La portada de mañana
Acceder
'Caso David Sánchez': un recurso en diez días para desmontar la prevaricación
El peligro de tener casas incrustadas en el monte: “Es un país que arde”
Opinión - 'Las contradicciones de la condena a David Sánchez', por Ignacio Escolar

De la 'machosfera' a la 'femesfera': cómo enfrentarse a un aula en la que lo “más punk es ser antifeminista”

Maialen Ferreira

Bilbao —
14 de julio de 2026 21:46 h

0

A menudo llegan a las aulas temas relacionados con las comunidades digitales de hombres que promueven masculinidades radicales, la misoginia y el antifeminismo a través de redes sociales conocidas como la 'machosfera'. Se trata de hombres que comparten rutinas relacionadas con el deporte, la dieta o su día a día, pero entendiendo la producción como sinónimo de fortaleza y emoción, el éxito como producto del esfuerzo, es decir, la meritocracia capitalista, el dinero, los coches y las mujeres como muestra de ese éxito con un lenguaje de la humillación como generador de una frustración que pueden rentabilizar y siendo su cuerpo como campo de batalla.

Así lo han explicado María Rodriguez Rodríguez, doctora en Género y Diversidad y sexóloga e Iván Gómez Beltrán, doctor en Género y Diversidad e historiador durante el Curso de Verano de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) 'Educación sexual y pantallas: desafíos, oportunidades y propuestas' y, en concreto en la mesa redonda 'Manosfera, Femesfera y la construcción del género en las redes'. Según han detallado, la idea de la 'manosfera' es cada vez más común, pero ¿qué ocurre cuando también llega a las aulas la 'femesfera'?

Según Rodríguez, la figura más significativa de la 'femesfera' son las 'trad wifes', “esas esposas tradicionales que son ángeles del hogar y que ponen en valor la nostalgia y la seguridad frente a la incertidumbre. Es como que viven en mucha incertidumbre y necesitan un anclaje, la idea de que el pasado fue mejor sirve para ellas como ancla. Estas tendencias tienen que ver con una respuesta a la presión social. En la incorporación de la mujer al trabajo hay una doble carga y, aunque el feminismo se ha ido institucionalizando y ha ido conquistando distintos terrenos, el ámbito de los cuidados, la educación y la crianza no son igualitarios”, ha recalcado la experta.

En su investigación ha visitado páginas, foros y blogs de estas mujeres que deciden quedarse en casa para criar desde una perspectiva más tradicional y machista y, en ellos comparten mensajes como: “Tu marido sostiene a la familia. Merece ser adorado, mimado y consentido. Quítale las botas cuando llegue a casa, rasca su espalda. Haz lo que él quiera y tú quieras hacer para demostrarle tu aprecio”; “el estilo de vida de una ama de casa no es para personas débiles. Cuando nació nuestra hija, mi esposo me dijo que podía quedarme en casa. Me emocioné muchísimo. También es duro. Leer aquí me ayuda a que no soy la única”; “no tengo amigas tradicionales y esta es mi vía principal para encontrar conexión y validación” o “por fin encuentro un lugar con un discurso rebelde frente a lo 'feministamente correcto'”.

Esa última frase contiene una de las claves analizadas durante el curso: “Rebelde”. Es decir, se considera ser rebelde ir en contra del sistema y, por ende, de los derechos adquiridos. “Hay niños de 15 años que son muy machirulos y niñas que lo sepan o no, también transmiten ideas machistas. Niños que dicen que los trabajos de las mujeres son una mierda o que no sirven para nada. Hay una actitud de rebelarse contra la autoridad y el antifeminismo viene de ahí. Ahora ser antifeminista es ser el más punk. Lo 'woke', lo progre es lo hegemónico y decir algo machista te da más puntos”, ha indicado Rodríguez.

Otra de las cuestiones a las que se enfrentan en las aulas son comentarios relacionados con el 'bodycount', o el 'km0', términos que los alumnos emplean para evaluar, sobre todo a las mujeres, dependiendo con el número de hombres -o en este caso, niños- han estado. Los propios menores hablan del dignifAI, un programa de inteligencia artificial que “dignifica” imágenes de mujeres poniéndoles ropa y cambiándoles el pelo y maquillaje a otros más sobrios y “naturales”, porque así “valen más”. “Las mujeres de alto valor se miden por su 'bodycount' o las personas con las que se han acostado. Es un eje que vertebra su identidad”, ha detallado Rodríguez.

Sobre esta cuestión Gómez, ha añadido una metáfora que emplean en la 'manosfera': “Una llave maestra abre todos los candados, pero un candado que se abre con todas las llaves es un candado roto. Esto lo aprendí yo con los chavales. Por eso es importante controlar sus códigos”, ha destacado.

En el caso de dignifAI, los expertos han lamentado que, “en el mismo espacio-tiempo en el que hay señores desnudando a mujeres a través de la IA, también las hay vistiéndolas”. “Las fotos reales son las subidas por ellas, pero ellos las vuelven a subir con las chicas más tapadas. Buscan a mujeres que consideran que no son lo suficientemente dignas y las 'dignifican' con trajes tradicionales o más recatados”, ha destacado Rodríguez.

Gómez, por su parte, ha destacado que “es importante ver en qué atributos se está poniendo la deseabilidad”. “Principalmente, si miramos a lo físico, un cuerpo musculoso es sinónimo de éxito. La gordofobia es inmensa en la 'machosfera', la panza de la que hablan, es algo que hay que trabajar mucho con los chavales”, aunque, ha subrayado que “los chavales no se convierten en antifeministas directamente a través de la 'machosfera', sino que hay ideas previas, emociones y malestares que la 'machosfera' prende”.

A modo de cierre, Rodríguez ha criticado que “la sexualidad femenina siempre está bajo sospecha”. “En este sentido están contribuyendo tanto la 'machosfera' y la 'femesfera' como los discursos más progresistas. Da la sensación de que si me saco una foto, muevo el culo o me visto de una determinada manera nunca lo hago para mí misma, siempre lo hago para el otro y me parece algo muy problemático. Si interpretamos cualquier expresión sexual femenina solo como cosificación/alineación corremos el riesgo de negar la posibilidad de un deseo propio y de una elección situada, aunque ese deseo pueda ser contradictorio. El reto no está solo en defender derechos frente a la reacción conservadora, sino en no caer en la trampa de esencializar la sexualidad de las mujeres y pensarla solo desde el miedo, el riesgo o la sospecha. Eso implica defender condiciones para la autonomía, el deseo, la negociación, la ambivalencia, el placer y la diversidad de experiencias”, ha concluido.