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Luis García Jambrina: “Si no hubieran asesinado a Unamuno, podría haber cambiado el curso de la Guerra Civil”

La muerte de Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936) es una de las grandes incógnitas del siglo XX. Un enigma aún sin resolver al que el escritor y profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca Luis García Jambrina (Zamora, 1960) ha tratado de dar respuesta basándose en hechos reales y ficticios en su novela 'El último caso de Unamuno', la segunda de una serie en la que prevé al menos otros tres libros en los que el escritor y filósofo se convierte en detective. “Siempre tuve la tentación de escribir algo de ficción sobre la muerte de Unamuno, porque trabajé en la casa Museo de Unamuno de Salamanca durante año y medio, cuando acabé la carrera e iba todos los días a la casa rectoral donde él vivió”, confiesa a este periódico García Jambrina, quien ya publicó un ensayo sobre el tema en el año 2021 junto al cineasta Manuel Menchón, pero desde un punto de vista histórico y periodístico.

“En este caso he tratado de ir más lejos porque como periodista, como historiador o investigador hay partes a las que no puedes llegar porque no tienes documentos, testimonios o pruebas. Pero como novelista tienes la libertad de ir más allá y completar las lagunas que quedan. Y eso es lo que he hecho en la novela. He querido reconstruir todas las circunstancias que de alguna manera explican y rodean esa muerte y que tienen que ver con el comienzo de la Guerra Civil en Salamanca, que fue una ciudad ocupada desde el primer momento por las tropas sublevadas y era una ciudad de retaguardia, pero en la que hubo también represión. En el centro de todo, estaba Unamuno”, reconoce.

'El último caso de Unamuno' es una novela negra de intriga criminal que se basa en dos investigaciones, una de ellas la realiza el propio Unamuno como detective y la otra la realizan para averiguar su muerte, pero también se trata de una novela histórica donde se reconstruye un momento concreto de la Guerra Civil en Salamanca. “La novela cuenta esos primeros meses de la guerra en Salamanca, que no es una parte de la historia muy conocida, pero en la que el plano propagandístico cobró gran importancia. En Salamanca siempre tendemos a ver el bando sublevado nacional como algo muy homogéneo y uniforme, pero en realidad había muchas tensiones y sobre todo entre Falange y los militares. A Unamuno le pillaba todo eso en el medio, porque tanto los falangistas como los militares intentaron utilizar y manipular su figura durante todo ese tiempo, incluso después de la muerte. Una de las hipótesis es que lo mataron los falangistas o que la cosa hubiera venido de la parte militar”, sostiene García Jambrina.

A Franco le vino muy bien el apoyo inicial de Unamuno y siguió utilizándolo hasta el final porque era una de las figuras españolas con más prestigio internacional

Preguntado por el uso propagandístico por parte del franquismo de la figura de Unamuno, el escritor reconoce que en “un primer momento apoya el alzamiento y a los militares, pero enseguida rectifica”. “De manera equivocada él pensaba que se trataba simplemente de un pequeño pronunciamiento militar que venía a enderezar el rumbo de la de la República. Salvar la República, en definitiva. Y lo creyó así porque los militares, incluso el propio Franco, en sus proclamas, siempre terminaba con el Viva la República, pero enseguida se da cuenta de que no es así, rectifica, se distancia y hasta se enfrenta a los militares de manera directa, como vemos en el acto del 12 de octubre del 36, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, donde se enfrenta no solo a Millán-Astray, sino a todos los militares allí presentes y queda clara cuál es su posición. El problema es que como Unamuno apoya inicialmente a los militares, lo utilizan propagandísticamente. A Franco le vino muy bien ese apoyo inicial de Unamuno y siguió utilizándolo y manteniéndolo hasta el final porque Unamuno era una de las figuras españolas con más prestigio internacional. No solo lo asesinan, sino que siguen utilizando propagandísticamente su legado, hasta el punto de que llegan a darle el nombre de Unamuno a un campo de concentración”, lamenta.

Lo asesinan el 31 de diciembre de 1936 porque no podía pasar un año más, se había convertido en un peligro enorme para el bando sublevado y era importante que desapareciera

En una carta inédita hasta el año pasado, datada el 7 de diciembre de 1936 -tres semanas antes de su muerte-, Unamuno confesó al novelista Henry Miller (1891-1980) su temor a ser asesinado porque existía una orden de acabar con él si trataba de huir de su arresto domiciliario. García Jambrina reconoce y así lo refleja en su novela, que la historia de la muerte de Unamuno es la crónica de una muerte anunciada. “Estaba convencido de que lo iban a asesinar. Es el verbo que él utilizaba y incluso llegaba a hablar de la posibilidad de escaparse. Y seguramente lo intentó en alguna ocasión e intentó mandar cartas por todas las vías posibles, porque por el correo ordinario sabía que no llegaban. Lo silenciaron y eso para Unamuno era algo terrible. Él decía, 'el día que no pueda hablar, el día que no me dejen hablar, me matan' y eso es lo que ocurrió. En los escritos personales y cartas durante las últimas semanas de vida se ve que la tensión va creciendo y que no podían hacer otra cosa que matarlo y que pareciera un accidente o muerte natural, porque no lo podían fusilar. Lo asesinan el 31 de diciembre de 1936 porque no podía pasar un año más, se había convertido en un peligro enorme para el bando sublevado, porque si todas esas declaraciones de Unamuno, con el prestigio internacional que tenía, se hubieran hecho públicas, podría haber cambiado incluso hasta el curso de la Guerra Civil porque alguna potencia extranjera podría haber ayudado a la República. Todo hubiera sido más difícil para los sublevados, por eso era muy importante que Unamuno desapareciera”, sostiene.

García Jambrina confía en que en algún momento se conozca la realidad de lo que pasó con la muerte de Unamuno. “Hay un grupo de profesores de la Universidad de Salamanca y de la Universidad del País Vasco que tienen gran interés en que de una vez por todas esto se investigue en serio, se zanje esta cuestión y yo creo que a lo largo de este año iremos sabiendo algo más. Lo más curioso es que la muerte de Unamuno no se ha investigado hasta fechas muy recientes. Ya pasaron 85 años sin que nadie hubiera investigado este asunto. Tanto en el ensayo publicado en el año 2021 como en esta novela narro indicios sobre su asesinato, pero confío en que, sobre todo los análisis forenses que se hagan a lo largo de este año, pues nos den ya alguna prueba, ya no solo indicios, sino alguna prueba bien de tipo médico o lo que sea que confirme que efectivamente murió asesinado. Luego estaría ya averiguar la autoría, eso es más complicado porque este tipo de muertes evidentemente eran de encargo y la responsabilidad se diluye”, confiesa.

Unamuno es un referente humano, político, ético. Bilbao debería presumir mucho más de haber dado a luz a ese personaje

El escritor ha viajado esta semana a Bilbao para presentar su novela y hablar sobre la muerte de Unamuno en la ciudad en la que nació y en la que reconoce que, por “prejuicios”, su figura no ha tenido a lo largo de los años el prestigio que merecía, algo que se está corrigiendo poco a poco. “He ido asistiendo poco a poco a una especie de recuperación de la figura de Unamuno, de rehabilitación del personaje. Unamuno estaba muy marcado, muy connotado negativamente. Había muchos prejuicios sobre él, recuerdo incluso cuando se tiraba el busto de Unamuno a la Ría de Bilbao y permanecía en la Ría durante mucho tiempo. Yo me he encontrado con mucha gente culta y leída que decía que no leía Unamuno porque era facha y que no le interesaba por eso. Y se ha revelado que es absolutamente falso. También existe el prejuicio de que a Unamuno no le interesaban la lengua ni la cultura vasca, algo que también es falso y prueba de ello es que él hace su tesis doctoral sobre la lengua en la cultura vasca. El tiempo que vivió en Salamanca él decía que era bilbaíno y que era muy vasco, incluso cuando se exilió en París abandona la ciudad para instalarse en Hendaya y poder contemplar su tierra, en la que tenía raíces enormes, pero eso durante muchos años ha estado oculto”, reconoce el autor.

“Se dice que Unamuno es contradictorio. Yo no creo que sea contradictorio, pero es verdad que él era capaz de aceptar diferentes tipos de puntos de vista sobre las cosas, pero de una manera racional, no porque cambiara de opinión, sino porque lo examinaba todo una y otra vez, lo cuestionaba todo. No tenía unas ideas fijas, no tenía ideología, tenía un pensamiento vivo. Una vez que se va limpiando el personaje de todas esas falsedades, empieza a surgir el interés. Y en el caso de Bilbao es más que interés, hay una necesidad de recuperar esa figura, prueba de ello es que ahora se le dedican jornadas y se leen públicamente sus obras. Es algo emocionante. El problema que tiene es que es tan complejo que es muy difícil clasificarlo, pero una vez que te acercas a él se convierte en una especie de referente, que es lo que estoy seguro que está ocurriendo en Bilbao. Unamuno es un referente humano, un referente político, un referente ético. Bilbao debería presumir mucho más de haber dado a luz a ese personaje”, concluye el escritor, que a pesar de los avances en torno a la figura de Unamuno hace un llamamiento a las instituciones y a la sociedad en general para que se demanden más iniciativas que recuperen la memoria de Unamuno.