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Vitoria clama justicia por las víctimas de la masacre del 3 de marzo de 1976 con una miríada de homenajes

La colección de fotografías de la ciudad de Vitoria ha crecido notablemente este martes 3 de marzo de 2026. A falta de unidad total, ha sido un día intensísimo con una miríada de estampas de recuerdo reveladas durante el quincuagésimo aniversario de la matanza de la Policía Armada todavía franquista en la iglesia de San Francisco de Asís de Zaramaga y sus alrededores. Al amanecer, en los alrededores del templo, donde cayó abatido el primero de los cinco asesinados y donde se iban a hacer más de una veintena de ofrendas florales, alguien había escrito allí “Justicia” con pintura roja, una semblanza de lo que se hizo con la sangre de los caídos el 3 de marzo de 1976. Ya de noche, en la Virgen Blanca, miles de personas han homenajeado a los fallecidos, como también a los heridos y a los obreros en huelga hace medio siglo, portando una colección de letras, de nuevo rojas, que componían de nuevo esa palabra, aunque en esta ocasión en euskera, “Justizia”. Entre una escena y otra, la jornada ha estado jalonada de homenajes y el Gobierno de España ha aprobado una declaración institucional de “reconocimiento” de la actuación desaforada de las fuerzas del orden de aquella dictadura sin dictador de 1976. La jornada ha transcurrido sin ningún incidente, aunque el helicóptero de la Ertzaintza y sus drones han vigilado las calles desde el aire mañana y tarde.

Vitoria fue, en 1936, la primera ciudad conquistada por los sublevados franquistas. Y, en 1976, cuatro décadas después, vivió uno de los últimos coletazos del régimen, aun cuando Francisco Franco había fallecido ya 104 días antes. La Diputación ha retirado precisamente este martes títulos honoríficos que aún mantenían en el territorio tanto Franco como otros jerarcas de la dictadura, como Camilo Alonso Vega, el militar al frente de la rebelión en Vitoria en 1936. El 3 de marzo de 1976 atravesó a sangre y fuego la historia de una ciudad que había crecido mirando a la industria con trabajadores llegados de otras partes de España. Los asesinados por la actuación policial contra una de las asambleas de aquellos meses de movilizaciones y huelgas fueron cinco, Pedro María Martínez Ocio, Romualdo Barroso, José Castillo, Francisco Aznar y Bienvenido Pereda. Los estudios estiman en 41 los heridos de bala. Hubo otros lesionados. La represión siguió en Vitoria en los días siguientes, como también en Basauri, Tarragona y Roma, donde fallecieron otras tres personas en fechas posteriores al 3 de marzo de 1976.

Zaramaga ha amanecido este martes sin brillo. En el cincuentenario, el prometido Memorial en San Francisco de Asís no está lista. Hace apenas unos días que arrancaron las obras para adecentar un edificio de autor, de Luis Peña-Ganchegui, cuyas tejas de pizarra se desprenden, que tiene goteras, que estaba siendo comido por la maleza y que tiene su interior empantanado. A las 9.00 horas, mientras un operario hacía labores de soldadura en el tejado, un historiador de la asociación Martxoak 3 bromeaba que este martes todo estaba mínimamente presentable porque no llovía. “Si no, esto es otra piscina municipal”, ironizaba Julen Díaz de Argote.

La palabra “Justicia” en las baldosas estaba junto al monolito. Se trata de una obra clandestina colocada allí en 1984 con una estructura sencilla pero efectiva simulando un puño con cinco partes, tantas como asesinados. Fue realizado en Forjas Alavesas, la primera fábrica de Zaramaga que abrió las huelgas el 9 de enero de 1976. En realidad, el monolito estaba más o menos en su lugar, pero el Ayuntamiento está haciendo obras en ese entorno y, hasta hace nada, estaba sobre unas maderas. Todo alrededor del mojón histórico estaba levantado, con baldosas rotas, tierra, vallas y protecciones de obra. Y eso que 24 horas antes -y solamente 24 horas antes- un camión-cisterna de la contrata de limpieza había estado adecentando el lugar a manguerazos. En las inmediaciones de San Francisco de Asís tampoco luce el mural estrenado en 2013 con estampas conmemorativas de la masacre. Se reformó el edificio donde lucía -como tantos otros están perdiendo el característico ladrillo rojo visto en nombre de la eficiencia energética- y, aunque se ha rehecho para devolverlo a su lugar, no ha llegado a tiempo.

Desde primera hora, cuando los estudiantes aún entraban a los colegios, el entorno de la iglesia de autos ya bullía. Los medios de comunicación hacían programas en directo, Alberto Alonso, el director de Gogora, el Instituto de la Memoria del Gobierno vasco, supervisaba en primera persona cómo iban a ser las ofrendas y diferentes colectivos empezaban a usar las verjas de la iglesia para hacer visibles sus reivindicaciones. A lo largo del día han aparecido por allí desde trabajadores de Cádiz hasta los operarios de Bacalao Giraldo en lucha. El sindicato LAB, cuya sede está allí mismo, ha desplegado una gran lona en la entrada principal que ha tapado el rótulo que desde hace años preside el lugar: “Exposición permanente de belenes”.

El Ayuntamiento había llegado a tener que habilitar una aplicación para coger cita previa para hacer ofrendas florales junto al monolito de San Francisco de Asís. Entre las 8.00 y las 15.00 horas han pasado decenas de partidos, sindicatos, colectivos y particulares a poner sus ramos. El plantel ha sido amplísimo. Ha estado el Gobierno vasco, con el lehendakari Imanol Pradales a la cabeza, en uno de los primeros turnos. Pero también los partidos que lo componen, PNV y PSE-EE. Y EH Bildu. Y Podemos -con Irene Montero-, IU/PCE y Equo. Y los sindicatos: por un lado UGT y CCOO con sus líderes, Pepe Álvarez y Unai Sordo, y por otro ELA, LAB, Steilas y ESK. Y la EHU, la Universidad pública vasca. Y el Ateneo Republicano. Y accionistas del Deportivo Alavés. También el PP, el partido fundado por Manuel Fraga, quien fuera ministro del Interior en 1976 y de quien dependía la Policía Armada. Incluso estaba la alcaldesa de Derry, en Irlanda del Norte, donde se produjo el 'Bloody Sunday'.

A las 10.00 horas, en el palacio de Villa Suso, se ha celebrado el principal acto institucional. Organizado por Gogora, han participado también la Diputación y el Ayuntamiento, y como invitadas las máximas representantes del Estado, la delegada en Euskadi, Marisol Garmendia, y la subdelegada en Álava, Mar Dabán. La alcaldesa de Vitoria ha sentencia que “Vitoria no olvida”. El lehendakari, de su lado, ha mirado al Estado por considerar que ha metido este asunto “debajo de la alfombra” durante años y a la izquierda abertzale por, según su criterio, querer “patrimonializar” esta memoria colectiva. Un herido de bala que fue en el mismo Seat 1200 que Francisco Aznar, uno de los fallecidos, le ha mostrado sus cicatrices a Pradales.

Ya el fin de semana se hizo otro homenaje. Estaba organizado por Martxoak 3, la sociación de víctimas, pero financiado por el Ayuntamiento. EH Bildu pidió expresamente una partida para ello en sus acuerdos presupuestarios con Etxebarria. Sin embargo, la alcaldesa no asistió, como tampoco el diputado general, Ramiro González. Sí lo hicieron los responsables de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno vasco.

Lejos del foco institucional, ha habido otras fotografías más humildes. En el Bizan de Zaramaga, el centro de mayores y donde se reúnen muchos de los testigos de lo ocurrido, había también carteles alusivos a la efeméride. En Iparralde, el centro cívico del barrio, se ha habilitado una pizarra para que, con rotulador, quien quisiera pudiera dejar un mensaje de lo que se le venía a la mente.

Por la mañana, dos columnas de estudiantes, una movilizada por la izquierda abertzale tradicional y otra por GKS, el movimiento comunista, han recordado desde la EHU y hasta el centro a las víctimas. No ha habido incidentes aunque la Ertzaintza ha llegado a cerrar durante unos minutos el Parlamento Vasco porque tenía indicios de que pudiera haberlos. En la seguridad de la jornada, en la que se han producido cortes de tráfico continuados en muchos puntos, han participado hasta las 'lecheras' noventeras de la Policía vasca.

Miles de jóvenes han concluido frente la catedral de María Inmaculada, donde se celebraron en 1976 los funerales, el acto de Ikama, la rama estudiante vinculada a Sortu. Se han sumado a ellos tres matritenses de la asociación La Comuna de represaliados del franquismo. Mely de la Cruz ha aplaudido que una nueva generación se sume al recuerdo de las luchas obreras y, especialmente, que se haya denunciado el papel de Manuel Fraga y de su compañero en el Consejo de Ministros Rodolfo Martín Villa. Aún vivo, con 91 años, quien fuera ministro de Relaciones Sindicales en 1976 ha concedido sendas entrevistas a Radio Vitoria y a RTVE. Ha insistido en que no partió de él la orden de que la Policía Armada cargara como lo hizo, con fuego real.

El grupo de Madrid viene “todos los años” a Vitoria en estas fechas. Una de ellas, de hecho, ya estuvo en 1976 en los funerales. También estaban recorriendo la ciudad e intentando sumarse a alguna movilización dos parejas “de la provincia de Gerona”, dicho en castellano. Conocían la historia y buscaban aprovechar la coincidencia de su estancia en la capital vasca para empaparse más de ella, según contaban en el medio de la Virgen Blanca.

La asamblea de San Franscisco de Asís estaba programada para las 17.00 horas del 3 de marzo de 1976. A esa hora, la asociación Martxoak 3 y los sindicatos ELA, LAB, Steilas y ESK habían convocado un acto allí mismo. Allí se ha dicho que “el tiempo pasa pero la dignidad de la lucha obrera sigue intacta”. “Eran y son. Estuvimos y estamos”, han resumido. Después, en columna, la reivindicación ha pasado al centro de la ciudad. A las 18.30 horas, aproximadamente, se han empezado a llenar los alrededores de la catedral, Prado y la Virgen Blanca.

Justo en ese momento, el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, ofrecía una misa de honor. Ha destacado que los templos católicos fueron refugio de las asambleas obreras perseguidas en la cercanía. Su organización, ha dicho en la homilía, fue “referencia de cercanía” con “el mundo del trabajo”. Mirando al Memorial, ha puesto en valor el “aporte” de la Iglesía, que persigue un relato “objetivo”, que “nadie pueda patrimonializar, ideologizar ni usurpar la verdad histórica de aquellos meses y años”.

La fotografía más multitudinaria, con todo, ha sido la de la Virgen Blanca. En una imagen muy potente, el salón de Vitoria se ha colmado, como lo hace el 4 de agosto con Celedón o como lo hizo hace solamente unos días con la Copa del Rey del Baskonia. El acto ha arrancado cuando se ha abierto paso la marcha con los rostros de los cinco fallecidos -también proyectados en una pantalla gigante- y con las letras de “Justizia”. Víctimas como Andoni Txasko iban al frente.

Había quien los saludaba con un puño en alto; otros lo hacían con el signo de victoria. Algunos presentes portaban velas, que han brillado mucho más cuando han caído las últimas luces. Otros, simplemente, aplaudían. En la plaza se mezclaban jóvenes y mayores, mujeres y hombres. Era abundantísima la presencia de los medios de comunicación.

Han sido miles y miles las personas congregadas en la Virgen Blanca. Sindicalistas repartían pegatinas conmemorativas, otros letras con las canciones que luego se han cantado y algunas organizaciones como la pequeña OCR (Organización Comunista Revolucionaria) aprovechaba para repartir folletos como hacía hace medio siglo. En la masa también se han colado otras reivindicaciones presentes, sobre todo la de Tubos Reunidos, donde se ha amenazado con 300 despidos que darían una estocada más a la economía del norte de Álava.

La actuación de Jon Maia ha sido de lo más aplaudido. Ha dicho, por ejemplo, que “algunos nacieron en Vitoria y ahora viven en Gasteiz”, en referencia a los cambios que ha vivido la ciudad en estas décadas. Ha sonado, igualmente, 'Campanades a mort', el regalo del catalán Lluís Llach a la ciudad hace medio siglo. Amparo Lasheras ha ofrecido también un discurso en el que ha subrayado la “responsabilidad horizontal”. Nerea Martínez, sobrina de uno de los cinco asesinados y portavoz de Martxoak 3, ha insistido en que “el Estado reconozca su responsabilidad directa”, dando a entender que lo acordado en este aniversario es insuficiente.

Se han escuchado gritos de “¡Policía asesina!” o de “Borroka da bide bakarra!”. La multitud ha cerrado el acto coreando la Internacional en euskera -algunos puño en alto- y el 'Euzko gudariak'. La mayoría sindical abertzale ha recordado a los presentes que el día 17 hay huelga general convocada. Justo al final, frisando las 20.00 horas, desde la balconada e San Miguel se han prendido bengalas.

En marzo de 1976, Fraga pidió que lo ocurrido en Vitoria sirviese de “ejemplo” para España. Se refería a que la Policía iba a reprimir las 18.000 huelgas que se estaban reproduciendo un país que aún no se había desquitado del candado de la dictadura. “Hoy, 50 años después, se ha juntado en mundo en Vitoria. No esperaban esto”, ha recitado Jon Maia, haciendo ver que la “lección” iba en sentido contrario.