Fermín Ortega Hernández, el minero socialista enviado por el lehendakari a negociar el canje de prisioneros en unas reuniones con la Cruz Roja
Fermín Ortega Hernández (1898-1997) fue director general de Previsión del Gobierno de Euzkadi. Nacido en Bilbao, no pasaba de 14 años cuando empezó a trabajar en una mina, como su padre, y estuvo también en la Compañía Naviera Sota y Aznar y como repartidor de una fábrica de fideos para sopas. Miembro del Sindicato Minero de la UGT, se afilió a las Juventudes Socialistas en cuanto pudo e ingresó después en la Agrupación Socialista de Bilbao y en la de Donostia, adonde se mudó. En aquella ciudad fue miembro del comité revolucionario en 1930. Participó en un intento de asalto al Gobierno Civil y, si bien sus compañeros acabaron detenidos, él consiguió zafarse de la policía.
Un hermano suyo era también socialista y llegó a ser concejal en Galdakao. Fermín, por su parte, logró escaño en Donostia. Estallada la Guerra Civil, unos falangistas asaltaron su domicilio. En la contienda, reseña el libro, Ortega “fue delegado del regimiento de Artillería e Ingenieros de los cuarteles de Loiola y formó parte del Tribunal Popular que sentenció a la pena capital a los militares sublevados que estaban en la cárcel”.
Hubo de guarecerse en Zumaia primero y en Durango después, donde se le comunicó que el consejero socialista Juan de los Toyos, del Departamento de Trabajo, Previsión y Comunicaciones del Gobierno de Euzkadi, lo había nombrado director general de Previsión. “Reacio”, según el libro, a aceptar el cargo en un primer momento, acabó yendo a Bilbao para asumirlo.
Tuvo varias atribuciones, como la de representar al departamento ante el consejo de la Caja de Pensiones de Guerra vasca. Además, el lehendakari Aguirre le encomendó “negociar el canje de prisioneros y personal civil” en unas reuniones organizadas gracias a la Cruz Roja Internacional. Estuvo en San Juan de Luz en dos ocasiones para mantener estas conversaciones. El avance de los sublevados le obligó a huir de Bilbao a Santander y de allí Francia. Acudió luego a Barcelona, donde Juan Gracia, consejero de Asistencia Social, le encomendó “la atención de los refugiados vascos que llegaban a Cataluña por la frontera de Girona”, destaca el libro.
Estuvo con los carabineros en Alicante y Cartagena, pero poco antes de acabar la guerra escapó a bordo de un navío a Túnez. Pasó por un campo de concentración de Libia y luego consiguió regresar a Biarritz. Mientras, la represión franquista lo había condenado a un exilio de más de ocho años. La invasión nazi de Francia lo llevó de Biarritz a Tarbes y de allí a Marsella, donde, dice el libro, vivió “en condiciones muy precarias”.
De allí zarpó rumbo a América en un barco en el que, entre otros, también viajaban Niceto Alcalá-Zamora, el consejero Telesforo Monzón, el también miembro del Gobierno de Euzkadi Miguel Amilibia y María Teresa de Aguirre, hermana del lehendakari. Aunque el barco estuvo retenido en Senegal y hubo de regresar a Marruecos, Ortega consiguió llegar a México más tarde.
De México pasó a Argentina, donde fue miembro de la Agrupación Pablo Iglesias que el PSOE tenía en Buenos Aires. También fue fundador de una Comisión de Unión Vasca en la capital argentina, integrada por miembros de variopintas agrupaciones, como PNV, PCE, Izquierda Republicana, Acción Nacionalista Vasca, UGT, CNT... Falleció en la ciudad bonaerense en 1997, habiendo cumplido los 99 años.