Vitoria relee a María de Maeztu en el centenario del Lyceum femenino: “Soy feminista, me avergonzaría de no serlo”

Rubén Pereda

Vitoria —
4 de noviembre de 2026 21:45 h

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En Vitoria, frente al portal de la casa en la que nació María de Maeztu, el fórum feminista que lleva su nombre le ha rendido este miércoles un homenaje y ha pedido que sea nombrada hija predilecta, que se la recuerde con una calle de la ciudad (aunque en el callejero sí figura un parque que la honra) y que se instale una placa conmemorativa. La fecha elegida para el acto no ha sido casual: este miércoles, 4 de noviembre, se ha cumplido el centenario de la inauguración oficial del Lyceum femenino de Madrid, buque insignia del desarrollo tanto social como cultural de las mujeres, que tuvo como primera presidenta precisamente a Maeztu.

Nacida en 1881, María de Maeztu y Whitney estudió en Vitoria primero y en Salamanca después, para más adelante ser maestra en Bilbao. Tras aprovechar una beca para estudiar pedagogía en Londres, se instaló en Madrid, donde dirigió la Residencia de Señoritas. El fórum feminista ha subrayado que Maeztu “llevó a cabo una destacada labor en pro de la educación superior de las mujeres y de su incorporación a la vida activa”. Pasaron por las instalaciones de la residencia figuras de la talla de Marie Curie y María Montessori, y fue también allí donde Federico García Lorca recitó por primera vez su 'Poeta en Nueva York'.

¿Qué huella dejó Maeztu? Gracias a “la solidez de su pensamiento pedagógico”, han sostenido frente a su casa natal, “fue una pedagoga avanzada y una pensadora que hablaba de educación, feminismo, ética y cultura, con una autoridad reconocida a ambos lados del Atlántico”. Fue “mujer de acción, viajera, infatigable conferenciante de éxito, con gran proyección en España y en América”.

El fórum ha hecho incluso una propuesta de placa. “Feminista, pedagoga, directora de la Residencia de Señoritas, primera presidenta del Lyceum Club Femenino y miembro de la Asamblea Nacional Consultiva”, se podía leer en el esbozo. “María de Maeztu fue una mujer sabia que puso su vida y su talento al servicio de la igualdad y del progreso”, han proclamado este miércoles.

Para concluir, las organizadoras del acto y el resto de asistentes han leído al unísono unas palabras de Maeztu, que han servido también para confeccionar unos marcapáginas que se han repartido entre el público. “Soy feminista; me avergonzaría de no serlo, porque creo que toda mujer que piensa debe sentir el deseo de colaborar, como persona, en la obra total de la cultura humana”, se ha podido oír frente al que fuera su domicilio.

Centenario del Lyceum femenino

El Lyceum Club Femenino de Madrid, con ese nombre completo, echó a andar en la capital española en abril de 1926. Unos meses más tarde, concretamente el 4 de noviembre (fecha de la que se cumple ahora el centenario), se inauguró la Casa de las Siete Chimenea, su primera sede. En la actualidad, el Ministerio de Educación tiene allí algunas dependencias.

Además de Maeztu, que se desempeñó como primera presidenta, en su nómina de ilustres figuró también el nombre de la escritora vitoriana Ernestina de Champourcín, así como el de Benita Asas, nacida en Donostia y fallecida en Bilbao. Otras impulsoras fueron Clara Campoamor, Elena Fortún, Victoria Kent y Concha Méndez. Había políticas, escritoras, intelectuales, artistas. Con esas figuras —señala Rocío González Naranjo en su obra 'Marisabidillas, frívolas y peligrosas', publicada este mismo año— podía entenderse la “historia cultura, política y social” de la España que iba desde la generación del 98 hasta la del 27.

El Lyceum nació con diversas secciones, que se ampliaron con el paso del tiempo. Según González Naranjo, hubo las siguientes: Social, Música, Artes Plásticas e Industriales, Literatura, Ciencias, Internacional, Hispanoamericana, Deportes y Excursionista y Recreos. Acuciado por ataques que llegaban de todos los frentes (la prensa y la Iglesia, por ejemplo, pero no solo), el Lyceum desarrolló una intensa labor cultural. En su libro, González Naranjo contabiliza hasta 578 actividades con reseñas en prensa. Hubo teatro, exposiciones, conciertos, danza, homenajes, cursos de formación.

Cristóbal de Castro, en un comentario publicado en la revista 'La Esfera' el 4 de diciembre de 1926, señalaba que los estatutos del Lyceum estaban “inspirados en esa evolución de la mujer, aislada y subalterna, hacia la mujer social é independiente”.

Al Lyceum no podía sumarse cualquiera. Los hombres estaban vetados. Entre las mujeres, no todas tenían las puertas abiertas. Apunta González Naranjo que buscaban “no animar a los sectores más conservadores a desacreditar la labor feminista del centro”, por lo que se sometía a las candidatas a un proceso de selección en el que se evaluaba que cumpliesen con unos requisitos; se valoraba que fueran “mujeres casadas, honorables y solventes”, porque ello transmitía buena imagen.

Se buscaban, en definitiva, mujeres “irreprochables”. A la poeta Margarita Ferreras, de quien se decía que llevaba una vida “un tanto sospechosa”, se la vetó. Hubo pocos casos así, sin embargo, y pertenecieron al club mujeres lesbianas y otras que habían decidido vivir solteras o, cuando ya se pudo con la llegada de la Segunda República, divorciadas.

Se ha descrito el Lyceum como un “templo del saber femenino”, con muchos esfuerzos dedicados a enseñar e instruir. Pero las integrantes también izaron la bandera de varias luchas feministas de la época. Una de ellas fue la lucha contra el artículo del Código Penal que, de alguna manera, avalaba el uxoricidio, porque atenuaba la condena del hombre que matase a su mujer si la había sorprendido siéndole infiel. No fue la única batalla que libraron. Pelearon también por la abolición de la “lacra” de la prostitución y se afanaron en labores de divulgación feminista; crearon una casa para hijos de pobres e impulsaron iniciativas para ayudar a los ciegos, incluyendo tareas como la de traducir libros al braille.

“El Lyceum se definió como un club aconfesional y apolítico, acogió importantes iniciativas culturales, jurídicas y sociales. Es el espacio que por primera vez en Madrid y en España permitió la asistencia libre a las mujeres, que tenían vetada la entrada a cafés y tertulias”, han relatado hoy integrantes del fórum feminista. “Acogió importantes, importantísimas iniciativas culturales, tertulias literarias, una impresionante biblioteca y estudió leyes y propuestas legislativas, como el derecho al voto de las mujeres, el divorcio y la despenalización del adulterio. Contó con más de 500 socias, entre ellas científicas, escritoras, pintoras, escultoras, juristas, feministas y escritoras”, han abundado.

Pero estalló la Guerra Civil. La contienda, en palabras de González Naranjo, escribió un “amargo epílogo” para el Lyceum. “Al terminar la guerra, quedaba poco del espíritu del Club”, sostiene en su obra, y apunta al exilio, el silencio, la depuración y la represión como causas del fin del club, cuya desaparición se selló en 1939.