Ana Aizpun, psicóloga: “La soledad elegida no es un lujo ni un capricho, es casi una necesidad de higiene mental”
Planear una cosa tras otra, llamar a alguien para quedar, organizar y llenar de actividades los fines de semana, incluso sentir una leve ansiedad en cuanto no tenemos nada que hacer ni adónde ir. Muchas veces nos encontramos buscando hacer cualquier cosa, menos estar solos. Estar ocupado y con gente es una insignia para muchas personas; ser productivo es parte de su personalidad. Pero, para otras muchas, tener unos minutos de soledad es una necesidad. Ante la sobrecarga de actividades y la sobreestimulación está la opción de estar solo, algo que a la mayoría no nos han enseñado, pero que muchas personas sí anhelan.
La importancia de aprender a estar a solas
“La soledad elegida no es un lujo ni un capricho: es casi una necesidad de higiene mental, entendiendo como soledad la capacidad de estar a solas con uno mismo sin estimulación”, afirma Ana Aizpun, psicóloga, que destaca que es importante hacer una distinción entre la soledad elegida y la no deseada.
Y sí, hay personas a las que les gusta tener un tiempo para estar solas, incluso les encanta. Lo aprecian porque les ofrece la oportunidad de recargar energías después de estar un tiempo rodeadas de gente. A otras, les brinda la libertad de explorar sus intereses sin distracciones. Disfrutar de tiempo a solas puede ser además una forma valiosa de conectar con uno mismo y cuidar nuestro bienestar.
Para algunas personas es importante “poder estar a solas con sus propios pensamientos, sin consumir nada que provenga del pensamiento de otro. Ni series, ni música, ni pódcast, ni el móvil de fondo. Solo estar”, afirma Aizpun. Es completamente normal disfrutar de la soledad. Preferirla no significa que haya algo malo; de hecho, pasar tiempo a solas tiene muchos beneficios.
Como explica la especialista, “estos ratos, aunque sean breves, cumplen una función muy concreta: nos ayudan a procesar emociones complejas, mejoran la resiliencia (nuestra capacidad para afrontar las dificultades) y son la base de cualquier proceso creativo mínimamente profundo”.
Para Aizpun, “sin estos espacios de silencio es muy difícil tener claridad sobre lo que uno realmente siente, piensa o necesita. Y, cuando esos momentos desaparecen, lo que veo con frecuencia es un terreno mucho más fértil para la ansiedad, la baja tolerancia a la frustración y la dependencia emocional”.
Cuando estar a solas sienta bien
La soledad elegida y disfrutar de ella es algo más que una cuestión de personalidad. “Se trata de una capacidad que, si no se ejercita, se atrofia”, afirma Aizpun. Por tanto, no es una cuestión exclusiva de introversión o extroversión, es una realidad más compleja. “Hay personas que desearían tener más momentos de tranquilidad, de silencio y reflexión, pero por su momento vital o entorno, a veces no lo encuentran”, explica Aizpun.
Al tomarnos un breve descanso a solas, nuestro sistema nervioso, mente y cuerpo, pueden relajarse. La lista de beneficios que obtenemos al elegir pasar tiempo a solas es larga: desde una oportunidad para recargar energías, a experimentar crecimiento personal y poder dedicar tiempo a conectar con nuestras emociones y creatividad.
El deseo de pasar un rato a solas no es problemático, pese a que a menudo nos referimos a la soledad como algo negativo, ya que a lo largo de la historia se ha concebido como aislamiento, algo que inspira lástima. Tampoco es exclusivo de las personas introvertidas, ni significa que haya aislamiento social ni que la persona lleve una vida solitaria. Algunas personas anhelan los momentos de soledad porque les aporta alegría, creatividad y paz. Otras porque las situaciones sociales les resultan abrumadoras, agotadoras o les generan ansiedad.
La soledad, por tanto, se está reinventando. En la tranquilidad de un café de barrio, en largas caminatas solitarias o en noches sin pantallas. Cada vez más personas descubren que la soledad puede ser, para ellas, un acto de empoderamiento, incluso de liberación. Lejos de connotar soledad, se redefine cada vez más como una decisión: tomar conscientemente tiempo y espacio para la reflexión, la renovación y la concentración. En una era hiperconectada y de estímulos constantes, la soledad se está convirtiendo en una estrategia de supervivencia y en una declaración de lo que significa vivir bien. De ahí que, cuando no se dispone de ratos para estar solas, algunas personas lo echan en falta.
Soledad para disfrutar de nuestra propia compañía
Tener una relación sana con la soledad es señal de madurez emocional positiva. La capacidad de sentirse cómodo a solas, sin experimentar angustia, es un signo de buena salud mental. Significa que uno puede disfrutar de su propia compañía y usa ese tiempo para reflexionar o simplemente para descansar sin presiones sociales. Y esto es necesario para muchas de ellas.
Algunas investigaciones determinan que las personas que buscan la soledad por motivos personales tienden a usar ese tiempo para la autorregulación, el autoconocimiento y el disfrute genuino. Es más, describen la soledad como un espacio libre de vigilancia social donde pueden participar en actividades elegidas sin sentirse presionadas ni juzgadas.
¿Por qué algunas personas necesitan momentos de soledad? De acuerdo con esta investigación, los días en que las personas pasan tiempo a solas experimentan una reducción drástica en los niveles de estrés y un incremento en la satisfacción de su autonomía. De hecho, los investigadores revelan que el cerebro busca la soledad de forma biológica para liberarse de las presiones externas y recuperar su autenticidad.
La necesidad de estar solo estaría relacionada también, y según esta investigación publicada en PLOS One, con la autonomía disposicional. O, lo que es lo mismo, en la capacidad de ciertas personas para regular sus emociones y decisiones desde su interior, sin depender de estímulos o validación externa.
Cómo encontrar estos momentos de soledad
No es fácil, en una sociedad hiperconectada e hipermotivada, encontrar estos momentos de soledad. “Mi recomendación es empezar por algo muy pequeño y concreto: practicar la soledad como quien practica un hábito, no como una gran experiencia mística: sentarse diez minutos al día sin mirar el móvil, sin leer nada, sin escuchar nada. Solo observar los propios pensamientos y tolerar la incomodidad que eso genera al principio”, afirma Aizpun.
Una de las claves es encontrar el punto justo, un equilibrio adecuado entre estos momentos de soledad y el aislamiento. El objetivo no es forzarse a interactuar con otras personas constantemente si no es lo que uno necesita. Tampoco de aislarse hasta el punto de perderse conexiones significativas.
“No hace falta que sea una meditación formal: puede ser un paseo sin móvil, cocinar sin música ni pódcast de fondo, o simplemente dejar que un trayecto en metro sea eso, un trayecto, en lugar de rellenarlo con una pantalla”, explica la psicóloga.
¿Cómo podemos saber que el tiempo que pasamos a solas es saludable? Lo sabremos cuando nos deja renovados, más creativos y listos para reconectar con los demás, cuando elegimos la soledad para disfrutarla, reflexionar o relajarnos.