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La gasolina se encarece un 12% en una semana tras el ataque a Irán, con las estaciones 'low cost' marcando las mayores subidas

Los precios de los carburantes en las estaciones de servicio y gasolineras españolas han subido en la última semana una media del 12%. Si un conductor tipo llenó su depósito con 50 litros de diésel el pasado viernes 27 de febrero, el ticket le salió por 72 euros. Siete días después, y una crisis geopolítica mediante, la factura supera los 80, en el que es el primer y más directo impacto de la operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán sobre el bolsillo de los ciudadanos.

Las cifras del mapa anterior provienen de los datos remitidos por más de 12.000 estaciones de servicio españolas al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que se actualizan cada media hora y que muestran cómo está reaccionando los precios a la escalada bélica.

Como se aprecia en el siguiente gráfico, la subida de precios de esta última semana ha sido la mayor desde el estallido de la guerra en Ucrania, en febrero de 2022. Es, de hecho, notablemente más pronunciada que tras la operación de Estados Unidos contra el programa nuclear iraní en junio de 2025, o durante el periodo alcista del verano de 2023, aunque los precios todavía están lejos de los que se registraban en esas fechas.

“El comportamiento observado es coherente con un shock geopolítico que afecta a un cuello de botella energético sistémico”, señala la directora de Análisis Económico y de Mercados de Afi. En este sentido, la experta aprecia similitudes con otros momentos de tensión en la zona, como tras la Operación Martillo de Medianoche, por la que el presidente Donald Trump atacó objetivos concretos del programa nuclear iraní el pasado verano, pero también diferencias relevantes.

“El mercado reacciona en clave estanflacionista, se tensionan las expectativas de inflación a corto plazo, se produce rotación sectorial hacia la energía y activos defensivos, y aumenta la demanda de coberturas en oro, franco suizo y dólar. Sin embargo, la diferencia fundamental en esta ocasión es cualitativa”. No se trata únicamente de un productor concreto —Irán representa alrededor del 3–4% de la producción mundial— sino del riesgo sobre Ormuz como nodo logístico global. Por ese estrecho transita una parte sustancial del comercio mundial de crudo, gas y petroquímicos. El problema no es solo oferta física, sino la vulnerabilidad del corredor marítimo“, indica la analista, que apunta hacia otro factor que amplía el impacto del shock: ”La inseguridad del tránsito y el aumento de primas de guerra“, que ”paralizan los flujos incluso sin destrucción de infraestructuras“.

Desde el sector, señalan que la subida de los últimos días era la esperada, desde que el sábado se conoció el inicio del conflicto. De hecho, desde ese mismo día el precio ha ido escalando céntimo a céntimo, hasta los 1,6 euros el litro de media, algo que se explica por el propio funcionamiento de este mercado, según explica Inés Cardenal, portavoz de la Asociación de la Industria de Combustible de España (AICE): “Los precios de los carburantes no dependen tanto del crudo como de las cotizaciones internacionales de los productos refinados, que cotizan en sus propios mercados, fluctúan en tiempo real y son los que marcan el precio en el surtidor”.

Con todo, como muestra la siguiente tabla, los incrementos en los precios del diésel entre el 27 de febrero y el 6 de marzo se han notado de forma desigual en las estaciones de servicio españolas. En casi la mitad, las subidas se han situado entre el 10 y el 15% y en casi el 30% se han superado los 15 puntos porcentuales de alza, llegando incluso a incrementos por encima del 25% en 670 puntos de repostaje.

Estación a estación, los precios han subido más en aquellas gasolineras 'low cost' y minoristas, con menor capacidad para amortiguar el impacto. Como muestra la siguiente visualización, estas son las que han experimentado mayores incrementos en términos porcentuales, aunque, en la mayoría de los casos, los precios siguen siendo más bajos que en las estaciones de los grandes distribuidores, como Repsol o Moeve.

“Desde la perspectiva empresarial, estamos analizando la situación. El escenario es volátil, así que no nos aventuramos a hacer ningún tipo de previsión y análisis”, indican fuentes de Moeve sobre la evolución de los precios en un mercado “complejo” y ante una situación incierta. Esta compañía forma parte de AICE, junto a Repsol, Galp, BP y Saras.

Los incrementos en las mayoristas se sitúan en torno al 10/11%, mientras otras compañías como Ballenoil, Plenergy y Petroprix superan el 20% en el pellizco al bolsillo de los conductores.

¿Subirán más los precios de la gasolina? En un escenario cambiante, por el momento, los analistas evitan dar una respuesta contundente, pero avanzan algunas hipótesis. “La variable decisiva es la duración. Mientras el conflicto mantenga intensidad y no haya señales claras de reapertura operativa de Ormuz, el sesgo sigue siendo alcista”, apunta Romero.

“En el corto plazo, el mercado puede estabilizarse si no hay escaladas adicionales, pero si la tensión se prolonga más allá de varias semanas y empieza a comprometer inventarios físicos, la prima de riesgo puede consolidarse. En ese escenario, el precio actual tendría recorrido al alza. La duración es clave también para determinar el impacto en la actividad económica. Igualmente, cuanto más dure, más se desacoplarán las expectativas de inflación, más afectará a otros productos y servicios de la cesta de la compra (menos volátiles) y, por consiguiente, más impacto tendrá en las decisiones de política monetaria, desarrolla la experta.

El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, avanzaba este viernes que considera “muy improbable” que el Banco Central Europeo opte por un cambio en los tipos de interés en su próxima reunión, prevista para el 19 de marzo, y coincidía en que el “impacto [de la escalada bélica en la economía mundial] dependerá de lo que se prolongue en el tiempo”.

En este escenario, a principios de esta semana, desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ponían ya sobre la mesa el llamado efecto 'cohete-pluma': los precios suben con rapidez ante un shock —como un cohete—, pero tardan en bajar —como una pluma— cuando pasa el impacto. Desde el sector apuntan que ese efecto es “una percepción que no se corresponde con la realidad de los datos”. “Como consumidor, siempre piensas que sube más rápido que baja, pero si analizar la evolución de las cotizaciones y los precios antes de impuestos en el surtidor, van a la par”, afirman.

Otras analistas independientes sí advierten de un decalaje en la traslación a precios. “El coste mayorista del crudo se traslada con rapidez cuando aumenta, pero los descensos pueden verse amortiguados por rigideces en márgenes comerciales, estructuras fiscales específicas sobre carburantes y menor intensidad competitiva en determinados mercados locales. En el contexto actual, además, la prima logística y de seguros no desaparece automáticamente aunque el Brent se estabilice. Por tanto, incluso si el precio internacional retrocede parcialmente, la transmisión a consumidor puede ser más lenta y asimétrica”, apunta la directora de Afi.

Una nota publicada por Funcas este viernes señala que todavía “es pronto para detectar el impacto de los movimientos de los mercados en la inflación”, aunque recuerda que “repostar combustible cuesta ya 10 céntimos más que la semana pasada, una variación todavía limitada” pero que no parece que vaya a revertirse en los próximos días.