Cientos de menores migrantes siguen por las calles del Príncipe sin acogida: “Están durmiendo a la intemperie”
Sobre el capó de un coche aparcado delante de la iglesia católica de la barriada del Príncipe, en Ceuta, el pequeño Mohamed de 14 años escribe en un trozo de papel rectangular los nombres y edades de él y los dos amigos que le acompañan, Hicham y Fahmi. Se conocieron en Ceuta, tras cruzar desde la vecina localidad marroquí de Castillejos el pasado jueves, el día en el que entraron en la ciudad autónoma decenas de miles de migrantes. Ahora comparten también la esperanza de que ese registro extraoficial que lleva la asociación de vecinos del barrio pueda servir para que las autoridades locales —quienes tienen las competencias en materia de acogida de menores migrantes no acompañados— les ofrezcan algo de sustento y un lugar seguro donde dormir.
Así lo expresa en declaraciones a elDiario.es el presidente del colectivo vecinal, Ahmed Enfed-dal, que espera que los alrededor de 3.100 menores de edad que han anotado desde el martes (no es un documento oficial que garantice que todos los registrados sean menores) sean debidamente atendidos “de acuerdo con la normativa internacional”.
Tienen que atender en condiciones. No vale que abran una nave y los hacinen sin nada. Tiene que ser una acogida con todas las garantías. Queremos que se respeten sus derechos”
“Solo ayer apuntamos a 2.672 y hoy llevaremos unos 500”, detalla el representante civil, que en todo caso explica que solo están pidiendo documentación “a los que dicen tener 17”. Aunque la mayoría no dispone de ella, señala.
Uno de ellos es Fahmi, el nuevo amigo del pequeño Mohamed. Se conocieron en la misma barriada del Príncipe horas después de conseguir cruzar bordeando el espigón del Tarajal. El más joven, de 14 años, es de Tetuán; su colega, ya al borde de la mayoría de edad, de Sidi Kacem, cerca de la capital, Rabat, y de Kenitra. Aun con orígenes distintos relatan una situación similar: “Nuestras familias no se podían hacer cargo de nosotros. No les llega”, cuenta Fahmi, mientras Mohamed asiente, añadiendo después que él, siendo hijo único, tiene “padres jóvenes y sin empleo”.
Ceuta atiende a fecha de este miércoles a un total de 1.017 menores extranjeros no acompañados, según han informado las autoridades de la ciudad autónoma. “La evolución registrada en las últimas semanas pone de manifiesto la magnitud de esta situación. El pasado 15 de julio la ciudad atendía a 213 menores, cifra que ascendió a 718 el día 28 de julio y que alcanza hoy los 1.017 menores”, ha señalado el Gobierno local en un comunicado. “Del total de menores atendidos, aproximadamente 750 ya habían accedido a Ceuta con anterioridad a las jornadas críticas del 30 y 31 de julio, lo que evidencia que el reciente incremento se produce sobre una situación que ya había desbordado ampliamente la capacidad ordinaria del sistema de acogida”.
En la jornada y media que la Asociación de Vecinos lleva apuntando a los jóvenes, sus representantes han escuchado todo tipo de relatos. “Me cuesta mucho hablar de esto, me pongo a llorar”, dice notablemente afectado el presidente del colectivo, Ahmed Enfed-dal, que consigue con cierta dificultad esbozar la historia de una de las muchas jóvenes que han decidido cruzar a Ceuta huyendo de situaciones familiares complicadas: “Una chiquilla nos contó que su padre es alcohólico, su madre padece una enfermedad mental y que la llevaron a una casa de una señora para servirle y vivir allí con ella, pero la maltrataban y por eso huyó a Ceuta”.
Tras llegar a la localidad, la mayoría de estos jóvenes de los que habla Enfed-dal han tenido que dormir en la calle y buscar comida en un contexto de cierre total de los negocios locales. “Están durmiendo a la intemperie, salvo algunos a los que les han podido ofrecer casa los vecinos, al menos un patio o un pequeño espacio donde estar”, agrega el representante vecinal. La propia asociación está intentando repartir alimentos, igual que el colectivo Luna Blanca, que en la tarde del miércoles ha habilitado una carpa con víveres en la barriada de Sidi Embarek.
Mientras tanto, la ciudad autónoma atiende, según explicó ayer el portavoz del Gobierno, Alejandro Ramírez, a unos 1.000 menores. Lo hace con sus capacidades completamente sobrepasadas, pues solo cuenta con 29 plazas para los jóvenes. Con los centros llenos, el Ejecutivo local pretende habilitar de manera inmediata dos nuevas instalaciones, una en Loma Margarita y otra en el entorno portuario.
Por su parte, el Ministerio de Infancia —cuya titular, Sira Rego, visitará Ceuta el viernes para coordinar la acogida de niños y adolescentes— anunció este martes la adaptación y apertura de dos colegios de la localidad para ubicar allí a parte de los chavales. Sin embargo, para Enfed-dal, los recursos aún resultan insuficientes. “En esos colegios pueden caber 150 personas”, estima él, insistiendo en la responsabilidad de la ciudad autónoma: “Tienen que atender en condiciones. No vale que abran una nave y los hacinen sin nada. Tiene que ser una acogida con todas las garantías. Queremos que se respeten sus derechos”, zanja el presidente del colectivo vecinal.
Una chiquilla nos contó que su padre es alcohólico, su madre padece una enfermedad mental y que la llevaron a una casa de una señora para servirle y vivir allí con ella, pero la maltrataban y por eso huyó a Ceuta
Con él coinciden las organizaciones humanitarias. Varias entidades de infancia y derechos humanos han trasladado al Gobierno su preocupación por la situación de los niños y adolescentes llegados a Ceuta desde Marruecos y han reclamado que todas las decisiones que les afecten se adopten atendiendo a su interés superior. En una carta dirigida a varios miembros del Ejecutivo y al delegado del Gobierno en Ceuta, piden garantizar su identificación, alojamiento seguro, alimentación y atención sanitaria, además de una evaluación individual de las circunstancias de cada menor para detectar posibles situaciones de vulnerabilidad.
Las organizaciones recuerdan que la protección debe garantizarse con independencia de la nacionalidad, la situación administrativa o la forma de entrada en España, y reclaman que se respete la presunción de minoría de edad cuando existan dudas. También advierten de que no pueden realizarse repatriaciones automáticas y que cualquier retorno debe contar con las garantías legales, incluida la escucha del menor, la asistencia jurídica y la valoración de sus circunstancias personales y familiares. En el caso de quienes soliciten protección internacional, subrayan que deben poder acceder al procedimiento de asilo y no ser repatriados mientras su situación no haya sido evaluada.
Ante la magnitud de la llegada de menores, las entidades reclaman habilitar todos los espacios necesarios y reforzar la coordinación entre administraciones, incluida la cooperación entre comunidades autónomas para facilitar traslados. También muestran especial preocupación por quienes continúan en las inmediaciones del CETI y en las playas, donde podría haber menores todavía sin identificar y otras personas especialmente vulnerables, y piden que reciban de inmediato agua, alimentos, asistencia sanitaria y protección.
Las organizaciones, entre las que se encuentran Save the Children, Fundación Raíces, Plataforma de Infancia y Asociación Elín, también trasladan sus condolencias por las más de 140 personas fallecidas durante la crisis —sumando los cuerpos aparecidos en aguas españolas y marroquíes— y recuerdan que la protección de la infancia no puede quedar condicionada por el contexto migratorio.