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Un impuesto a la enfermedad

Eufemismo: manifestación suave y decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura y malsonante (Diccionario de la RAE). El eufemismo se basa en la confusión y, como cualquier engaño, tiene fecha de caducidad. Cuando la idea malsonante impregna tanto al eufemismo que deja de servir como disfraz, el lenguaje educado busca un nueva palabra, un nuevo escondite, una nueva manipulación. Ningún eufemismo es para siempre, todos tienden a mutar. Así, por ejemplo, empezamos por las “loquerías” para pasar a los “manicomios” a los que después reemplazamos por “pabellones psiquiátricos” y, más tarde, por “clínicas de reposo”. Es una evolución similar a la que está siguiendo otra idea malsonante: la del repago sanitario al que eufemísticamente llamaron “copago” y ahora la Generalitat quiere bautizar como “ticket moderador”. Su verdadero nombre debería ser otro: es un impuesto a la enfermedad.

Los defensores del copago argumentan que es una manera de evitar abusos, de prevenir que algunos viciosos de la enfermedad colapsen los servicios sanitarios. Es dudoso que tal cosa suceda –no conozco a nadie que se quiera pasar la mañana en urgencias por propia voluntad–, pero sin duda no pasará con el tipo de repago que ayer aprobó la Generalitat. Los catalanes, a partir del 1 de enero, tendrán que pagar un euro con cada receta. También los pensionistas, los enfermos crónicos o terminales y los parados. ¿Se evitarán abusos así? Seguro que no, porque las recetas ya estaban controladas por los médicos, que son quienes deciden si estás lo bastante enfermo como para necesitar medicación; si hay fraude ahí, lo comete el doctor, no el paciente. Con este copago, sin duda se recaudará. Pero será un impuesto injusto que gravará a los más enfermos: a quienes más lo necesitan, en vez de a quienes más tienen.