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La muerte de Ras Ein al-Auja: cómo Israel ha utilizado el manual de limpieza étnica para borrar del mapa una aldea palestina

Emma Graham-Harrison / Quique Kierszenbaum

Ras Ein al-Auja (Cisjordania) —
26 de enero de 2026 21:56 h

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Cinco décadas viviendo en el sur del valle del Jordán terminaron de golpe. Mahmoud Eshaq lucha por contener las lágrimas. Mientras se prepara para huir de la aldea donde ha pasado la vida, este hombre de 55 años que no lloraba desde la infancia se siente abrumado por el dolor de desmantelar el hogar.

Mientras sus hijos cargan en el camión una nevera, colchones, sacos de harina y maletas con ropa, un pastor israelí adolescente avanza a lomos de un burro por la carretera principal del pueblo, haciendo el signo de la victoria al posar para una foto junto a sus cabras. Viene escoltado por una camioneta con soldados israelíes enmascarados.

La limpieza étnica de Ras Ein al-Auja está en marcha, y los hombres y niños que volvieron insoportable la vida de los palestinos vienen a celebrarlo.

Ras Ein al-Auja, la comunidad de 135 familias en la que Eshaq ha vivido hasta ahora, era la más grande y consolidada de las aldeas beduinas desperdigadas por las laderas en esta zona del valle del Jordán. A principios de 2026, también es la única que quedaba. Hoy ya ha desaparecido.

"Vivíamos aquí en paz, pero nos convirtieron en enemigos, los colonos trajeron la violencia"

La campaña de violencia creciente por parte de los colonos, con incendios provocados, robos, palizas, intimidación y destrucción de propiedades, ha forzado la huida de las poblaciones de una aldea tras otra. Los penúltimos en irse fueron los vecinos de la cercana aldea de Mu'arrajat, que escaparon en julio.

Según Dror Etkes, fundador del grupo de control de asentamientos Kerem Navot, los colonos israelíes dominan ya más de 250 kilómetros cuadrados de tierra en esta parte de la Cisjordania ocupada, donde hace una década solo pastaban rebaños de beduinos. Los palestinos han sido expulsados de la zona, designada por la comunidad internacional como parte de su futuro Estado.

“Vivíamos aquí en paz, pero nos convirtieron en enemigos, los colonos trajeron la violencia”, dice Eshaq. “No he llorado en toda mi vida, pero esta mañana lloré, para nosotros este es un día terrible”.

Eshaq creció chapoteando en el arroyo donde después jugarían sus hijos y también sus nietos, contemplando las montañas que al otro lado del río Jordán se elevan abruptas hasta los pueblos de las cimas blancas. Por la noche, los cielos despejados del desierto se llenaban de estrellas.

Cuando la guerra [en Gaza] comenzó, los líderes colonos comprendieron que estaban ante una oportunidad inédita para redoblar la limpieza étnica en la zona

Las familias beduinas de la zona descienden de los refugiados que en 1948 fueron expulsados del desierto del Néguev, en lo que hoy es Israel. Pobres, aislados y con poco capital político incluso dentro de la sociedad palestina, se convirtieron en objetivos fáciles para los colonos.

Aunque el proyecto de expulsarlos comenzó mucho antes, ganó fuerza cuando la atención política y mediática se desviaron hacia la guerra en Gaza. Según Sarit Michaeli, directora internacional del grupo de derechos humanos B'Tselem, “cuando la guerra [en Gaza] comenzó, los líderes colonos comprendieron que estaban ante una oportunidad inédita para redoblar la limpieza étnica en la zona”.

“El objetivo de medio plazo es expulsar a los palestinos de todas las tierras abiertas de Cisjordania, algo que están haciendo con la colaboración total del gobierno de Israel” dice Michaeli. “Los mapas de los colonos lo dejan claro, en última instancia quieren dejar esa tierra sin palestinos”, señala.

La campaña de desplazamientos forzosos se ejecuta desde pequeños puestos avanzados donde adolescentes israelíes y algunos adultos pastorean rebaños de ovejas, cabras y camellos. Tomar la tierra construyendo comunidades y viviendas es lento y costoso, mientras que usar a los animales para intimidar, aislar y excluir a los palestinos es un método mucho más eficaz para controlar grandes extensiones de colinas áridas.

En esta guerra expansionista israelí los soldados rasos son jóvenes. En los puestos avanzados hay incluso menores que forman parte del programa estatal israelí para jóvenes en situaciones de riesgo.

“Los pastores judíos han conquistado cada vez más territorio en los últimos años”, decía un mensaje en un grupo de colonos de WhatsApp donde se celebraba el desplazamiento forzoso de un pueblo en 2025. “Con el debido respeto a las FDI [el ejército israelí], la labor crítica y decisiva para los asentamientos judíos, y para la expulsión del enemigo, la están desempeñando esos chicos de entre 15 y 16 años, los ‘jóvenes de las colinas’”, añadía.

Las herramientas pueden parecer poco sofisticadas, pero el proyecto no lo es en absoluto. Vestidos con vaqueros y camisetas con eslóganes, estos jóvenes forman parte de un proyecto financiado y respaldado por el Gobierno israelí que recurre a la violencia con una impunidad casi total.

Los colonos emplean vehículos todoterreno y otros equipos que los políticos les entregan en ceremonias públicas para atacar a los palestinos. Uno de esos políticos es el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, de extrema derecha y colono a su vez.

En la Cisjordania ocupada, las fuerzas de seguridad israelíes disponen de los recursos y el tiempo necesarios para sacrificar a cientos de cocodrilos en una granja ilegal, pero no para proteger a los palestinos.

En Ras Ein al-Auja, las fuerzas de seguridad detienen de manera sistemática a israelíes y palestinos activistas por la paz, ignorando la violencia que ejercen los colonos de la zona, o apoyándola directamente.

En 2025 un tribunal ordenó al ejército israelí que coordinara el regreso de los palestinos expulsados de la vecina Mu’arrajat, pero los soldados solo permanecieron unas horas en el lugar. Al marcharse, los colonos descendieron para expulsar otra vez a los residentes.

Los soldados y colonos israelíes han matado a más de 1.000 palestinos en toda la Cisjordania ocupada desde octubre de 2023. Uno de cada cinco asesinados era un niño. Nadie ha sido juzgado o condenado por ninguna de esas muertes.

Después de que el año pasado unos colonos dispararan frente a las cámaras a un destacado activista y mataran a golpes a un ciudadano estadounidense, varios senadores de EEUU alertaron por la impunidad con que se terminaba con la vida de los palestinos.

Según un artículo del periódico Haaretz, el ejército israelí ha registrado un aumento de 25% en la violencia ejercida durante 2025 por los colonos. El incremento se debe, en gran parte, a la actividad de grupos mayores y mejor organizados que cuentan con el apoyo de políticos y conocidos activistas.

Punto de inflexión

Para algunas familias de Ras Ein al-Auja, la violencia alcanzó un máximo con el nuevo año. Los colonos aislaron varias casas, arrasaron un camino de tierra e instalaron dentro de la aldea un puesto avanzado provisional. De noche, los deambulaban por las calles cortando los cables de electricidad de las casas, vaciando los depósitos de agua y entrando en habitaciones repletas de mujeres y niños dormidos.

El 8 de enero, 26 familias, entre las que había más de 120 personas, decidieron que el riesgo de quedarse superaba al dolor y al coste de irse. En su mayoría, vivían en las afueras de la aldea. Su marcha dejó en primera línea a la familia de Eshaq.

“Esta semana no hemos comido ni hemos dormido”, dijo Eshaq, que en solo un par de días llegó a la conclusión de que quedarse era demasiado peligroso. Tras el terror ejercido por los colonos que invadieron sus hogares, al menos los niños respiraron aliviados. “Quieren irse ahora mismo, de inmediato”, dice Rawan, de 24 años, que tiene en brazos a Yacoub, de nueve meses. Su hijo Mousa, de cuatro años, juega alrededor.

El vecino Mohammed Reshad también hacía las maletas tras una incursión nocturna de los colonos durante la que les robaron ropa y colchones. “Nos quitaron cosas a mí y a mis dos hermanas”, dice su nieta Jana, de nueve años.

Alquilar el camión para marcharse les ha costado lo que en esta zona es una pequeña fortuna: 1.800 shekels [unos 490 euros]. Lo siguiente era decidir adónde ir. “¿Hay alguien que me proteja de los colonos? Si hay alguien, ahí me quedaré”, dice.

Por cada familia que se marchaba, mayor era la vulnerabilidad de los que aún no se iban. Na'ef Ja'alin, de 50 años y padre de 10 hijos, seguía en su casa por falta de opciones, no porque tuviese ninguna esperanza. “Los que se han ido tienen familiares que pueden darles un terreno, mis hermanos y yo no tenemos dónde ir”, dice. “No tengo dinero y la tierra es muy cara”. A pesar de ello, también acabó marchándose.

Apoyo mayoritario a la expulsión

Aunque el proyecto de desplazar a los palestinos lo estén llevando a cabo extremistas violentos respaldados por ministros del gabinete de extrema derecha, la anexión de esta zona forma parte de un proyecto de larga data, apoyado por una mayoría de los israelíes y respaldado por todos los partidos.

Poco después de que Israel se apoderara de Cisjordania en 1967, el entonces ministro de Trabajo y miembro del Partido Laborista, Yigal Allon, presentó un primer plan para la zona. Quería que Israel conservara a lo largo del valle del Jordán una franja de tierra como área de seguridad.

La CIA dijo que el plan era incendiario y también impracticable, haciendo notar a la vez que el gobierno israelí ya estaba poniendo en marcha algunos de sus postulados. “Israel cree, de forma poco realista, que el ‘plan Allon’ es una solución viable a los problemas de los territorios ocupados; y ha puesto en marcha algunas de sus disposiciones, advertía la agencia de espionaje estadounidense en una circular desclasificada.

Oficialmente, el plan nunca se adoptó. Pero ha persistido en el imaginario político israelí. Tal vez haya contribuido que los límites fijados por dos carreteras israelíes coincidan aproximadamente con los previstos en el plan de apropiación de tierras de Allon.

La franja de territorio que Allon quería para Israel (que incluye a Ras Ein al-Auja) se encuentra entre la autopista 90, cerca de la frontera con Jordania; y la serpenteante ‘carretera Allon’, que atraviesa el centro de Cisjordania recorriendo las crestas de las montañas.

Aunque en los mapas oficiales los tramos de esta autopista aparecen designados con varios números (el 458, el 508, y el 578), todos los israelíes la conocen como la ‘carretera Allon’.

Si Dios quiere, algún día os obligaremos [a los palestinos] a ir a los lugares a los que pertenecéis, en Irak y en Arabia Saudí

Las tierras de las colinas que descienden hacia el río Jordán son semidesérticas y poca gente vive en ellas. Adecuadas para el pastoreo, pero demasiado secas para la agricultura. En esta zona, los asentamientos ganaderos han demostrado ser un instrumento especialmente eficaz para las campañas de expropiación a gran escala.

Elisha Yered, líder colonial, celebraba el pasado mes de mayo la destrucción de Mughayyir al-Deir, otra aldea de la zona, que puso como modelo para el resto de Cisjordania. “¡Así es la redención!”, publicaba en las redes tras la huida de sus habitantes. “Si Dios quiere, algún día os obligaremos [a los palestinos] a ir a los lugares de donde sois, en Irak y en Arabia Saudí”.

Un medio de los colonos publicó un mapa conmemorando aquel desplazamiento forzoso. Mostraba a la abandonada aldea de Mughayyir al-Deir dentro de la zona que aspira a controlar Israel, que abarca una área de casi 400 kilómetros cuadrados, mayor que Gaza.

Los colonos se han apoderado de más del 18% de las tierras de Cisjordania destinadas al futuro Estado palestino sin apenas sufrir repercusiones por ello, denuncia Etkes.

Canadá, Francia, Reino Unido y otros países europeos han impuesto sanciones a los colonos violentos y reconocido en 2025 al Estado palestino. Pero la destrucción de las comunidades palestinas en el territorio se está agravando de manera creciente.

“Los culpables son bien conocidos, no son solo los colonos con su violencia, también lo son los instigadores, las autoridades que permiten y financian estos traslados forzosos”, dice Michaeli. “Lamentablemente, creo que estamos más lejos que nunca de que asuman cualquier tipo de responsabilidad frente a la comunidad internacional”, censura.

Traducción de Francisco de Zárate