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Lo que hay que celebrar

Estos días atrás hemos visto numerosos actos programados por el Ministerio de Defensa con motivo del día de la Fiesta Nacional, del día de la Hispanidad. Llevamos semanas escuchando, por parte de Rajoy y sus secuaces, un relato grandilocuente sobre España que roza los límites de la ficción. En un contexto muy marcado por los resultados de las recientes elecciones catalanas, el Partido Popular ha optado por duplicar los actos celebrados este día con respecto a otros años, y por el discurso de la unidad y de la recuperación económica tirándose unas flores.

Llevamos semanas escuchando ese discurso que va más allá de la ficción. Por un lado, sobre el discurso de la unidad, es innegable que en Catalunya hay muchísima gente que, en unas elecciones autonómicas y no en un plebiscito, ha optado por dar su voto a partidos independentistas (o a Convergència, su independentismo sobrevenido y su alianza, inimaginable hace unos años, con Esquerra Republicana, en Junts pelSí). Esta situación es, en parte, provocada por las políticas de austeridad aplicadas por parte del gobierno del Partido Popular y su obediencia ciega a la Troika, y sí, tienen derecho a decidir sobre su futuro. En esto se basa la democracia, en poder elegir, en poder votar, en poder decidir.

Por otro lado tenemos el discurso de la gran recuperación. Se les llena la boca hablando de los avances económicos gracias a su gestión. Su gestión. Sí, esa gestión que, según los últimos datos, nos deja un módico 49,6% de paro en menores de 25 años y con un 91,5% de los empleos creados temporales, es decir, precarios. Pero esto no es sólo cosa del PP, no. La anterior gestión del PSOE también contribuyó a que aumentara el paro y a precarizar el empleo apostando por la contratación temporal. Que parece que a muchos de los integrantes del PSOE se les ha olvidado que ellos también votaron a favor de la reforma del artículo 135 de la Constitución sin previa consulta a la ciudadanía y que ellos también recortaron en derechos sociales cuando aprobaron su propia reforma laboral en el 2010. Es a causa de la gestión de estos dos partidos que cientos de familias han sido desahuciadas, 77.000 estudiantes han tenido que dejar la universidad , miles y miles de jóvenes (y no tan jóvenes) han tenido que irse fuera del país para intentar construirse un proyecto de vida, que los casos de corrupción se suceden unos detrás de otro, que se ha aprobado una Ley Mordaza que nos priva de los derechos más básicos en los que se sustenta la democracia, y ha habido un intento de retirarnos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, entre otras muchas cosas.

Esta es su gestión. De esta gestión están orgullosos, y así lo ha dicho el Ministro del Interior, Fernández Díaz, hablando de la Fiesta Nacional, del día de la Hispanidad: “día para todos y de todos, un día de orgullo colectivo en el que podemos y tenemos que presumir del gran país en que vivimos y de la gran sociedad que somos”. Está claro. No viven en el mismo país que la mayoría de los mortales.

Sin embargo, el ministro que se reúne con Rodrigo Rato porque este último, que ha estafado a miles de personas, se siente acosado por Twitter en vez de hacer campañas contra la violencia machista que no culpabilicen a las mujeres maltratadas como la última de “Si hay salida a la violencia de género es gracias a ti. Únete.”, tiene algo de razón. Somos una gran sociedad. Somos una sociedad que, contra todo pronóstico debido a las políticas de austeridad que llevamos sufriendo años y años, es capaz de “defender la alegría como una trinchera”, como escribió Benedetti, es capaz de ponerse a sí misma en el centro y levantarse unas horas antes de ir a trabajar para ir a parar un desahucio en el barrio. Somos una sociedad que se ha organizado en mareas para defender la educación, la sanidad y los servicios públicos. Somos una sociedad que cuenta con equipos de bomberos que se han negado a desahuciar a familias.

Además, somos una sociedad en la que las mujeres somos quienes cargamos con la mayor parte de la crisis ya que la mayoría de los contratos temporales y a tiempo parcial, así como los despidos, tienen nuestros nombres; es decir, la precariedad tiene rostro de mujer. Y a pesar de ello, las mujeres nos levantamos cada dia, llevamos a cabo el trabajo invisible de los cuidados y no desistimos en la búsqueda de un empleo que nos permita vivir un poco más dignamente.

Y por si fuera poco, somos una sociedad que ha conseguido tirar abajo la ley más retrógrada, la ley del aborto, y que ha conseguido que al Partido Popular le dé vergüenza volver a incluirla en su programa electoral; somos una sociedad que cuenta con miles de personas que, aún viéndose obligadas a haber tenido que abandonar sus casas y su gente para poder comer, se ha organizado fuera y saca fuerzas de flaqueza para denunciar su situación desde todas partes en la Marea Granate. Somos una sociedad que va a años luz de sus representantes y que ha conseguido arrebatarle al PP el Ayuntamiento de Madrid y a Convergència el Ayuntamiento de Barcelona, entre muchos otros.

Eso es lo que hay que celebrar. Hay que celebrar que seguimos aquí, que seguimos organizando la rabia y defendiendo la alegría. Frente a unos gobiernos que han saqueado las arcas públicas, expulsado a sus jóvenes, desahuciado a sus familias y maltratado a sus gentes reforma laboral tras reforma laboral, mucha gente sentimos un profundo orgullo de la ciudadanía por haber demostrado y por demostrar día a día que en común, y a pesar de las trabas que nos ponen constantemente a golpe de reformas y recortes, es posible luchar para tratar de construir vidas que merezcan ser vividas.

Así que sí, el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, tiene razón en una cosa: somos una gran sociedad, pero, desde luego, no es gracias a él, ni gracias a nadie del Partido Popular o el Partido Socialista Obrero Español, sino gracias a la voluntad de miles y miles de personas que se levantan cada día con ganas de vivir y de defender a la gente y la dignidad.

Estos días atrás hemos visto numerosos actos programados por el Ministerio de Defensa con motivo del día de la Fiesta Nacional, del día de la Hispanidad. Llevamos semanas escuchando, por parte de Rajoy y sus secuaces, un relato grandilocuente sobre España que roza los límites de la ficción. En un contexto muy marcado por los resultados de las recientes elecciones catalanas, el Partido Popular ha optado por duplicar los actos celebrados este día con respecto a otros años, y por el discurso de la unidad y de la recuperación económica tirándose unas flores.

Llevamos semanas escuchando ese discurso que va más allá de la ficción. Por un lado, sobre el discurso de la unidad, es innegable que en Catalunya hay muchísima gente que, en unas elecciones autonómicas y no en un plebiscito, ha optado por dar su voto a partidos independentistas (o a Convergència, su independentismo sobrevenido y su alianza, inimaginable hace unos años, con Esquerra Republicana, en Junts pelSí). Esta situación es, en parte, provocada por las políticas de austeridad aplicadas por parte del gobierno del Partido Popular y su obediencia ciega a la Troika, y sí, tienen derecho a decidir sobre su futuro. En esto se basa la democracia, en poder elegir, en poder votar, en poder decidir.