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Por qué es bueno que España atraiga población: ni la economía crece “al peso” ni el PIB per cápita se estanca

La confirmación por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que España será en 2026, por tercer año consecutivo, la economía avanzada que más crezca, por encima de Estados Unidos, lanzó a los economistas más críticos con el Gobierno y aquellos que se denominan neoliberales a buscar la otra cara de esa buena noticia. Si bien el producto interior bruto (PIB) de España crecerá entre el 2,5 y el 2,6%, según todos los observadores, el incremento de la población –por tanto, la migración– difumina ese avance en términos per cápita. Dos por uno en argumentación para la derecha: ni el crecimiento del que hace gala el Gobierno de coalición es tan bueno y, además, los intensos flujos migratorios solo sirven para inflarlo.

El economista Daniel Lacalle, el antiguo gurú de Pablo Casado en el PP que preconizó un paro del 35% tras la pandemia y que ahora es fan del argentino Javier Milei –esta semana fue su presentador en su fugaz visita a Madrid–, trató de desmontar la buena noticia de la revisión del FMI a través de un mensaje en la red social X (antes Twitter): “¿Podría usted leerse el informe que cita?”, dijo, en respuesta a un tuit del presidente Pedro Sánchez. Para el neoliberal, el FMI “certifica el fracaso de dopar el PIB con inmigración y gasto público” y adjuntaba unas capturas del documento que, a su juicio, muestran un “PIB per cápita estancado”, “igual que la media de una eurozona estancada y peor que Italia” y, según la previsión, “por debajo de la media de la eurozona en 2027”.

En realidad, las previsiones de la evolución del PIB per cápita –una métrica que surge de la división del total de la economía entre el total de la población– a lo que apuntan es a un crecimiento sólido para los dos próximos ejercicios (1,5% y 0,8%, respectivamente) y la propia tabla que adjunta Lacalle desmonta su argumento.

Entre 2008 y 2017, el PIB per cápita español avanzó de media un 0,1% al año. Entre 2018 y 2027, la proyección es que lo haga un 1% en promedio anual. Diez veces más que en el periodo anterior y muy por encima de Alemania (0,4%), Francia (0,7%), Japón (0,8%), Reino Unido (0,5%) o Canadá (0,6%).

Una imposibilidad matemática

El de Lacalle es el mismo discurso que este viernes utilizaba el nuevo gurú económico de Feijóo, Alberto Nadal, que en una entrevista en La Tribuna de Toledo insistía en que el PIB crece porque “porque entra medio millón de personas todos los años y esas personas trabajan en algo, consumen y hacen la economía más grande”. “Crece la cifra global, pero no crece la economía de cada español”, dice.

El relato que busca aquilatar la idea de que España crece “al peso” o solo mediante la incorporación de población, tras años de flujos migratorios impresionantes, se desmonta en cuanto se revisan los datos. “Es factualmente y matemáticamente incompatible argumentar que el crecimiento es extensivo, como si simplemente estuviéramos incrementando el tamaño de la economía con personas”, apunta el economista Luis Gómez. Esto es así, porque la propia fórmula aritmética arrojaría un recorte del PIB per cápita si solo aumentara la economía por el avance de la población.

El investigador, que durante años trabajó en la Oficina Económica de La Moncloa, propone el “experimento” de plantearse qué habría pasado si en plena Gran Recesión se hubiera sumado a dos millones de personas en la economía española. “Meter un millón de migrantes en una economía que está en desplome no aumenta su tamaño ni ejerce de motor económico. No se puede decir que la economía crece porque hay migrantes, la economía avanza y eso atrae migrantes, lo que aumenta la potencia del crecimiento”, señala.

Para el director de Coyuntura de Funcas, Raymond Torres, la simple incorporación de gente tampoco es suficiente para espolear el crecimiento, sino que “hace falta que los sectores que reciben esa población sean competitivos, que estén en condiciones de contratar y se vean favorecidos por un incremento de la demanda agregada”. “La historia del crecimiento económico español es una combinación de una situación del sector privado favorable y de recibir suficiente población activa para poder aprovechar esa situación competitiva y financiera favorable”, subraya.

De acuerdo con los cálculos de Funcas, el aumento de población per se ha supuesto un 47% del crecimiento del PIB acumulado entre 2022 y 2025, lo que ha permitido la expansión de sectores como la construcción, el turismo o los servicios que sencillamente no podrían haberlo hecho sin el incremento de la mano de obra, fundamentalmente migrante.

En la última actualización de las previsiones del centro de estudios de las cajas de ahorro, hace apenas una semana, Funcas advirtió que uno de los escenarios que más amenazaba al crecimiento de la economía española –“muy dependiente de la incorporación de mano de obra”–, era precisamente una ralentización en la llegada de población hasta 2030.

“Si, por ejemplo, la población activa volviera a crecer al mismo ritmo que en el periodo 2015-2019, es decir, un 0,4% anual (la mitad que en el escenario central), el avance del PIB sería menor, lo cual también agravaría la senda presupuestaria. Concretamente en este escenario de demografía desfavorable, el crecimiento de la economía descendería hasta el 1,5%, y la deuda pública seguiría una pendiente ascendente hasta alcanzar el 97,8% del PIB en 2030”, recoge el informe.

Ahora bien, ni siquiera este avance del PIB espoleado por la población es algo nuevo. Un estudio del Banco de España publicado a finales del año pasado cifraba que la contribución del aumento de la población extranjera al crecimiento del PIB per cápita había sido, en los últimos años, “simular, en términos relativos, a la estimada en otras fases previas” pero con el aliciente de que ahora la “asimilación” de la población extranjera, la formación y su distribución por sectores es mejor que en otros periodos.

En concreto, el Banco de España apuntaba que si el PIB per cápita había avanzado de media un 2,9% entre 2022 y 2024, entre 0,4 y 0,7 puntos se debían a la aportación de la población extranjera. Como se ve en el gráfico bajo estas líneas, la contribución nacional es superior y solo ha restado –como en el caso de la extranjera– durante los años de la Gran Recesión.

Una medida de bienestar incompleta

Pero, ¿por qué esa obsesión por el PIB per cápita de algunos sectores? Entre otras, para tratar de explicar esa ‘brecha’ que existe entre los buenos datos de la macroeconomía y los menos buenos datos de la microeconomía, del día a día de quien va a hacer la compra al supermercado. El PIB per cápita muestra, según esta interpretación, que esa riqueza no se está trasladando al mismo ritmo a cada uno de los españoles. A pesar de que todos los indicadores muestren lo contrario.

“Lo que se ve ahora mismo es que el PIB ha crecido el 12% desde 2019 y el PIB per cápita alrededor de un 6%”, explica el economista jefe para España de BBVA Research, Miguel Cardoso. Para Cardoso, esto es un indicador de que el avance de los últimos años se ha basado en un aumento del empleo, pero no tanto en materia de productividad ni de la inversión, otro de los componentes fundamentales para el futuro de la economía. “Básicamente, lo que hemos hecho es contratar más gente y el resultado de eso, por diversos motivos, es que la productividad se ha estancado, quizá porque estamos creciendo más en sectores de baja productividad. O quizá por un efecto composición de las personas que llegan”, apunta.

Pero el economista Gómez sostiene que, más allá del aporte que implica a la economía la migración –mano de obra, más consumo, inversión…–, el hecho de que el PIB per cápita de la economía española siga creciendo ‘a pesar’ del incremento poblacional tiene mucho que ver con un incipiente cambio de modelo productivo.

“El ‘reinicio’ de la economía pospandemia se lleva a cabo con políticas que hacen que los nuevos motores del crecimiento estén más equilibrados y, junto con el desarrollo de las energías verdes, han creado los mimbres de un nuevo modelo mucho más orientado al valor añadido que, cuando se pone en marcha, genera un efecto de atracción de inmigración y se retroalimenta”, defiende.

Volviendo al tuit de Lacalle, que criticaba que Italia con menos crecimiento está teniendo un avance más destacado del PIB per cápita, eso solo se explica por una razón: lleva años perdiendo población. Una crisis demográfica que, a pesar de la mejora de sus ratios por persona, anticipa un grave problema económico.

Eso no sucede solo fuera de nuestras fronteras. “En las comunidades autónomas donde más está creciendo el PIB es donde menos crece per cápita, como la Comunidad Valenciana o Baleares, mientras que son aquellas regiones que no están logrando atraer inmigración, como Asturias, Galicia o Extremadura, donde más crece el PIB per cápita”, detalla Cardoso, de BBVA Research, algo que se puede comprobar en la siguiente tabla.

“Mi impresión es que hacia delante, va a ser al revés: en un entorno donde estemos perdiendo población, dudo que se vaya a considerar como algo positivo aunque el PIB per cápita crezca”, apunta el economista de BBVA Research.

Por eso el hecho de que España atraiga personas, a pesar de que eso pueda acelerar desequilibrios en mercados como el de la vivienda, es positivo y habla bien de la economía: “Es un buen síntoma, es un país en el que ven oportunidades. También se han duplicado las personas que estudian y trabajan a la vez porque ven posibilidades de progreso. Se están ofreciendo perspectivas de futuro a personas que en otros lugares del mundo no los tienen”, zanja Gómez.