Elsa Punset: “La salud mental depende de políticas de vivienda, condiciones laborales dignas y la construcción de una comunidad”
Elsa Punset (Londres, 62 años) recuerda algo que casi todos hemos olvidado: el cerebro humano conserva mecanismos heredados del Paleolítico, cuando primaban las emociones básicas como la ira, la tristeza o el asco y no había apenas cabida para la alegría. Lo importante, entonces, era la supervivencia. Para eso, para continuar habitando en la faz de la tierra, estas emociones desempeñaban -y todavía desempeñan- un papel “fundamental”, asegura la divulgadora científica.
Lo hace sobre el escenario del Palacio de Congresos de Santa Eulària, en Eivissa, donde se ha desarrollado este fin de semana la segunda jornada de la séptima edición del Ibiza Wellness. Punset es una de las ponentes de una convocatoria centrada en la salud física y mental, la inteligencia emocional y la búsqueda del bienestar.
La necesidad de encontrar esa paz personal se ha convertido en una misión casi enfermiza en el siglo XXI. Mientras el siglo XX estuvo marcado por la “preocupación” por nuestro estado físico, el actual está llamado a ser el siglo “de la salud mental”, valora Punset. Ese ahínco por profundizar en la mente proviene de las dificultades derramadas de la inestabilidad que caracteriza la trayectoria vital. “Hay una necesidad muy humana de comprender cómo vivir, cómo afrontar las pérdidas y cómo querer y sentirse querido. Por eso, cuando alguien pone palabras a lo que sentimos, encontramos cierto alivio”, atestigua.
Estas ideas son las que vertebran desde hace años su trabajo, a través del que busca proporcionar -sobre todo con conferencias, talleres y también con sus libros, el último, ‘Alas para volar’, publicado en 2025- herramientas emocionales para sobrevivir en un contexto hostil que ya no es el Paleolítico pero tiene nuevas adversidades. “Necesitamos poder detenernos y preguntarnos: ¿qué me pasa?, ¿qué necesito?, ¿estoy viviendo como quiero o simplemente reaccionando a lo que me llega?”.
En el año 2030, la mayoría de la población vivirá en grandes ciudades, entre ruido e interrupción, recuerda Punset frente al auditorio ibicenco. Esto supone que, quizá, el torrente de malestar de la ciudadanía provenga más de un ámbito social -estresante, injusta- que de una esfera más personal e individual. A eso, además, se suma la “paradoja” de que vivimos rodeados de promesas de bienestar y de estímulos para consumir, que es lo que “interesa al sistema”, mientras que muchas personas “lo que echamos de menos es el tiempo, la conexión, la seguridad, los vínculos y un propósito”, apunta la divulgadora ante elDiario.es.
- ¿Estamos intentando resolver individualmente problemas que tienen causas sociales?
- Rotundamente sí. Debemos denunciarlo alto y claro. Hemos avanzado al reconocer que la salud mental importa, pero corremos el riesgo de situar toda la responsabilidad en la persona: que gestione mejor su estrés, que se organice, que aprenda a desconectar. Todo eso puede ayudar, pero hay que preguntarse de dónde viene ese estrés. Si alguien vive con miedo a perder su casa, encadena empleos precarios o se siente solo, tenemos que mirar esas condiciones de vida. No podemos vivir sobre adaptándonos a un mundo que nos enferma. La salud mental también depende de políticas de vivienda, condiciones laborales dignas y con espacios y servicios que ayuden a construir comunidad.
- ¿Qué consecuencias tiene la inseguridad derivada de la crisis habitacional? Es difícil hablar de bienestar cuando están en riesgo las necesidades básicas.
- Una casa es mucho más que un techo: es el lugar desde el que puedes descansar, echar raíces y pensar en el futuro. Cuando no sabes si podrás pagarla o cuánto tiempo podrás quedarte, esa incertidumbre puede ocupar una parte enorme de tu vida. Y hay algo especialmente doloroso: acabar interpretando como un fracaso personal una dificultad que comparte muchísima gente. Trabajas, te esfuerzas y aun así no puedes emanciparte o vivir con tranquilidad.
Hay algo especialmente doloroso: acabar interpretando como un fracaso personal una dificultad que comparte muchísima gente. Trabajas, te esfuerzas y aun así no puedes emanciparte o vivir con tranquilidad
Entre la explotación turística y el bienestar local
El Ibiza Wellness se enmarca en la apuesta de la industria turística de Balears por la desestacionalización y por atraer visitantes a través de una oferta basada en la calidad y no en la cantidad. Ese balance entre la explotación turística y la calidad de vida de la población local es complicado en un territorio muy marcado por la grave crisis de vivienda. En el archipiélago, uno de cada cinco personas están en riesgo de exclusión social a pesar de tener un trabajo a jornada completa, según un informe de FOESSA.
Las herramientas emocionales pueden ayudarnos a comprender lo que sentimos, tomar decisiones y buscar apoyo, pero no se pueden utilizar para exigir que alguien “soporte indefinidamente unas condiciones injustas”, explica Punset.
Saber discernir lo que depende de nosotros y lo que no -más ligado al contexto- es una de las claves para poder afrontar las dificultades que se presenten. No es lo mismo torear un problema con estabilidad económica y una red de apoyo que hacerlo en una situación de precariedad. Sin embargo, esa diferencia evidente en el punto de partida se termina por olvidar y deja a veces paso a la autoflagelación.
Un contexto de desconexión ambiental
“Creo que entramos en un tiempo en el que los ciudadanos vamos a tener que ponernos manos a la obra para corregir una gestión política que se ha dejado colonizar en buena medida por los mercados y los intereses de unos pocos”, sigue Punset. Las herramientas sirven para tener la capacidad de detectar cuando algo es perjudicial para nosotros y de buscar formas de cambiarlo. También junto a otras personas.
En 2025, en un momento crítico marcado por la desconexión ambiental, el aislamiento urbano y el malestar psicológico, Punset puso en marcha la Fundación Punset Terraviva para impulsar proyectos que conecten la naturaleza con el bienestar humano.
Desde los centros de salud de Las Rozas (Madrid), una de las iniciativas que puso en marcha fue la prescripción verde, otorgada por los médicos de cabecera y mediante la que se receta el contacto con la naturaleza. La iniciativa defiende la creación de barrios verdes, biodiversos y habitables, donde los espacios naturales formen parte de la cotidianidad.
“Somos naturaleza”, recuerda la escritora, quien critica que hayamos evolucionado durante cientos de miles de años en contacto con otros seres vivos, pero en apenas unas generaciones hayamos pasado a vivir rodeados de “asfalto, tráfico y pantallas”. Esta desconexión, incide, tiene claras consecuencias para la salud mental. De hecho, diversos estudios han relacionado con una mayor exposición a determinados trastornos, añade.
La resiliencia de la generación Z
La afectación por esta falta de vínculo por el entorno natural recae sobre todo en las generaciones jóvenes, a las que normalmente se dirige a través de redes sociales el actor Joaquín Caserza, cuyo show Conversaciones con mi mente precedió a la ponencia de la hija del también divulgador científico Eduardo Punset. En uno de sus últimos posts, Caserza reivindica, precisamente, que “no todo está en la mente”. El ahora influencer hace hincapié que su contenido se basa en experiencias propias, que comparte desde su papel de intérprete por si ayudan a suscitar preguntas. No desde una formación en Psicología, aunque cuenta “afortunadamente” -expresa- con el apoyo del gremio.
“Está muy bien responsabilizarse y evaluar las propias creencias, pero no podemos sentirnos culpables cuando la salud mental también es el contexto, el lugar de nacimiento y los privilegios que se tienen”, subraya. Respecto a la “generación de cristal” -la generación Z, que comprende a las personas nacidas entre 1997 y 2012-, alega que le hace “gracia” la etiqueta cuando es la “primera” que se ha tenido que enfrentar a “la inteligencia artificial, a unos precios tan elevados de vivienda y a un futuro sin ningún tipo de certezas”, declara a elDiario.es.
Eivissa se ha promocionado durante el Ibiza Wellness como un “paraíso del bienestar”, según palabras de Abel García, técnico de Fomento del Turismo de Eivissa. El evento ha incluido clases de yoga y pilates, una sesión de meditación, un showcooking, una mesa redonda sobre emprendimiento femenino y un concierto de la música madrileña Sandra Bernardo, entre otros. Durante la primera noche de celebración, Sant Joan fue el escenario elegido para una representación teatral con la diosa Tanit -símbolo principal de la mitología ibicenca- y una muestra de ball pagès.
García destaca la voluntad de mostrar la diversidad de propuestas que ofrece la pitiusa, dando cabida a la población local y contando con invitados de proyección internacional y reivindicó la importancia de atraer visitantes durante todo el año, sin “demonizar” el turismo. La edición se ha celebrado justo antes de que, en el primer trimestre de 2028, esté prevista la inauguración de la segunda fase del Palacio de Congresos, que permitirá aumentar la capacidad de la infraestructura de 500 a casi 2.000 asistentes. Unas obras que persiguen dilatar la temporada turística y desfocalizar Eivissa del turismo de sol, playa y clubes nocturnos.