Los conservadores cargan contra Boris Johnson en una dura sesión de control: “Por el amor de Dios, váyase”

Peter Walker / Rowena Mason

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“Por el amor de Dios, váyase”, le dijo este miércoles el destacado diputado tory David Davis, exministro del Brexit, a Boris Johnson en una caótica sesión de control que estuvo marcada por las profundas dudas en torno al futuro del primer ministro.

El complot del pastel de cerdo: los 'tories' novatos se movilizan para destituir a Boris Johnson

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Tras un agresivo cruce de declaraciones entre Johnson y el líder laborista Keir Starmer, Davis se levantó de su escaño para decirle al primer ministro que llevaba semanas defendiéndolo frente a “electores enfadados”, pero que ya eran demasiadas las informaciones sobre fiestas celebradas en la sede del Gobierno en contra de las medidas sanitarias que limitaban el contacto social.

“De mis líderes espero que asuman la responsabilidad por sus acciones. Ayer [Johnson] hizo lo contrario. De modo que le recordaré una cita que tal vez le resulte familiar, la de Leopold Amery diciéndole a Neville Chamberlain: 'Por mucho bien que haya hecho, lleva sentado aquí demasiado tiempo. Por el amor de Dios, váyase'”.

Cuando The Guardian le preguntó por su intervención, Davis respondió que la entrevista concedida el martes por el primer ministro a la cadena de televisión Sky News “no era lo que esperaba de un líder”. “Hasta ahora le había apoyado... Pero eso no es liderazgo”, dijo. “La entrevista de ayer fue un intento de escapar de la responsabilidad, no de asumirla, y eso es un test de liderazgo”.

Se dice que ha habido colegas de partido de menor rango que han presionado a Davis para que haga una declaración pidiendo la marcha del primer ministro, entendiendo que las circunstancias necesitaban la intervención de una “gran figura” como él.

La deserción

Durante la sesión de preguntas al primer ministro y antes de la intervención de Davis, el laborista Starmer había fustigado a Johnson por sus explicaciones en torno a las fiestas en Downing Street, que calificó de “absurdas y francamente increíbles”.

Se ha especulado con la posibilidad de que este mismo miércoles se podría llegar al mínimo de cartas de diputados tories necesario para activar el procedimiento de una cuestión de confianza. A pesar de eso y de que justo antes de la ronda de preguntas al primer ministro el diputado tory Christian Wakeford (legislador por Bury South) protagonizó una deserción hacia las filas laboristas, Johnson hizo una defensa insistente de su comportamiento.

Según un miembro del Gobierno, la deserción de Wakeford ha tenido un efecto “unificador” y “podría poner fin a todo el asunto”. La respuesta a la intervención de Davis fue de indiferencia. Pero, según otro miembro del Ejecutivo, ya se reconoce que el primer ministro está en una situación “precaria”.

El martes por la noche un grupo de tories, entre los que hay una mayoría de novatos, elegidos en 2019, se movilizaron contra el primer ministro para conseguir más cartas y así llegar a las 54 necesarias para activar el proceso de destitución con una votación en el Partido Conservador. Es lo que se ha bautizado como “el complot del pastel de cerdo”, por una de las cabecillas de la revuelta, la diputada Alice Kearns, que representa al distrito donde es típico este manjar.

Boris Johnson esperaba cambiar la conversación con el anuncio del fin de las restricciones sanitarias en Inglaterra aprobadas en diciembre contra ómicron (la obligatoriedad del teletrabajo, los certificados COVID para eventos y la mascarilla en espacios públicos).

Burlas

Starmer aprovechó todas las oportunidades que tuvo para criticar al primer ministro y hasta para burlarse de él. En un momento de su intervención, el líder laborista señaló a los ruidosos escaños de los miembros del Gobierno y preguntó si “el jefe de filas les había dicho que trajeran sus propios abucheos” –juego de palabras por la semejanza fonética en inglés de la palabra “boos” (abucheos) y “booze” (bebidas, de manera informal)–. El chascarrillo de Starmer hacía referencia a la invitación enviada al personal de Downing Street en mayo de 2020 donde se pedía que cada uno llevara su propia bebida.

“Cada semana, el primer ministro se defiende con explicaciones absurdas y francamente increíbles por las fiestas de Downing Street y cada semana se le desmoronan”, dijo Starmer en la Cámara de los Comunes. “Primero dijo que no hubo fiestas, y después apareció el vídeo que echaba por tierra esa línea de defensa. Luego dijo que había sentido asco y rabia al enterarse de las fiestas, hasta que se supo que él también había estado en la fiesta del jardín de Downing Street”.

“La semana pasada dijo que no se había dado cuenta de que estaba en una fiesta y, sorpresa, nadie se lo creyó. Así que esta semana tiene una nueva explicación: nadie me advirtió de que eso iba en contra de las reglas. Dado que el primer ministro es el que redactó las normas, ¿cómo se le ocurre que esta nueva línea de defensa le puede servir?”, dijo Starmer.

El informe

En respuesta a esa y a otras preguntas de Starmer, Johnson dijo que habría que esperar al resultado del informe sobre las fiestas en Downing Street que está elaborando la alta funcionaria Sue Gray. “He dicho todo lo que tengo que decir sobre los acontecimientos en el número 10 [de Downing Street]”, dijo el primer ministro.

Pero Starmer siguió insistiendo con el tema de la explicación aducida por Johnson para participar en un encuentro en el jardín de Downing Street el día 20 de mayo de 2020. “El primer ministro espera que creamos que a todas las demás personas invitadas ese 20 de mayo les dijeron que era un encuentro social, y que solo a él le dijeron que era una reunión de trabajo”, dijo el líder laborista.

“El primer ministro también pide de nosotros que aceptemos imaginarlo pasando por botellas vacías y bandejas de sándwiches sin darse cuenta de que aquello era una fiesta. ¿Se da cuenta el primer ministro de lo ridículo que suena?”. Starmer terminó diciendo que Johnson estaba “tratando de salvar solo un puesto de trabajo: el suyo”.

Johnson replicó hablando de su desempeño en la gestión de la COVID y de las vacunas, diciendo que era “gracias a la labor del personal de todo Whitehall, de todo el Gobierno, de todo el Servicio Nacional de Salud”. Y añadió: “Y estoy profundamente orgulloso de lo que ha hecho este Gobierno”.

Traducido por Francisco de Zárate

“Por el amor de Dios, váyase”, le dijo este miércoles el destacado diputado tory David Davis, exministro del Brexit, a Boris Johnson en una caótica sesión de control que estuvo marcada por las profundas dudas en torno al futuro del primer ministro.

El complot del pastel de cerdo: los 'tories' novatos se movilizan para destituir a Boris Johnson

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Tras un agresivo cruce de declaraciones entre Johnson y el líder laborista Keir Starmer, Davis se levantó de su escaño para decirle al primer ministro que llevaba semanas defendiéndolo frente a “electores enfadados”, pero que ya eran demasiadas las informaciones sobre fiestas celebradas en la sede del Gobierno en contra de las medidas sanitarias que limitaban el contacto social.

“De mis líderes espero que asuman la responsabilidad por sus acciones. Ayer [Johnson] hizo lo contrario. De modo que le recordaré una cita que tal vez le resulte familiar, la de Leopold Amery diciéndole a Neville Chamberlain: 'Por mucho bien que haya hecho, lleva sentado aquí demasiado tiempo. Por el amor de Dios, váyase'”.

Cuando The Guardian le preguntó por su intervención, Davis respondió que la entrevista concedida el martes por el primer ministro a la cadena de televisión Sky News “no era lo que esperaba de un líder”. “Hasta ahora le había apoyado... Pero eso no es liderazgo”, dijo. “La entrevista de ayer fue un intento de escapar de la responsabilidad, no de asumirla, y eso es un test de liderazgo”.

Se dice que ha habido colegas de partido de menor rango que han presionado a Davis para que haga una declaración pidiendo la marcha del primer ministro, entendiendo que las circunstancias necesitaban la intervención de una “gran figura” como él.

La deserción

Durante la sesión de preguntas al primer ministro y antes de la intervención de Davis, el laborista Starmer había fustigado a Johnson por sus explicaciones en torno a las fiestas en Downing Street, que calificó de “absurdas y francamente increíbles”.

Se ha especulado con la posibilidad de que este mismo miércoles se podría llegar al mínimo de cartas de diputados tories necesario para activar el procedimiento de una cuestión de confianza. A pesar de eso y de que justo antes de la ronda de preguntas al primer ministro el diputado tory Christian Wakeford (legislador por Bury South) protagonizó una deserción hacia las filas laboristas, Johnson hizo una defensa insistente de su comportamiento.

Según un miembro del Gobierno, la deserción de Wakeford ha tenido un efecto “unificador” y “podría poner fin a todo el asunto”. La respuesta a la intervención de Davis fue de indiferencia. Pero, según otro miembro del Ejecutivo, ya se reconoce que el primer ministro está en una situación “precaria”.

El martes por la noche un grupo de tories, entre los que hay una mayoría de novatos, elegidos en 2019, se movilizaron contra el primer ministro para conseguir más cartas y así llegar a las 54 necesarias para activar el proceso de destitución con una votación en el Partido Conservador. Es lo que se ha bautizado como “el complot del pastel de cerdo”, por una de las cabecillas de la revuelta, la diputada Alice Kearns, que representa al distrito donde es típico este manjar.

Boris Johnson esperaba cambiar la conversación con el anuncio del fin de las restricciones sanitarias en Inglaterra aprobadas en diciembre contra ómicron (la obligatoriedad del teletrabajo, los certificados COVID para eventos y la mascarilla en espacios públicos).

Burlas

Starmer aprovechó todas las oportunidades que tuvo para criticar al primer ministro y hasta para burlarse de él. En un momento de su intervención, el líder laborista señaló a los ruidosos escaños de los miembros del Gobierno y preguntó si “el jefe de filas les había dicho que trajeran sus propios abucheos” –juego de palabras por la semejanza fonética en inglés de la palabra “boos” (abucheos) y “booze” (bebidas, de manera informal)–. El chascarrillo de Starmer hacía referencia a la invitación enviada al personal de Downing Street en mayo de 2020 donde se pedía que cada uno llevara su propia bebida.

“Cada semana, el primer ministro se defiende con explicaciones absurdas y francamente increíbles por las fiestas de Downing Street y cada semana se le desmoronan”, dijo Starmer en la Cámara de los Comunes. “Primero dijo que no hubo fiestas, y después apareció el vídeo que echaba por tierra esa línea de defensa. Luego dijo que había sentido asco y rabia al enterarse de las fiestas, hasta que se supo que él también había estado en la fiesta del jardín de Downing Street”.

“La semana pasada dijo que no se había dado cuenta de que estaba en una fiesta y, sorpresa, nadie se lo creyó. Así que esta semana tiene una nueva explicación: nadie me advirtió de que eso iba en contra de las reglas. Dado que el primer ministro es el que redactó las normas, ¿cómo se le ocurre que esta nueva línea de defensa le puede servir?”, dijo Starmer.

El informe

En respuesta a esa y a otras preguntas de Starmer, Johnson dijo que habría que esperar al resultado del informe sobre las fiestas en Downing Street que está elaborando la alta funcionaria Sue Gray. “He dicho todo lo que tengo que decir sobre los acontecimientos en el número 10 [de Downing Street]”, dijo el primer ministro.

Pero Starmer siguió insistiendo con el tema de la explicación aducida por Johnson para participar en un encuentro en el jardín de Downing Street el día 20 de mayo de 2020. “El primer ministro espera que creamos que a todas las demás personas invitadas ese 20 de mayo les dijeron que era un encuentro social, y que solo a él le dijeron que era una reunión de trabajo”, dijo el líder laborista.

“El primer ministro también pide de nosotros que aceptemos imaginarlo pasando por botellas vacías y bandejas de sándwiches sin darse cuenta de que aquello era una fiesta. ¿Se da cuenta el primer ministro de lo ridículo que suena?”. Starmer terminó diciendo que Johnson estaba “tratando de salvar solo un puesto de trabajo: el suyo”.

Johnson replicó hablando de su desempeño en la gestión de la COVID y de las vacunas, diciendo que era “gracias a la labor del personal de todo Whitehall, de todo el Gobierno, de todo el Servicio Nacional de Salud”. Y añadió: “Y estoy profundamente orgulloso de lo que ha hecho este Gobierno”.

Traducido por Francisco de Zárate

“Por el amor de Dios, váyase”, le dijo este miércoles el destacado diputado tory David Davis, exministro del Brexit, a Boris Johnson en una caótica sesión de control que estuvo marcada por las profundas dudas en torno al futuro del primer ministro.

El complot del pastel de cerdo: los 'tories' novatos se movilizan para destituir a Boris Johnson

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Tras un agresivo cruce de declaraciones entre Johnson y el líder laborista Keir Starmer, Davis se levantó de su escaño para decirle al primer ministro que llevaba semanas defendiéndolo frente a “electores enfadados”, pero que ya eran demasiadas las informaciones sobre fiestas celebradas en la sede del Gobierno en contra de las medidas sanitarias que limitaban el contacto social.