Alto voltaje electoral
En política como en ajedrez, hay dos maneras de afrontar unas elecciones: al ataque o a la defensiva. Hace cuatro años, el PP escogió no hacer ruido, una estrategia que beneficia, en teoría, al que está en el Gobierno. En esta ocasión, y es raro, los dos principales partidos apuestan por una campaña de alta intensidad. En el PP creen que les viene bien porque van por detrás en las encuestas. En el PSOE también piensan que así ganan porque su electorado está poco movilizado, porque Rajoy mueve a la contra casi tanto como Zapatero a favor. Es obvio que uno de los dos se equivoca de estrategia. La respuesta, el 10 de marzo.
Debate sí, ¿pero dónde?
Todos juegan al ataque y una de las pruebas es el debate televisado entre los dos candidatos. En 2004, Rajoy lo vetó porque pensaba que le beneficiaba no crispar al contrario, que pareciese que no había elecciones. Ahora ambos quieren debate, pero pasan los días y no se concreta el duelo. En el PSOE proponen que uno sea en TVE y otro, por sorteo, en una privada. En el PP no quieren ir a TVE –sería reconocer que algo ha cambiado allí– y sólo acudirían si el otro es en Antena 3: una tuya y otra mía. El desempate puede ser esta semana, aunque ya lleva retraso.
Coche, voto, detergente
Otra novedad de la que se ha hablado poco, pero que también afectará a la campaña. RTVE ha ofrecido a los partidos cambiar los tradicionales espacios electorales de la televisión y la radio públicas –esos larguísimos especiales que sólo veían los familiares de los candidatos– por anuncios publicitarios convencionales, que se mezclarían con el resto de la publicidad. A los partidos les ha parecido buena idea –lo dicho, todos apuestan por jugar al ataque– y sólo falta el visto bueno de la Junta Electoral Central. Este año, el que no se entere de que el 9-M hay que votar es porque vive en otro país.