«Doctor Muerte, en la cárcel quiero verte»
A su lado, los terroristas del 11-M eran simples aficionados. ¿192 muertos? Eso no es nada. El Gobierno de Esperanza Aguirre dio pábulo a una denuncia anónima contra los médicos del Severo Ochoa de Leganés donde se les acusaba de asesinar a 400 personas. “Doctor Muerte, en la cárcel quiero verte”, le gritaban cada día los ultras al jefe de urgencias del hospital, Luis Montes, cuando entraba en el juzgado. Tres años después, la última sentencia les declara inocentes: no hubo sedaciones irregulares. El tribunal también ordena que se limpie el nombre de los médicos imputados. Tras tres años de infierno, ¿eso cómo se hace?
Morir con dolor
Gana la verdad, pero llega tarde. El escándalo del Severo Ochoa ya cumplió su cometido, pues sirvió de cortina de humo para privatizar la Sanidad mientras la prensa miraba hacia otro lado. La derecha pierde en los tribunales, pero ya venció en los hospitales. Tras la campaña contra la eutanasia imaginaria, muchos médicos tienen hoy miedo real a una denuncia si se pasan con la sedación. Y se curan en salud. El acoso de la derecha produce así un terrible efecto secundario: hoy son más los que mueren con dolor. Enhorabuena, señor Lamela. Enhorabuena, señora Esperanza.
Una vacuna contra la mentira
El desenlace de esta campaña de acoso sólo tiene un lado positivo: que sirva de vacuna para el futuro. Y no hay que irse muy lejos para encontrar otro caso donde la presunción de inocencia brilla por su ausencia, donde las mentiras se mezclan con los intereses electorales de la derecha. El año 2005 es al Severo Ochoa de Leganés como 2008 a las clínicas abortistas. Entonces, se mentía con el “doctor muerte”, hoy se miente con esas sangrientas trituradoras de fetos que aún nadie ha visto, salvo Ana Botella. Para sedación irregular, la de la opinión pública.