Cómo se convirtió el Estado de Israel en el gran modelo de la extrema derecha internacional
Hoy Israel celebra elecciones y Benjamín Netanyahu se juega su liderazgo como primer ministro tras casi dos décadas de dominio absoluto de la política. Probablemente ya sabrás que a estas alturas tendríamos que estar allí, pero Israel nos ha vetado la entrada. Teníamos todo perfectamente organizado y el vuelo salía el martes pasado, pero unas horas antes, mi compañera Francesca Cicardi recibió el mensaje de que su visado había sido revocado: “No podrá entrar en Israel hasta nuevo aviso”.
Los mandatos de Netanyahu han estado caracterizados por una derechización radical en los que Israel ha pasado de objeto de odio por parte de la extrema derecha, a su gran modelo global. Israel es ahora el gran experimento racista y utopía de la internacional reaccionaria.
“Israel encarna apuestas ideológicas que cautivan a esas extremas derechas: por un lado, bajo el incombustible Netanyahu ha transitado una vía iliberal —e incluso autoritaria— que atrae a los extremistas de fuera y a un sector de la sociedad israelí en vías de fascistización”, escribe el experto en ultraderecha Pablo Stefanoni en su libro 'Un fantasma recorre el mundo: cómo funciona la máquina de guerra reaccionaria (y qué podemos hacer para enfrentarla)'. Precisamente el veto a la prensa crítica es parte del blindaje del Estado liberal con el que sueñan otros políticos ultras.
“Por el otro, Israel ha avanzado hacia un Estado formalmente etnocrático tras la aprobación de la ley de 2018 que establece que Israel es el Estado-nación del pueblo judío. Se trata de una versión etnificada de la ciudadanía mucho más radical de lo que cualquier extrema derecha occidental podría soñar”, explica Stefanoni.
Los viejos nazis cambian de bando
El caso de Austria es el ejemplo perfecto. Hace 26 años, la principal formación de la extrema derecha austríaca, FPÖ, se convirtió en el primer gran partido ultra en entrar en un gobierno en Europa. Indignado, Israel retiró de inmediato a su embajador en Austria y anunció que no permitiría la entrada de su líder, Joerg Haider, al país. Tenían razones para enfadarse: el FPÖ, hoy la formación más votada del país, fue fundado directamente por líderes nazis en 1956. Su primer presidente, Anton Reinthaller, fue miembro de las SS, estuvo encarcelado e incluso llegó a ser diputado nazi en el Reichstag hasta 1945. Aquello no fue una excepción; su sucesor y líder hasta 1978, Friedrich Peter, era otro nazi convencido miembro de las infames Waffen-SS. El propio Haider había alabado las políticas económicas de Hitler y había afirmado que los veteranos de las SS eran honorables.
En 2010, sin embargo, el sucesor de Haider y líder del partido viajó invitado a Israel junto a otros tres líderes de formaciones ultra de Europa: Demócratas de Suecia, Vlaams Belang (Bélgica) y Die Freiheit (Alemania). Allí firmaron la conocida como Declaración de Jerusalén. “Tras la derrota de los regímenes totalitarios del siglo XX, la humanidad se enfrenta actualmente a una nueva amenaza totalitaria a escala mundial: el islam fundamentalista”, señalaba el texto. “Israel, como única democracia auténtica de Oriente Próximo, es para nosotros un interlocutor clave en esta agitada región del mundo. Nos comprometemos sin reservas con el derecho a la existencia del Estado de Israel dentro de unas fronteras seguras y reconocidas por el derecho internacional. Del mismo modo, hay que aceptar el derecho de Israel a la autodefensa frente a toda agresión, en particular frente al terrorismo islámico”.
Los antiguos nazis habían cambiado de bando y la Declaración de Jerusalén fue un punto de inflexión. Días antes también había estado por allí el líder de la extrema derecha de Países Bajos, Geert Wilders: “Nuestra cultura se basa en el cristianismo, el judaísmo y el humanismo y [los israelíes] están luchando nuestra lucha. Si Jerusalén cae, Ámsterdam y Nueva York serán los siguientes”. Israel se había convertido en la fuerza de choque de la extrema derecha europea. A su vez, esta aproximación permitía a las formaciones ultras despojarse de su pasado antisemita y ganar legitimidad. Mientras tanto, Israel ha encontrado en estas formaciones ultras una fuente de apoyo fundamental en un momento en el que el rechazo a las políticas del país no dejan de crecer por todo Occidente.
15 años después de aquello, en 2025 y en pleno genocidio en Gaza, el Likud, el partido de Netanyahu —que ya tenía una orden de arresto de la Corte Penal Internacional—, se convirtió en miembro observador del partido Patriots, la formación ultra europea de la que el FPÖ es miembro fundador. En el partido también está Vox, el PVV de Wilders, Fidesz (Hungría), la Liga de Salvini (Italia) y Agrupación Nacional, de Marine Le Pen, entre otros. “Por la nación, la identidad, la libertad y la defensa de Occidente”, decía entonces Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox. Hasta ahora, Israel se había mostrado más cauto a la hora de mostrar su aproximación al FPÖ, pero el mes pasado dejó de ocultarlo.
Hace un tiempo entrevisté al pensador Enzo Traverso, uno de los grandes historiadores de las ideas del siglo XX, sobre este tema. “Las extremas derechas europeas se identifican con el modelo del sionismo como el Estado religioso y étnicamente puro. Esa esperanza de Estado nación exclusivo de los judíos es lo que busca la extrema derecha en Europa. Este es el planteamiento de Agrupación Nacional en Francia, de Vox en España, de Alternativa por Alemania y de Fratelli d'Italia”, me decía.
El régimen de apartheid contra los árabes, el levantamiento de muros de separación, la consagración de una ciudadanía superior a las demás, la aplicación de distintos sistemas judiciales en función del origen, el uso de la fuerza bruta militar... Son muchos elementos atractivos con los que la extrema derecha occidental solo puede soñar.
Del antisemitismo a la islamofobia
“Los militares israelíes son parte del combate civilizatorio llevado adelante por el Estado judío. Se trata de un típico discurso colonial, utilizado por las potencias en el pasado para justificar la ocupación, e incluso el genocidio, en nombre de valores asociados al progreso y la civilización”, escribe Stefanoni. “La deshumanización del otro por parte de Israel trasciende sus fronteras y contribuye a dar forma a un tipo de 'defensa de Occidente' articulada con discursos reaccionarios, xenófobos y adversos al orden multilateral”.
“Esa transformación habilita a leer las matanzas cometidas por los israelíes en Gaza, antes y después del 7 de octubre, como acciones de un ejército que funcionaría a modo de una avanzada civilizatoria frente a unos palestinos convenientemente deshumanizados, que serían la representación de la amenaza que se cierne sobre Occidente”, añade.
Esa representación la facilita el nuevo objeto del odio de la extrema derecha, que ya no es el judío, sino el árabe y el musulmán. “Las extremas derechas han buscado un chivo expiatorio mucho más eficaz que los judíos: son los árabes e inmigrantes musulmanes. El estereotipo de hace un siglo del judío como anarquista o bolchevique con el cuchillo entre los dientes hoy es el estereotipo del migrante musulmán susceptible de ser un vector de difusión del terrorismo islamista”, me decía Traverso.
Israel ha avanzado hacia un Estado formalmente etnocrático tras la aprobación de la ley de 2018 que establece que Israel es el Estado-nación del pueblo judío. Se trata de una versión etnificada de la ciudadanía mucho más radical de lo que cualquier extrema derecha occidental podría soñar
“El antisemitismo que existe hoy tiene raíces distintas al antisemitismo tradicional y es el producto de una transferencia del conflicto árabe-israelí a Europa. Pero el antisemitismo clásico —prejuicios sobre los judíos como explotadores, ricos, conspiradores— se ha reducido. Por ejemplo, en todos los países de Europa occidental tendrás un problema si buscas trabajo o si quieres alquilar un piso y te llamas Mohamed, no si te llamas Cohen”, decía el pensador italiano.
Pero Stefanoni, sim embargo, cree que el viejo antisemitismo de la extrema derecha sigue presente en muchos casos y, lo que es peor: se compagina con la admiración a Israel. El neonazi estadounidense Richard Spencer sostiene que los judíos liberales están imponiendo un régimen multicultural que permite a negros y morenos desplazar a los blancos. Al mismo tiempo declara: “Yo soy sionista blanco, en el sentido de que me preocupo por mi pueblo, quiero que tengamos una patria segura que nos pertenezca y sea para nosotros. Igual que ustedes quieren una patria segura para Israel”.
Gane o pierda Netanyahu, Israel seguirá siendo el gran modelo ideológico, político y social de la extrema derecha europea. Todos sus rivales relevantes apoyan la guerra y la ocupación y el principal líder opositor es un antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa y uno de los grandes impulsores de la doctrina Dahiye, que se basa en responder de manera desproporcionada a cualquier ataque. “Lo que ocurrió en el barrio de Dahiye, en Beirut, en 2006, ocurrirá en cada pueblo desde el que se dispare contra Israel”, dijo. “Emplearemos una fuerza desproporcionada y causaremos allí grandes daños y destrucción. Desde nuestro punto de vista, no se trata de aldeas civiles, sino de bases militares”. Eisenkot se opone a un Estado binacional democrático para palestinos e israelíes y se opone a la solución de dos Estados. También apoya los asentamientos en territorio ocupado.
Tienes que leer (y escuchar)...
Hoy te traigo dos cositas. El libro de Stefanoni, 'Un fantasma recorre el mundo' (Siglo XXI), en el que el autor desgrana los argumentos clave del arsenal de la ultraderecha. Stefanoni explica, entre otras cosas, por qué la derecha se volvió hipersionista —hasta la alcaldesa de mi pueblo siente la necesidad de destacar en su biografía de redes que es proisraelí—.
Y tienes que escuchar el concierto de Tiny Desk de hace unos días de la banda mexicana Los Tigres del Norte. Hubo mucha polémica porque inicialmente el canal eliminó la introducción del presentador de Tiny Desk, pero luego fue restituido. “Nuestra comunidad está siendo atacada. No es la primera vez. Podemos remontarnos a 1848, cuando cambiaron la frontera. Podemos remontarnos al periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, durante la llamada ‘Operación Espalda Mojada’. Nos arrebatan nuestra humanidad”, dijo el presentador.
El tema que abrió el concierto, 'Somos más americanos', tampoco era casualidad. Aquí te dejo la primera estrofa:
“Ya me gritaron mil veces que me regrese a mi tierra porque aquí no quepo yo; quiero recordarle al gringo que yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó. América nació libre, el hombre la dividió”.