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Pérez Reverte: “En este mundo todos somos culpables de todo”

EFE

Valladolid —

El periodista y escritor Arturo Pérez Reverte ha asistido hoy en Valladolid al estreno de “El pintor de batallas”, la adaptación al teatro que ha hecho Antonio Álamo de su novela homónima, en la que expone su mirada sobre el mal en un mundo donde “no hay inocentes”, pues “todos somos culpables de todo”.

Dos horas antes de que se levantara el telón del Teatro Calderón para ver sobre el escenario a los dos protagonistas de la obra -Jordi Rebellón y Alberto Jiménez-, el novelista ha compartido sus impresiones en una rueda de prensa donde ha desvelado que no ha leído “ni una sola línea” del texto que hoy se va a escenificar.

“No quería interferir en la obra ni meter presión”, ha asegurado el escritor, quien ha reconocido que en la mayoría de las ocasiones los autores “no tienen nada que aportar, salvo molestar”.

Con la locuacidad que le caracteriza, ha subrayado que dio “total libertad” al director de escena para hacer con la obra “lo que quisiese”, ya que pretender que una obra no se le escape de las manos a un escritor es una auténtica “estupidez”, ya que cada lector “personaliza la obra y la hace suya”.

Sobre la obra, Pérez Reverte ha reconocido que tiene un “especial apego” por ella, ya que probablemente sea uno de los libros donde la propia figura del autor está más presente: “no soy el protagonista, pero el protagonista vive gracias a mi mirada”.

Es una mirada marcada por la convivencia durante veintiún años con el mal, tiempo en el que un joven reportero de guerra acudía allá donde el mal “no tenía límites”, que vio con sus propios ojos y que le ha conferido la oportunidad o casi “necesidad” de hablar sobre él, pues “yo también he sido malo”.

Es una obra que trata de manera especial algo “muy intrínseco” al ser humano como es la “violencia y el mal”, pues “todo se repite desde Troya”, lo que “ayer era Sarajevo hoy es Alepo”.

Cuando regresó de cubrir las miserias de la guerra, los fantasmas del campo de batalla le “aterraban” a diario y encontró en la literatura el único reducto con el que “ordenar su mundo”, donde encontrar unos “pocos códigos” que “escribir con mayúsculas”, como “el honor, la amistad o el respeto”, ha admitido.

Son unos códigos muy presentes en todas sus obras, pero de manera muy especial en este “Pintor de batallas” que se representa hoy, el 8 y 9 de octubre en el Teatro Calderón de Valladolid.

A sus 65 años, el escritor confiesa que no escribe por dinero, sino por “necesidad y gusto”, y antes de despedirse ha dejado una reflexión final: “no somos peores por ser malvados, pues está en nuestra naturaleza; los seres humanos somos al mismo tiempo verdugos y víctimas de nuestra propia especie, y eso es algo que jamás podremos cambiar”.