sobre esas figuras. Fuera de España el tejido es más amplio: la gente es fan, pero de una forma más fluida, con una apertura mayor a que las cosas cambien. Y también, y no digo que sea un efecto llamada, puede que si estás en un grupo y de pronto ves que irte es una opción, pues te pires.
¿Sienten que con su discurso van en contra de lo que la sociedad puede esperar de un grupo femenino?
RC: Me cuesta pensar en qué es lo que se espera de una mujer. Hay tanta información, tantas cosas terribles que están pasando... Pero luego hay gente que sigue resistiendo, gente superjoven que tiene un discurso tan claro y tan potente. Supongo que habrá gente a la que le moleste un montón las personas que somos.
En Curso avanzado de perra cantan “Quiero enseñarte lo que espera todo el mundo de ti / Ir al contrario para hacerles un poquito sufrir”.
RC: La idea en realidad era hacer una canción para mi sobrina recién nacida, como una especie de nana o cuento. Consistía en explicarle el mundo en el que se está metiendo, y caerá cuando la escuche con 15 años. Sabe que la canción es para ella y sale la risilla suya al final.
En esa canción también cantan “Hoy me he levantado y he elegido violencia”. ¿Es importante la violencia?
RC: Irene y yo acabamos de apuntarnos a boxeo, así que, a partir de ahora, mucho más violentas.
CA: No sé si violencia, pero agresividad sí que se necesita un poco.
I: Es inevitable y ni siquiera hay que premeditarlo demasiado si algo te genera violencia o si sientes que la estás sufriendo. La respuesta que articules a esa violencia puede ser muy poco física, pero es interesante relacionarse con la violencia porque es algo que está ahí y que no puedes evitar.
RC: A veces hay que estar cabreada. Es importante y salen cosas preciosas de estarlo.
¿Es difícil vivir de la música, incluso para un grupo como Shego?
ES: Depende de cuánto estés dispuesto a vender tu alma.
RC: Lo más complicado es mantenerse independiente y poder vivir de lo que te gusta. Cuando los proyectos crecen, tienes un tipo de atención por parte de la industria por el que se te hace muy goloso decir sí a ciertas cosas. Pero esas cosas te traen compromisos que en realidad no quieres. Hoy está ligado muchísimo a la idea del influencer, de la publicidad, y nosotras no estamos tan interesadas en ser ese perfil. Depende de a lo que estés dispuesto a hacer como músico.
CA: Estar en la ola y surfearla es complicado. A veces estás arriba y otras abajo. Tienes que gestionar el dinero, gestionar mentalmente la atención que te dan y la que te quitan... Tienes que prepararte psicológicamente para toda esta montaña rusa y para saber que tu trabajo nunca va a ser estable. Psicológicamente hablando, tienes que prepararte mentalmente para toda esta montaña rusa.