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Esa calamidad que llaman sistema

José Luis de Zárraga

El sistema no se discute, este es el principio básico de las políticas económicas. El sistema capitalista, fundado en el mercado libre, no está en cuestión. No debe ponerse en cuestión porque -dicen- es el único sistema que funciona. Quienes lo ponen en cuestión deliran, viven en un mundo imaginario. Es innegable que no es perfecto, porque periódicamente entra en crisis; pero las crisis son transitorias y, cuando el sistema las supera, funciona establemente, con racionalidad y con eficiencia, y beneficia a todos.

Nada de esto es cierto. Los mercados libres, fundamento teórico del sistema capitalista, no existen ni han existido nunca. El sistema es inestable y muy ineficiente. Es irracional. Su balance social, en conjunto, ofrece más pérdidas que beneficios; y casi todas las pérdidas, en un lado, el de la mayoría, y los beneficios, en otro. La autorregulación y el equilibrio del mercado, en el que se funda la supuesta eficiencia del sistema, no es una abstracción conceptual legítima, sino un embaucamiento sofisticado.

(...) Durante las últimas dos décadas se ha impuesto la idea de que no hay alternativa al sistema económico capitalista. Quienes no asuman esa idea parecerán ignorantes que desconocen la realidad o delirantes que viven fuera de ella. Se permite pensar dentro del sistema, en reformarlo -aunque eso sí que es una fantasía-, pero no fuera de él o contra él. La primera y fundamental batalla que el sistema -quienes se benefician de él- ha ganado no se ha librado en elecciones o mercados, sino en las conciencias. Es su hegemonía ideológica lo que fortalece al sistema capitalista en las crisis, cuando corre peligro: la creencia, que ha logrado imponer de forma generalizada, en que no hay alternativa ni posible ni deseable, que está loco quien piense otra cosa.

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