Ikea y el salario mínimo: un Excel para asegurar la dignidad de los trabajadores

Ikea vuelve a sorprender y esta vez no se trata de una campaña publicitaria sino de una subida del sueldo de sus empleados en Estados Unidos. La novedad está en que, para llevar a cabo esa revisión del salario, la compañía sueca ha decidido utilizar una hoja de cálculo elaborada por Amy Glasmeier, profesora de geografía económica y planificación regional en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés).

La idea para elaborar la tabla surgió al plantearse Glasmeier, tras varios viajes por distintos rincones del planeta, por qué en ciertos lugares existen índices tan altos de pobreza. La respuesta, para la profesora, se encontraba en el número de personas que cobraban el salario mínimo, que “no estaba aportándoles lo suficiente para vivir”.

Por ello, decidió crear la 'MIT Living Wage Calculator' (la calculadora de salario mínimo del MIT), una hoja de cálculo gigante que fue completada con ayuda de sus alumnos más destacados, empleando los datos regionales más completos disponibles sobre coste de alojamiento, alimentación, cuidado de niños, gastos médicos, transporte y un apartado con 'otros gastos' que incluía un presupuesto reducido para comprar ropa, artículos básicos, etc.

El funcionamiento de la hoja de cálculo es bastante simple: suma todo esos costes iniciales y los divide por el número de horas que una persona trabaja normalmente al año. El resultado es la tarifa por hora que un trabajador debe cobrar para vivir dignamente.

Desde que Glasmeier creó esta 'calculadora', algunas pequeñas empresas habían comenzado a utilizarla, pero el invento era relativamente desconocido hasta que hace unas semanas Ikea anunció hizo pública su decisión de utilizarla para fijar el salario mínimo de sus empleados en EE.UU., lo que supondrá una subida del 17% respecto a la cifra actualmente estipulada por la empresa.

“Es un método más equitativo que muchos de los sistemas de cálculo que se aplican en la Unión Europea”, asegura David Rodríguez Ordóñez, experto en derecho del trabajo. “Si bien faltaría un análisis más profundo, es un punto de partida para que el salario mínimo realmente sea un instrumento de supervivencia y no un importe fijado por una serie de 'expertos' en base a factores, a veces, interesados. En el caso de IKEA en Estados Unidos tiene en cuenta, por ejemplo, variables locales como la fiscalidad de cada estado, factor que es un buen punto de partida”.

No te hagas ilusiones

Si eres trabajador de la compañía y te estás frotando las manos esperando que la medida llegue a nuestro país, no vayas tan deprisa porque, según ha confirmado Ikea Ibérica a HojaDeRouter.com, “en estos momentos no se plantea este cambio para sus empleados en España”.

La rama nacional de la compañía explica que, a la hora de establecer sus salarios, se basa en el Convenio Colectivo de Grandes AlmacenesConvenio Colectivo de Grandes Almacenes. “Éste marca el salario anual para cada categoría profesional y las horas anuales que realiza un trabajador. El cálculo del salario/hora por trabajador resulta de dividir el salario entre las horas anuales”, explican.

La firma también ha precisado que, al contrario de lo que sucederá con la nueva calculadora en EEUU, donde cada empleado con sueldo mínimo percibirá una cantidad distinta en función de la zona en la que se encuentre, en España “un empleado en un determinado puesto cobra lo mismo en cualquier tienda, independientemente del lugar geográfico en el que esté”.

El salario mínimo en España

Tal y como explica el experto de la OIT Andrés Marinakis, pese a que la mayor parte de los países del mundo aplican una política de salarios mínimos, los sistemas implementados presentan importantes diferencias: “en un extremo se encuentran países que aplican salarios mínimos diferenciados por regiones geográficas, por rama de actividad y/o por ocupación, en una estructura que llega a contar con cientos de valores específicos. En el otro extremo, hay países que cuentan con un único nivel de salario mínimo de aplicación general a todos los trabajadores asalariados del territorio nacional. Entre ambos extremos, se encuentra una amplia gama de posibilidades que buscan dar una mejor respuesta a la necesidad de establecer un piso efectivo al sistema de remuneraciones”.

En el caso de España, el salario mínimo interprofesional (SMI) es único, y se fija cada año por parte del Gobierno mediante la publicación de un Real Decreto. La teoría establece que para determinarlo se consideren de manera conjunta el Índice de Precios de Consumo (IPC), la productividad media nacional, el incremento de la participación del trabajo en la renta nacional y la situación económica analizada de forma general. Así, en 2014, el salario mínimo en nuestro país está fijado en 645,30 euros al mes con 14 pagas.

Sin embargo, según los expertos, esa teoría que establece cómo calcularlo en la práctica “no se cumple”: “Entre 1999 y 2004 el SMI siempre se incrementó un 1% o 2% anual, pese a que el IPC siempre estuvo entre el 2% y 4% anual y el incremento del PIB entre el 3% y 5% en dichos años. De repente, en 2005 se incrementa un 13% para llegar al importe simbólico de 600 euros. Eso quiere decir que el sistema de cálculo se dejó de lado con tal de subir el nivel de vida de los españoles, una iniciativa loable pero que dejó entrever que el establecimiento del SMI funciona según sople el viento a favor o en contra. De 2006 a 2009 se incrementó un 4-5% anual, y de 2010 a la actualidad los incrementos son del 1% o directamente la congelación, tal y como ha sucedido dos veces desde que gobierna el PP”, explica Rodríguez Ordóñez.

De este modo, asegura el experto, para una familia de tres personas (padres trabajadores con un hijo en edad escolar) sobrevivir “con dignidad” con dos sueldos mínimos es prácticamente imposible. “La consecuencia es un empobrecimiento progresivo de los trabajadores”, lamenta. “En nuestra opinión, el salario mínimo debe garantizar unos ingresos mínimos para vivir con dignidad, reflejando de forma clara las fluctuaciones del coste de la vida en el día a día de las personas. Más que un salario mínimo interprofesional, quizás deberíamos hablar de un salario mínimo vital”.

¿Será la calculadora del MIT la solución? ¿Llegará algún día a España? Esas son preguntas que, de momento, permancen sin respuesta. Habrá que seguir con atención las pruebas estadounidenses de Ikea.

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