Muere Carlos Garaikoetxea, primer lehendakari en democracia y arquitecto de la Euskadi moderna

Iker Rioja Andueza

Vitoria —
4 de mayo de 2026 17:09 h

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Carlos Garaikoetxea, primer lehendakari en democracia y arquitecto de la Euskadi moderna, ha fallecido este lunes a los 87 años. En junio habría sumado uno más. Nacido en Pamplona, fue presidente del Gobierno vasco entre 1980 y 1985 con el PNV y, posteriormente, rompió con el partido nacionalista y fundó Eusko Alkartasuna, partido socialdemócrata ahora integrado en EH Bildu.

“El lehendakari Carlos Garaikoetxea Urriza nos ha dicho adiós. Navarro. Euskaldun y abertzale. Demócrata. Firme defensor de los derechos humanos y de la justicia social. Arquitecto del autogobierno y del bienestar vasco. Líder en los tiempos más difíciles. Pragmático y soñador. Sensato y valiente. Carismático y hombre de equipo. Y, por encima de todo esto, padre y marido. Gracias por haberle dado lo mejor de tí a tu pueblo. Gracias por haber luchado por su libertad. Fue un honor conocerte y haber aprendido de ti. No te fallaremos. Un fuerte abrazo a Sagrario, Carlos, Iván y Mikel, y a todos sus familiares y amigos Agur eta ohore, Lehendakari! Gugan bego. Goian bego”, ha escrito el lehendakari actual, Imanol Pradales.

Garaikoetxea era un vasco de Navarra. Nació en plena Guerra Civil, con su ciudad ya conquistada por los franquistas y sin posibilidad de disfrutar del marco estatutario que Euzkadi estrenó unos meses antes, en octubre de 1936. Dice la enciclopedia Auñamendi que nació “en el seno de una familia numerosa, católica, tradicionalista y acomodada”. Era una persona culta y con idiomas, desde luego el euskera y el castellano, pero también el inglés y el francés. Se casó con Sagrario Mina, con la que tuvo tres hijos. Mantenía en Pamplona una oficina como lehendakari -el título es vitalicio- y en 2025 recibió un homenaje como cabeza visible del primer Gobierno tras la aprobación del Estatuto de 1979.

Se convirtió en abogado economista en la Universidad de Deusto en Bilbao y trabajó en la primera Sigma, en Tracsa o en Eaton Ibérica. En 1962, siendo veinteañero, fue nombrado presidente de la Cámara de Comercio navarra. En el tramo final fue muy activo y se fue politizando carteándose con el ministro de Justicia del PNV en la Guerra Civil, Manuel de Irujo, el gran referente del nacionalismo vasco en Navarra. A nivel orgánico, se convirtió en presidente del partido en Navarra en 1975 y luego saltó a liderar el Euzkadi Buru Batzar en 1977. Fue candidato en las generales constituyentes de 1977 en una coalición con otras fuerzas abertzales y, finalmente, logró escaño en las forales navarras de 1979 con otra confluencia. El PNV logró tres escaños y uno de sus compañeros fue Irujo.

En dos meses ya saltó al Consejo General Vasco, el embrión del actual Gobierno vasco. Tras la aprobación constitucional de 1978, participó en la redacción del Estatuto de Gernika, de 1979, que solamente afectaría a Álava, Bizkaia y Gipuzkoa aunque ambas leyes de leyes preveían también la posibilidad de que sumara a su Navarra. En abril de 1980, tras unas primeras autonómicas ganadas por el PNV, se convirtió en primer lehendakari en democracia, heredando el título de José Antonio de Aguirre, de Jesús María de Leizaola en el exilio y de Ramón Rubial en el Consejo General Vasco.

La suya fue una etapa genuina de construir el nuevo autogobierno. Fue un verdadero arquitecto de la Euskadi moderna, ya con 's' y no con 'zeta', aunque el PNV ha mantenido hasta hoy esos nombres tradicionales. En una entrevista con este periódico, contaba cómo se gestó que Vitoria fuera la capital como una mezcla de pragmatismo por la existencia de instalaciones idóneas -un palacio como Ajuria Enea como residencia presidencial, un hospital psiquiátrico medio hecho como despachos de los consejeros en Lakua o un antiguo hotel como base policial en Arkaute- y de necesidad de convencer al territorio menos nacionalista de las bondades de la autonomía. “Álava tenía una importancia estratégica. Había que afianzar la presencia de las nuevas instituciones en el territorio que requería mayor atención. La adhesión de su ciudadanía al nuevo proyecto era vital”, explicaba. Se puede leer aquí más sobre esa primera ley del Parlamento Vasco.

Después llegaron la Policía, la Ertzaintza, surgida de los 'hombres de Berrozi' que poco a poco fue relevando a Ertzaintza y Policía Nacional, EiTB, la radiotelevisión pública, y otras transferencias de pilares de lo que hoy es Euskadi logradas en largas conversaciones con Adolfo Suárez. Suárez pasó por Ajuria Enea, algo muy excepcional que solamente ha ocurrido con José Luis Rodríguez Zapatero tras el final de ETA, y con su compañero Patxi López de anfitrión, y con Pedro Sánchez ahora con Pradales. Tomaron sopa de tortuga.

Su primera gran prueba de fuego fueron las inundaciones, con Garaikoetxea como “mando supremo” incluso de las Fuerzas Armadas españolas desplegadas. El episodio fue recordado como ejemplo de coordinación tras el caos que supuso la gestión de la dana en Valencia a finales de 2024. “Acordé con [Felipe] González que la dirección de todo el dispositivo, tanto de organizaciones estatales como autonómicas, quedara bajo mi mando. Tuve el mando supremo de todo, del Ejército [de los tres], de la Guardia Civil y de la incipiente Policía autónoma”, exponía el lehendakari años después.

Pero la convivencia en el PNV se enrareció. La bicefalia en el partido, que siempre ha generado leyendas sobre la coexistencia del líder político de Sabin Etxea y el referente institucional de Ajuria Enea, terminó con una ruptura muy dolorosa que a punto estuvo de llevar al traste la histórica sigla del PNV, nacida en el siglo XIX como la del PSOE.

Garaikoetxea llegó a denunciar que el partido, su partido, estaba usando aparatos institucionales como la Ertzaintza para espiarle. Llegó a haber un juicio sobre las escuchas al lehendakari. En 1991 todavía coleaba esta crisis. Y luego estaba la ley de territorios históricos, la LTH. En el PNV había dos almas, una más 'centralista' vasca, en temas fiscales y competenciales, liderada por el propio 'Garaiko', como en su entorno le llamaban cariñosamente. Y otra más foralista, con voluntad de preservar el poder territorial.

Con todo en la coctelera, Garaikoetxea dimitió como lehendakari. Fue un asunto trascendental en la historia vasca. El PNV tuvo que tirar de José Antonio Ardanza para salvar los muebles en 1985. Y llegaron las elecciones de 1986. Garaikoetxea montó un partido nuevo, EA, de corte socialdemócrata y menos a la derecha que el PNV. La batalla fue feroz porque se iba a llamar Euzko Abertzaleak y tuvo que ser Eusko Alkartasuna ('solidaridad vasca', en vizcaíno) porque los 'jeltzales' registraron ese nombre que, por cierto, siguen usando como denominación de su grupo en el Parlamento Vasco.

La nueva EA se llevó muchos cuadros del PNV, sobre todo en Gipuzkoa y Navarra, pero también al alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda. En las autonómicas de 1986 -aquí hay algunos datos- el PNV bajó del 39% al 23%. Le salvó Bizkaia. Ganó en votos pero perdió en escaños con el PSE de 'Txiki' Benegas. EA se llevó 180.000 votos y 13 escaños, a solamente cuatro de los nacionalistas. Diferencias por la transferencia de la Seguridad Social, la misma que los Gobiernos central y vasco negocian este 2026, impidieron un acuerdo 'de izquierdas' con socialistas, EE -luego integrada en el PSOE- y el nuevo partido de Garaikoetxea. Ardanza retuvo Ajuria Enea 'in extremis' para el PNV. Y se consolidó como su lehendakari más longevo. Falleció en 2024.

Garaikoetxea mantuvo su escaño en el Parlamento Vasco hasta 2001, aunque tuvo una etapa como europarlamentario también. Recompuestos los puentes, EA volvió a la colaboración con el PNV, también en el pacto de Lizarra o en los tripartitos con Juan José Ibarretxe, ya con nuevos liderazgos. Sin embargo, todo cambió con el fiasco electoral de 2009. EA casi desapareció de la Cámara vasca incluso con la izquierda abertzale tradicional ilegalizada. Era la legislatura de López como lehendakari con apoyo del PP. EA apostó por un 'polo soberanista' que derivó en Bildu (nacida en 2011) con la suma de la marca nueva y legal de la antigua HB, Sortu, y una escisión de IU, la Alternatiba de Oskar Matute. Luego fue Amaiur y desde 2012 se convirtió en EH Bildu.

EA, independentista desde su origen, siempre ha condenado el terrorismo de ETA, incluso sufrió algunos ataques en la carne de sus cargos locales. La coalición Bildu pasó a ser cada vez más un partido al uso. Y ahí surgió una corriente crítica de cargos de EA, encabezados por un ya octogenario pero lúcido Garaikoetxea, que denunciaba el control por parte de Sortu, algunos discursos tibios con la violencia y más participación del ala socialdemócrata. En 2022, Garaikoetxea fue parte activa de un congreso que partió en dos a su EA.

En 2024, participó tanto en los actos de homenaje a Ardanza como en la toma de posesión de Imanol Pradales. Caminaba con dificultad. En 2025, más lúcido, pronunció unas palabras en Ajuria Enea en el homenaje al Gobierno que tomó posesión en 1980. Arrancó titubeante leyendo agradecimientos en euskera y en castellano e incluso bromeando que quedaban pocos de aquella generación “sobreviviendo”. Pero luego optó por improvisar y recuperó su voz más firme, la que encandiló a miles de personas no estrictamente nacionalistas, como le pasaba a Suárez en sus primeros años. Mostró su “certeza inquebrantable” de que Euskadi “afrontará con éxito los complejos retos del mañana” porque es “una nación valiente, creativa, trabajadora y unida” que superó en el pasado “dificultades y momentos muy dolorosos”, en referencia a ETA, las inundaciones de 1983 y tragedias como la explosión en Ortuella, con decenas de fallecidos y que le tocó también gestionar.

Los de 1980 a 1985, según dijo él mismo hace doce meses, fueron años “inolvidables”, aunque de “jornadas interminables”, para sentar las bases de la autonomía vasca. Llegó a verse con Juan Pablo II. Justo al final, quiso cerrar deseando suerte al actual presidente vasco, Pradales. “Ánimo y al toro, Imanol”, concluyó.