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Los lazos empresariales entre España y Marruecos: 1.000 empresas estables y un comercio de 23.000 millones

La crisis migratoria que está sacudiendo Ceuta ha devuelto los vínculos bilaterales entre Madrid y Rabat al terreno de las arenas movedizas. La entrada de más de 70.000 personas por el paso fronterizo de El Tarajal en apenas 48 horas desbordó la capacidad de la ciudad autónoma y provocó una emergencia humanitaria, económica e institucional cuyas consecuencias todavía se prolongan. Pero, más allá de la tensión geopolítica internacional, con implicaciones veladas y directas hacia potencias como EEUU, Israel o Rusia que subyace tras este episodio, y del elevado voltaje institucional en el plano doméstico –con no pocas cargas demagógicas e ideológicas en las recámaras de los partidos españoles– irrumpe otra duda. Más vinculada al orden económico, aunque también de indudable trascendencia: esta crisis fronteriza, ¿amenaza las relaciones comerciales entre Marruecos y España?

La fractura inmediata se concentra en Ceuta. La Cámara de Comercio de Ceuta, presidida por Karim Bulaix, calcula pérdidas directas de más de 33 millones de euros en agosto, con caídas de ingresos del comercio del 53% y de la hostelería del 50,7%. La cancelación de las fiestas patronales y otros acontecimientos estivales eliminó ventas previstas, mientras el receso del turismo, la reaparición del miedo y la renovada incertidumbre obligaron a numerosas empresas a reorganizar turnos, reducir jornadas y aplazar contrataciones.

El Colegio de Economistas de Ceuta advierte que una prolongación de la crisis “puede provocar problemas de liquidez, frenar inversiones y destruir empleo en un marco productivo” dominado por pymes y autónomos y reclama ayudas a Madrid para preservar “la capacidad productiva y el empleo” y permitir el despegue de la confianza empresarial perdida.

España y Marruecos intercambiaron bienes por valor de 22.757 millones de euros en 2025. Las exportaciones españolas alcanzaron los 12.330 millones, frente a unas importaciones de 10.427 millones. Es decir, que España conserva un superávit de 1.903 millones, aunque con una tasa de cobertura –baremo que determina hasta qué punto las ventas al exterior pueden financiar las compras en una balanza comercial– en descenso, desde el 130,8% hasta el 118,3%.

Marruecos es, con creces, el principal mercado africano para España al concentrar el 55% de los envíos españoles al continente lo que otorga a Rabat un interés y empresarial de primer orden, y requiere estabilidad política y buena vecindad.

“La relación con Marruecos que tienen las empresas españolas es una relación importante”, afirmaba esta semana el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, quien comparaba las exportaciones con las ventas españolas a EEUU: poco más de 16.000 millones. “Nos da una idea de la importancia de la relación de nuestras empresas con la economía marroquí. De ahí la importancia de seguir desarrollando una política que permita fomentar cada vez más la presencia de productos y empresas españolas en un mercado importante”.

Integración cada vez más industrial

La bilateralidad con Marruecos trasciende del mero intercambio de mercancías. Automoción, textil, alimentación, energía, banca, transporte y logística conforman cadenas productivas que atraviesan el Estrecho en ambas direcciones. España vende combustibles, maquinaria, tejidos, material eléctrico y componentes. Marruecos, en cambio, aporta al mercado hispano cableado, confección, vehículos, piezas de automóvil, pescado y productos agrícolas.

La industria automotriz ejemplifica estos lazos bilaterales. El país vecino fabrica más de 700.000 vehículos al año y exporta el 90% de su producción, con España adquiriendo la quinta parte de sus exportaciones. Renault opera sus plantas marroquíes en conexión con sus centros españoles y proveedores como Gestamp, Antolín, CIE Automotive o Ficosa están inmersas en el ecosistema industrial de Tánger y Kenitra. Por proximidad geográfica, que confiere una ventaja competitiva difícil de sustituir, convienen en señalar los expertos. Los proveedores asiáticos pueden ofrecer menores costes y los alemanes una elevada capacidad tecnológica, pero ninguno puede replicar la distancia física, tiempos de entrega y conexión logística existente entre España y Marruecos.

Esa integración explica la cautela empresarial ante cualquier escalada. Las compañías necesitan estabilidad jurídica, fronteriza y diplomática para adoptar decisiones de inversión a largo plazo aducen voces como la de Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores. Pero, además, en este tejido productivo la interdependencia ha generado ya un poderoso incentivo para contener las crisis, porque deshacer unas cadenas de valor construidas durante dos décadas tendría unos costes cuantiosos para ambas economías. Bonet asegura en una tribuna en El Confidencial que Marruecos sería la peor parada en un deterioro prolongado de los vínculos bilaterales. Si bien la economía española sufriría la pérdida de un mercado relevante, aunque dispone de un tamaño, diversificación productiva y capacidad para reorientar mejor sus exportaciones.

Para Marruecos, España es simultáneamente su primer socio comercial, su cauce esencial con la UE y pieza central de varias de sus cadenas industriales. Además, esta pasarela empresarial ha contribuido a suturar algo su brecha socioeconómica, la mayor entre vecinos del planeta. Pese a que la herida sigue muy abierta. En 2025 el PIB por habitante de España alcanzó los 38.627 dólares, frente a 4.673 en Marruecos, una diferencia de 8,3 veces. Por si fuera poco, su política comercial está ligada a su estrategia de cooperación con Europa

Sin embargo, Rabat ha fortalecido al mismo tiempo sus lazos con EEUU, Israel y Rusia, países que podrían haber jugado un papel soterrado en esta crisis. A raíz del reconocimiento de la Casa Blanca de la soberanía alauí sobre el Sáhara Occidental. Carlota García Encina y Charles Powell, del Instituto Elcano, admiten que el binomio Washington-Rabat podría alterar el tradicional triángulo EEUU-España-Marruecos. Donald Trump –dicen– percibe a Mohamed VI como socio especialmente útil para proyectar sus intereses en el Mediterráneo y África. Con una dimensión militar de por medio. Rabat ha reforzado sus adquisiciones de material bélico made in USA y sus sinergias con Washington en el Sahel en materia de lucha antiterrorista o con las iniciativas de Trump en Gaza. Sin olvidar su capacidad para presionar a sus vecinos europeos.

Rusia juega un papel similar. La presencia activa –y soterrada– de Moscú en Sahel otorga a Rabat en bandeja una “estrategia de diversificación” de alianzas tras la retirada francesa y americana de buena parte de su región meridional. Mira Milosevich-Juaristi, del Instituto Elcano, dice que la táctica rusa es “oportunista, práctica e instrumental”. No persigue construir un orden regional coherente, pero sí aprovechar los vacíos de poder para debilitar la influencia occidental.

El tercer emergente epicentro geopolítico es Israel y el Acuerdo Abraham de 2020 que normaliza las relaciones de Rabat y Tel Aviv, con memorando de seguridad e inteligencia de por medio que abrió la puerta a transferencias tecnológicas ya la cooperación industrial con Tel Aviv.

Israel, otrora enemigo número uno en Oriente Próximo de Marruecos, es otro proveedor militar relevante. Según el think-tank SIPRI, acaparó el 11% de las importaciones marroquíes de armas entre 2020 y 2024. Y los acuerdos incluyen el sistema de defensa aérea Barak MX –un contrato de unos 500 millones de dólares– y sistemas de artillería y lanzacohetes.

La armada española en el vecino del sur

La implantación empresarial española al otro lado del Estrecho de Gibraltar resulta relevante, si bien todavía no ha logrado alcanzar la intensidad registrada por los flujos comerciales. Según el Registro Mercantil, 669 empresas españolas poseen al menos el 10% del capital de sociedades de derecho marroquí. Bajo este ecosistema, aparecen 527 filiales marroquíes bajo control del capital hispano, por superar el 50% del accionariado. Aunque la Oficina Comercial Española en Rabat asegura que son más de 800 las que mantienen negocios en Marruecos.

El stock de inversión española en el país alauí ascendía a 2.508,5 millones de euros al cierre de 2024, último ejercicio contabilizado, y sostenía 25.139 empleos. Marruecos concentra el 32% de los flujos de capital hispano en África, su primer destino en el conjunto del continente. Pese a lo cual, las inyecciones de capital resultan en algunos años modestos y variables. Así, el último dato de DataInvex, portal oficial que mide la evolución inversora de España en el exterior, de 2025, situaba el capital neto español hasta junio del pasado ejercicio en cerca de 15 millones de euros, debido al amplio censo de pymes, muy diversificadas, pero con exiguos volúmenes inversores.

Sin embargo, el desembarco de la armada empresarial hispana ha sido notable. Así, los negocios del agua y las infraestructuras han protagonizado buena parte de su presencia. Quizás uno de los casos más relevantes, según la oficina comercial española, sea el de Acciona, que lidera el consorcio adjudicatario de la desaladora de Casablanca, valorada en unos 613 millones de euros, con capacidad para producir 300 millones de metros cúbicos anuales y contrato operativo y de mantenimiento por 27 años.

El proyecto cuenta con cerca de 340 millones de euros de respaldo financiero estatal español entre fondos FIEM, coberturas de riesgo de Cesce y Cofides. Acciona lleva más de 70 iniciativas en el mercado alauí en siete décadas.

A ello se suma CAF, que suministra 40 trenes interurbanos marroquíes; también con el respaldo de más de 750 millones de euros de créditos oficiales. Este proyecto está llamado a modernizar la red ferroviaria de cara al Mundial de 2030.

España, pues, opera de forma activa en las infraestructuras críticas de su vecino; desde el agua, hasta el transporte o la energía. Pero también destaca en el terreno industrial; en especial, el ya comentado sector automotriz y textil. Inditex considera Marruecos uno de sus diez clusters globales. La firma de Amancio Ortega cuenta con 447 fábricas en África, casi todas en suelo marroquí. Mientras El Corte Inglés y Tendam lo usan como plataforma de aprovisionamiento.

La lógica del nearshoring –término que justifica la proximidad como aval de seguridad– así como unos costes laborales bajos y la habilidad de Marruecos de extender cadenas de valor españolas para exportar desde su territorio al mercado interior europeo, se ha impuesto en las estrategias corporativas hispanas.  

Banca, energía y tecnología completan el repóker inversor. Santander y CaixaBank aportan sus líneas financieras y servicios a compañías de ambos países. Mientras Iberdrola, Naturgy y Repsol participan en plantas energéticas e Indra aporta la dimensión tecnológica en áreas vinculadas al transporte, la digitalización y las infraestructuras.

Pero aún hay más. A este entramado se suma el turismo, con grupos como Meliá y Riu, y una nueva generación de oportunidades alrededor del Mundial de 2030. Desde la construcción, a la movilidad urbana y la conexión tecnológica.

La mano invisible privada: las pymes

En total, Comercio contabiliza más de 350 empresas españolas instaladas permanentemente en Marruecos, cifra que no incluye a todas las compañías que mantienen relaciones comerciales o cadenas de suministro con el país. Con una contribución creciente de pymes que son, a juicio de la oficina comercial, “especialmente importantes porque muchas no aparecen en las estadísticas de grandes inversiones, pero configuran escalas productivas en automoción, agroalimentación, textil, logística, ingeniería, construcción y servicios y ejercen una fuerte capilaridad para actuar en el tejido productivo alauí”.  

Clemente González-Soler, copresidente del Consejo Económico Marruecos-España (CEMAES) y CEO de Grupo Alibérico --con sello tecnológico-- resalta que la inversión hispana remontó un 60% entre 2022 y 2024 y que los próximos años serán decisivos para una nueva fase de implantación industrial europea con reorganización de cadenas de valor de proximidad. “Marruecos es un socio geoestratégico complementario”, cuyo salto industrial y portuario no debe contemplarse como amenaza. Todo lo contrario. “Las nuevas instalaciones de Tánger Med están impulsando el tráfico mercantil con Algeciras, Málaga y Almería tras una primera fase de desconfianza” y las de Nador “están adoptando un proceso semejante con firmas de Valencia y Alicante”.

La relación económica combina, por tanto, cooperación y competencia. Marruecos desea atraer industrias desde el sur de Europa y utiliza sus costes, incentivos, puertos y acuerdos comerciales para presentarse como plataforma hacia África y EEUU. España –recalca González-Soler– debe acompañar esa transformación sin ignorar que el dinamismo marroquí también puede desplazar proveedores y captar capitales que compiten con emplazamientos españoles. En este contexto, la estrategia española debe combinar firmeza institucional y continuidad empresarial, precisa.

Su contraparte marroquí en CEMAES, Adil Rais, dueño de Plastex Maroc y de Siprof, y presidente de la CGEM --ente cameral de Tánger-Tetuán-Alhucemas--, reconoce que la crisis de Ceuta ha demostrado que la frontera sigue siendo vulnerable y que la seguridad forma parte de la política económica. Pero también constata que la relación comercial ha alcanzado una dimensión que aconseja aislarla de episodios políticos.

“España no solo vende a Marruecos; produce con Marruecos, financia infraestructuras, conecta sus puertos y usa nuestro mercado como plataforma hacia África”, enfatiza.