Cáceres 2031: El riesgo de una ‘Transcultura’ de cartón piedra

Es más que obvio que este relato de vanguardia que nos quieren vender colisiona, sobre todo, con una realidad institucional que parece empeñada en el anacronismo: la reciente declaración de la ciudad como ‘Municipio Taurino de Extremadura’. En estos momentos, esto no ha sido una decisión aislada sino la banderilla por la que se desangra la coherencia de toda una candidatura.

No estamos ante un debate sobre gustos estéticos, sino ante una colisión de cosmologías. Europa no premia cualquier modelo cultural. A través de sus políticas y programas de financiación, impulsa una cultura orientada a la cohesión social, la diversidad, la libertad de expresión y el pensamiento crítico. Es decir, una cultura que construye ciudadanía y refuerza valores democráticos. En ese marco, resulta contradictorio aspirar a un reconocimiento como capital cultural europea mientras se institucionalizan prácticas que se sostienen sobre la violencia hacia los animales, cada vez más cuestionadas en el propio contexto europeo y esto sitúa a Cáceres en la periferia de la sensibilidad ética continental.

Esta desconexión no es solo simbólica, sino que ignora advertencias de calado internacional. El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas ha sido taxativo: España debe alejar a los menores de la tauromaquia para proteger su desarrollo emocional. Ignorar estas recomendaciones desde un ayuntamiento que aspira a la excelencia cultural europea no es simplemente una imprudencia.

Una caída en el ranking de excelencia

La falta de un rumbo cultural claro ya está pasando factura en los indicadores de prestigio. Es necesario recordar que Cáceres logró un hito excepcional en 2021: entrar en el selecto ‘Top Ten’ de las ciudades con mejor oferta cultural de España. Fue una proeza para una ciudad de su tamaño, compitiendo de tú a tú con gigantes como Madrid, Barcelona, Bilbao o Málaga. Aquella décima posición fue el reflejo de una ciudad vibrante y ambiciosa culturalmente.

Sin embargo, el espejismo se desvanece. En el reciente Observatorio de la Cultura de 2025 (publicado este enero de 2026), Cáceres ha caído hasta el 15º puesto. Esta pérdida de cinco posiciones en el ranking nacional es el síntoma de una gestión que ha sustituido el impulso creativo por la inercia institucional.

Del budismo al silencio: El caso de la 'Ciudad de la Paz'

La incoherencia del actual gobierno local alcanza su cénit con el boicot a proyectos que sí encajaban en ese concepto de ‘Transcultura’. Resulta paradójico que, mientras se abraza el rito taurino, se pongan trabas hasta hacer caer el proyecto ‘Gran Buddha’ y su 'Ciudad de la Paz'.

Este complejo budista, que incluía la construcción de un monasterio, una estatua de Buda de 47 metros y un centro de bienestar y meditación, aspiraba a convertir a Cáceres en un referente mundial de la espiritualidad y el diálogo intercultural. Era un proyecto de paz, formación y atracción de un turismo de calidad que buscaba la calma, no el estrépito de la plaza. Su descarte por falta de voluntad política reafirma que no hay una apuesta real por la diversidad cultural, sino un repliegue hacia lo de siempre.

De la cultura viva al escaparate privado

Esta falta de coherencia se extiende al resto de la política cultural: la privatización de lo común. La cesión de espacios públicos a entidades privadas, mientras se desplaza a instituciones educativas vitales como la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) o el Conservatorio de Danza, muestra qué tipo de “cultura” busca el gobierno local. Se prefiere el contenedor de prestigio y la marca privada frente a la formación artística y la creación joven. Se vacía el centro histórico de su pulso cotidiano para convertirlo en un decorado para el visitante. Lo mismo que con el Festival de Cine Español que directamente se ha desvinculado de la candidatura para Capital Europea de la Cultura 2031 por la falta de apoyos y por la dejadez institucional.

Y hablando de falta de lógica, otra muestra: porque la incoherencia no solo se mide en ránkings, sino en el desprecio a proyectos locales de éxito contrastado. Resulta sangrante que iniciativas como el Irish Fleadh hayan sido inicialmente rechazadas en la programación de la candidatura bajo el pretexto de una supuesta falta de “dimensión europea”. Es un argumento casi cómico (y dramático) cuando hablamos de un festival que lleva años hermanando a músicos de Irlanda, Reino Unido y el continente con el patrimonio extremeño. Que a un pilar de la cultura viva de la ciudad se le envíe una carta de rechazo estándar es, sencillamente, no haber entendido nada de lo que significa ser una Capital Cultural.

El dossier contra la realidad

Cáceres tiene el potencial, pero la ‘Transcultura’ no puede ser solo un concepto pegadizo en un dossier brillante. La cultura es una forma de entender el mundo y de relacionarnos con los otros seres vivos. No se puede pedir el respaldo de Europa mientras se subvenciona el sufrimiento, se ignora a la ONU, se espantan proyectos de paz internacional y se desplaza a estudiantes de arte o se ignora al cine de proyección internacional.

La ciudad aún puede elegir entre ser un referente de innovación o un reducto de anacronismos. Para que 2031 sea una oportunidad de progreso y no un simple espejismo, Cáceres necesita valentía política y honestidad intelectual. Ojalá 2031 sea el año en el que Cáceres consiga la capitalidad cultural, pero que lo haga siendo una ciudad repleta de cultura viva y vacía de violencia ritualizada y complejos frente a la modernidad. La modernidad de la buena.