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La Benemérita nos invade, pasen por favor

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En fechas recientes se ha producido la enésima polémica relacionada con la actuación de la Guardia Civil en Euskadi, en este caso ligada a una investigación que está desarrollando el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) a petición de la Fiscalía de Gipuzkoa.

No es de extrañar. Para muchas personas de esta tierra, nombrar a la Benemérita es mentar a la bicha. No sólo por el polémico papel de ese cuerpo militar durante el franquismo y en muchos episodios negros de la lucha antiterrorista. En nuestros pueblos y ciudades tampoco ha sido fácil la convivencia entre los agentes y la gente. Ahí tenemos el episodio de Altsasu, sin ir más lejos.

Sin embargo, el asunto que nos ocupa es mucho menos dramático. O eso pudiera parecer. En mayo se produce un vertido de miles de litros de amoniaco en las instalaciones de la incineradora de Zubieta que mata a cientos de peces. Y no es la primera vez. ¿Accidental o provocado? ¿Falta o delito? Hay que investigarlo. Lo hace la Unidad de Medio Ambiente de la Ertzaintza, que remite un primer atestado a la Fiscalía. Sin embargo, la propia Fiscalía pide la colaboración del Seprona para evaluar los daños ocasionados por el vertido, y ahí viene el lío.

La Ertzaintza contra la Guardia Civil. “Lo nuestro” frente a “lo de fuera”. “Invasión competencial”, claman desde el Gobierno Vasco, porque la protección del medio ambiente no es una de las funciones reservadas a las Fuerzas de Seguridad del Estado en Euskadi. En realidad, no parece ser de nadie. Le corresponde a la Ertzaintza, que cubre el expediente con una unidad de diez agentes, y hacen lo que pueden. Hasta hace poco eran siete, equipados con un maletín para investigar incendios forestales y un medidor de gases tóxicos que les había regalado la Fiscalía de Medio Ambiente. En junio de 2018 el Parlamento Vasco demandó un aumento de recursos, y una mayor coordinación y cooperación con el resto de instituciones vascas (inspectores de la Agencia Vasca del Agua, agentes forestales de las Diputaciones, policías locales). Petición unánime, respuesta vacía. Seguimos parecido.

Tras tanto tiempo pidiendo a la Guardia Civil 'que se vayan', no sería de extrañar que mucha gente en este país esté deseando que vengan a levantar las alfombras del oasis vasco, ésas que tanta porquería acumulan tras décadas de gobierno de los de siempre

“Estamos enfadados”, dicen los responsables de la Ertzaintza. Yo también. Enfadado y harto. Harto de que la protección del medio ambiente sea responsabilidad de todos y de nadie. Harto de que la impunidad sea la tónica común en este país, donde se pueden abatir especies protegidas, contaminar ríos, quemar montes, abandonar residuos en cualquier sitio o, incluso, gestionar un vertedero como si fuera un saco sin fondo hasta que se viene abajo. Y se mueren las aves, pero también las personas. Y otras enferman por respirar aire contaminado. Aquí somos competentes para morirnos como nos dé la gana.

Las competencias son para ejercerlas, no para encerrarlas en un cajón. La ciudadanía vasca no tiene nada que reprochar a la Unidad de Medio Ambiente de la Ertzaintza. Es nuestra policía, y está para proteger nuestra salud y la calidad de nuestro entorno… cuando lo hace. Pero no siempre lo hace, ya sea por escasez de medios, por una formación insuficiente o por ausencia de liderazgo. ¿A quién beneficia la inactividad policial? Al infractor, al delincuente. Sobre todo, si ese presunto es cercano al poder.

Después de tanto tiempo pidiendo a la Guardia Civil “que se vayan”, no sería de extrañar que, en su fuero interno, mucha gente en este país esté deseando ahora que vengan a levantar las alfombras del oasis vasco, ésas que tanta porquería acumulan tras décadas de gobierno de los de siempre. Que empiecen por lo último y luego sigan hacia atrás: el vertedero de Zaldibar, la incineradora de Zubieta, las obras de la Y vasca, las pistas de Aralar, la caza de especies protegidas, las peleas de animales…. Llaman a la puerta, es el Seprona. Pasen, por favor. 

En fechas recientes se ha producido la enésima polémica relacionada con la actuación de la Guardia Civil en Euskadi, en este caso ligada a una investigación que está desarrollando el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) a petición de la Fiscalía de Gipuzkoa.

No es de extrañar. Para muchas personas de esta tierra, nombrar a la Benemérita es mentar a la bicha. No sólo por el polémico papel de ese cuerpo militar durante el franquismo y en muchos episodios negros de la lucha antiterrorista. En nuestros pueblos y ciudades tampoco ha sido fácil la convivencia entre los agentes y la gente. Ahí tenemos el episodio de Altsasu, sin ir más lejos.