Luces y sombras de la enseñanza vasca tras el varapalo de PISA: mucha inversión, privatización y nivel de lectura bajísimo
El lehendakari, Imanol Pradales, planteó a comienzos de mes una ronda de contactos con partidos, sindicatos y patronal para dar comienzo al curso político y elaboró un guion con varias prioridades, a saber, situación internacional, economía, autogobierno, industria, euskera o vivienda, así como su agenda legislativa. El jefe de la oposición, Pello Otxandiano, planteó para este año siete grandes temas, concretamente vivienda, Osakidetza, industria, migración, cambio climático, inteligencia artificial y euskera. En las estadísticas del Parlamento, una referencia puramente cuantitativa, la educación figura como el décimo tema que más iniciativas ha generado en esta legislatura, muy por detrás de otros. Sin embargo, el hundimiento del sistema educativo vasco recogido en el último informe PISA ha motivado un cambio radical en la agenda vasca. Ahora la enseñanza “preocupa y ocupa”, como recalcó la consejera del ramo, Begoña Pedrosa, que afronta las horas más difíciles desde que accedió al cargo en el verano de 2024 como independiente, aunque ahora ya es del PNV. En esa ronda de reuniones, por ejemplo, se ha hecho inevitable la referencia a la situación en los colegios.
El lunes, un total de 280.386 alumnos iniciaron el curso escolar no universitario 2026/2027, es decir, las etapas de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato. El 50,7% cursan sus estudios en la red pública, el porcentaje más bajo de todas las comunidades españolas. Un factor diferencial del modelo vasco es la fortaleza de la red privada financiada o concertada, que suma a los colegios religiosos, a las ikastolas, a cooperativas y a otros proyectos. Ese día, todo fueron buenos propósitos. De hecho, la consejera Pedrosa, en un acto en un centro de Amurrio en el que no admitió preguntas, defendió las propuestas para “la mejora de los aprendizajes, la competencia lectora, matemática y científica, el euskera y el plurilingüismo, la convivencia y el bienestar”. Unos días antes, el Gobierno publicitó una evaluación diagnóstica propia y destacó que los datos allí contenidos “reflejan una evolución positiva del sistema educativo en Euskadi”.
El jarro de agua fría llegó este martes a las 9.30 horas. Las notas del curso llegaron apenas un día después de iniciadas las clases. Y eran malas. Muy malas. PISA, que mide tres variables a estudiantes de 15 años, es decir, del último año de la enseñanza obligatoria, daba 419 puntos de 600 a Euskadi en comprensión lectora, por ejemplo. Son muchos menos que los 466 de 2022 y, desde luego, de los 498 alcanzados en 2012, el máximo de las ocho ediciones en que el más prestigioso de los estudios educativos internacionales ha ofrecido datos desagregados del sistema vasco.
Solamente Ceuta y Melilla, con una realidad social y económica radicalmente distinta y sin competencias propias en la materia, tienen peores datos en España. Los expertos estiman que 20 puntos es el equivalente a un curso escolar. Así, el nivel medio de los estudiantes vascos cuando deberían estar en cuarto de Secundaria es más propio, a la luz de estos datos, de segundo curso. O dicho de otra forma, se han perdido cuatro años de aprendizaje si se compara el nivel actual y el de hace catorce años, cuando la consejera vasca era la que luego sería primera ministra de Pedro Sánchez, Isabel Celaá. La media de España, de Europa y de la OCDE queda ya muy lejos.
El propio informe sostiene que Euskadi registra “resultados inferiores a los estimados para su contexto socioeconómico y cultural”. Y para su gasto. Educación dispone de 3.346,5 millones de presupuesto este 2026. En aquel 2003, eran 1.710 millones sumadas las inversiones universitarias, que ahora van desagregadas. Efe, en julio, indicaba que Euskadi “lidera” el gasto por habitante en Educación. El último dato es de 1.649 euros, “el más alto de las regiones y unos 510 euros más que la media estatal”.
Los de lectura, que son los peores del informe, tienen además claves adicionales. Hay una brecha de género. Los varones tienen una media de 402 puntos, por 438 de ellas. Solamente los chicos de Bulgaria, Chipre, Colombia, Grecia, Malta y Rumanía tienen un rendimiento peor en todo el universo analizado por PISA. Queda muy lejos la conclusión del informe de 2003, el primero en que había datos de Euskadi: “El rendimiento medio en lectura del alumnado de 15 años de Euskadi es superior a la media de la OCDE [...]. Además, los resultados de Euskadi son significativamente más altos que la media estatal”.
Las otras dos categorías medidas son las ciencias y las matemáticas. En ambas hay bajadas. En la primera la nota es de 459 puntos. Se alcanzaron los 506 en 2012. En la segunda, los 460 logrados quedan todavía más lejos de los 510 de mejor dato, en 2009.
Como añadido, PISA deja este aviso: “Continúan registrándose diferencias relativamente elevadas a favor de los centros privados en Comunidad Foral de Navarra, Melilla, Canarias, País Vasco, Ceuta y Comunitat Valenciana, lo que sugiere que en estos territorios existen otros factores asociados a la titularidad de los centros que siguen contribuyendo a las diferencias de rendimiento”. En efecto, los colegios que dependen directamente del Gobierno vasco y que históricamente han acogido a más alumnado vulnerable, reciben todavía peores notas.
El analista Lucas Gortazar ha escrito que Euskadi ha cosechado un resultado “sin precedentes”. “Las comunidades que encabezaban el sistema en 2012 son las que se desploman: el País Vasco pierde 57 puntos de media en las tres competencias y Navarra 55, con caídas acumuladas desde entonces”, ha apuntado. Este experto ya avisó en 2025 de lo que venía en una tribuna en este periódico. “Es indudable que lo ocurrido en los últimos 20 años va a suponer un enorme coste para nuestra sociedad en el largo plazo. Si los recientes intentos para darle la vuelta no funcionan, Euskadi entraría en un estado de emergencia educativa”, planteó en la primavera del pasado año, justo cuando se estaban haciendo las pruebas de PISA.
La consejera Pedrosa se ha agarrado precisamente a eso, a que su evaluación diagnóstica es una fotografía más reciente. En todo caso, ha convocado a un comité de expertos evaluadores y también a los centros para una reunión específica que se celebrará este viernes en el BEC de Barakaldo. Se espera la asistencia de 900 personas, aunque se ha aclarado que su contenido será enteramente a puerta cerrada.
De Pedrosa ha llamado la atención en algunos mentideros políticos, tanto del Gobierno como de la oposición, que no aclarará por qué Euskadi, en la anterior toma de PISA, no elaboró un informe de análisis de los datos, que ya fueron negativos, como se había hecho en 2003, 2006, 2009, 2012, 2015 y 2018. La actual consejera era la 'número dos' de su predecesor, Jokin Bildarratz, y ella misma participó en la rueda de prensa de diciembre de 2023 en que se presentó aquel informe. Entonces se insistió en que la pandemia de la COVID-19 había condicionado enormemente el aprendizaje en aquellos años. Además, quedaban semanas para la aprobación de la reforma educativa vasca, que en efecto fue visada por el Parlamento Vasco en aquel final de 2023.
La consejera, preguntada por este periódico en relación a si la ley debería haber ofrecido ya resultados, insiste en que es una “autopista” para poner en marcha proyectos cuyos efectos llegarán a largo plazo. En estos meses ha trabajado en una mesa con los agentes sociales para combatir la segregación y se han desactivado los conflictos laborales de los docentes con más financiación, tanto en la pública como en las diferentes patas de la privada. Se puede leer aquí la entrevista que concedió a este periódico con motivo del segundo aniversario de la reforma.
Aquella ley generó mucho debate sobre lenguas, pero menos sobre contenidos. En realidad, casi todos los debates educativos en Euskadi acaban en discusiones sobre el euskera, como se vio con la Selectividad. El 80% del alumnado está matriculado en el modelo D, íntegramente en euskera. En 2023 se decidió expresamente mantener ese sistema, que también incluye el B mixto y el A en castellano, en detrimento de un marco único plurilingüe y variable en función de la realidad del centro que garantizase unos mínimos al término de la etapa obligatoria, en concreto el B2 a los 16 años en los dos idiomas oficiales y el B1 en el extranjero, generalmente el inglés. Una de las conclusiones de la evaluación diagnóstica propia es que los resultados mejoran cuando la lengua de aprendizaje es la materna. PISA, en cambio, no ofrece información desagregada por idiomas de enseñanza.
Lucía Torrealday, viceconsejera, ha señalado en Euskadi Irratia que no puede estar de acuerdo con quienes aprovechan los datos de PISA para cuestionar la enseñanza en euskera. Ha añadido que “en los primeros puestos” de la clasificación internacional hay también países que son bilingües. En su análisis, Torrealday ha mirado más a las pantallas y a la inteligencia artificial como posibles causas del descalabro.
Asume que “los estudiantes, cuando usan los dispositivos, tienen tendencia a perder la atención”. Euskadi decidió dar libertad a los centros para regular el uso de dispositivos móviles en las aulas y la viceconsejera ha subrayado que todos o casi todos los han prohibido “si no tienen sentido pedagógico”. Pero avisa: “En el colegio están cinco horas. El móvil no se usa en las aulas en principio. El uso se hace fuera. Es evidente que el papel de las familias es imprescindible. La actitud de los niños y jóvenes ya vemos cuál es. Están metidos en las redes, con faltas de ortografía, sin textos largos y con dificultades para mantener la atención. Esto tiene que ser un reto de la sociedad entera”.
Tanto Pedrosa como Torrealday han insistido en que PISA ofrece también algunas luces, como los datos sobre “equidad” o sobre bajo abandono escolar. Por ello, la viceconsejera ha demandado hacer una “lectura general” del resultado en Euskadi, “con todos los indicadores” encima de la mesa, “aunque sin obviar que hay que mejorar los resultados” de aprendizaje. El Gobierno vasco —es el PNV el que controla Educación— sí ha querido evitar asociar el incremento de la llegada de alumnado foráneo con los malos resultados, como sí ha hecho el Gobierno navarro, con los socialistas dirigiendo esta política. La oposición ha pedido al lehendakari “liderazgo” ante el escenario que se abre.