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Un desafío literario: 'Dudak dakarrena', una novela sólo con palabras con 'd' de Itziar Aranburu y Jon Ander García

¿Hasta dónde puede llevarte una letra? Itziar Aranburu y Jon Ander García llevan años jugando con las posibilidades del lenguaje, pero esta vez decidieron llevar el experimento un poco más lejos. Lo que comenzó como un juego terminó convirtiéndose en una novela en la que ninguna palabra escapa de la letra 'd'. La editorial Pamiela ha presentado este miércoles 'Dudak dakarrena', una obra intraducible del euskera colectivo artístico Bigara que convierte las restricciones del lenguaje en el punto de partida de una historia dirigida principalmente al público adulto.

La idea surgió de manera natural, sin una intención inicial de escribir una novela. Aranburu y García, siendo pareja y ambos profesores de diseño gráfico, llevan alrededor de tres décadas trabajando juntos en distintos proyectos artísticos. Por ejemplo, ya habían experimentado con retos lingüísticos en su anterior publicación, 'Abere ba', un libro de palíndromos también publicado por Pamiela en 2020.

A partir de ahí, comenzaron a jugar con la fonética y las posibilidades del euskera hasta llegar al tautograma, una composición en la que todas las palabras empiezan por la misma letra. Primero probaron con la 'b', pero pronto comprobaron que ofrecía poco margen. La 'd', en cambio, contaba con unas 1.500 entradas en el diccionario y una mayor variedad de verbos. “Puedes contar muchísimas cosas, prácticamente lo que quieras”, recordaba Aranburu mientras conversaba con este periódico.

El proceso se prolongó durante cinco años, aunque no siempre pudieron trabajar en él de manera continuada. La historia fue tomando forma a medida que encontraban palabras con las que construirla. Algunas incluso terminaron condicionando el carácter de los personajes y los acontecimientos, que adquirieron cierta sensación de decadencia a partir del vocabulario disponible. La limitación también les obligó a buscar soluciones propias: el dromedario protagonista, por ejemplo, necesitaba una palabra para nombrar su joroba y acabaron recurriendo a 'dondor', aludiendo a 'tontor' que significa cumbre. “El hecho de ponerte ese límite te anima a buscar caminos creativos”, ha explicado Aranburu, que resume la experiencia como “un reto”. O, con 'd', un “desafío”.

Aunque Itziar Aranburu asumió principalmente la escritura, el proceso fue también un trabajo compartido. Jon Ander García estuvo presente durante la redacción, aportando opiniones y ayudando a dar forma a la historia. Para ambos, la creatividad no sigue un recorrido lineal: requiere probar, descartar y volver a empezar. Esa misma forma de trabajar terminó trasladándose a las ilustraciones, que García incorporó al proyecto después de avanzar con el texto.

La restricción lingüística tampoco es un simple juego formal. Detrás de ella, la novela plantea una reflexión sobre el tiempo, la incertidumbre y la necesidad de convivir con las dudas. Aranburu ha comentado que, entre las palabras disponibles, el tiempo ('denbora') y la duda fueron adquiriendo protagonismo, hasta convertirse en dos de los ejes de la historia. La narración aborda así cuestiones existenciales como la relación con el paso del tiempo, la pertenencia o el miedo a sentirse olvidados, además de la necesidad de cuestionar aquello que parece inamovible.

García reivindica precisamente la duda en un momento en el que, a su juicio, no siempre está bien vista. Frente a la exigencia de tener respuestas y certezas, considera necesario seguir preguntándose por las cosas y estar dispuestos a cambiar de opinión. “Cuando aprendemos, desaprendemos, tomamos decisiones, construimos y cambiamos”, le ha afirmado a este medio. Dudar permite revisar lo aprendido y volver a mirar la realidad desde otro lugar, concluían los autores.

El mismo cuidado por las reglas se trasladó a la parte visual del libro. García se encargó de ilustrar los personajes y los objetos, mientras que Aranburu diseñó digitalmente las letras capitulares. El trabajo pasó por un largo proceso de ensayo y error para encontrar la técnica, los materiales y el trazo que mejor encajaran con el texto. También decidieron limitar las ilustraciones a una única gama de azul profundo. Si la novela estaba construida bajo una condición tan estricta, los dibujos necesitaban una regla propia. El color, que ambos relacionan con el mundo onírico y los sueños, terminó de definir la atmósfera visual de la obra.

La obra está dirigida principalmente a lectores adultos y a personas interesadas en los juegos lingüísticos y la experimentación con el idioma. Para sus autores, sin embargo, la edad no determina necesariamente el interés por este tipo de propuestas: lo importante es tener curiosidad por las palabras y ganas de jugar con ellas.

La novela llega, además, acompañada de su participación en Literaktum. Es la primera vez que el colectivo forma parte del festival literario donostiarra, una oportunidad que ambos reciben con ilusión por el espacio que ofrece a los creadores y al mundo de la literatura. Bigara cuenta con una exposición en la que convivirán los textos y las ilustraciones y que permitirá conocer el proceso creativo de ambas partes.

Además, Aranburu y García mantendrán dos encuentros abiertos al público: el primero, dedicado al libro, será el 18 de noviembre a las 19:00 horas; el segundo, centrado en la ilustración, tendrá lugar el 10 de diciembre, también a las 19:00 horas. Por último, el 17 de diciembre llevarán la propuesta un paso más allá con una fiesta en Dabadaba —también con 'd'—, donde sus colaboradores participarán recitando, actuando o cantando.