La ONU alerta del riesgo de una crisis alimentaria global por la guerra en Ucrania

Fiona Harvey

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El mundo podría enfrentarse a una crisis alimentaria. Así lo ha advertido este lunes La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). La guerra en Ucrania, que amenaza el suministro de los principales cultivos, podría provocar un aumento de los precios y poner en peligro de padecer hambruna a miles de personas.

Según el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, los efectos de la pandemia de la COVID-19 ya habían elevado el precio de los alimentos antes de la invasión rusa a Ucrania. Las tensiones adicionales provocadas por la guerra, advirtió, podrían llevar al sistema alimentario mundial al desastre.

“Ya teníamos problemas con el precio de los alimentos”, dijo en una entrevista al periódico The Guardian. “Lo que están haciendo ahora los países lo está exacerbando y la guerra nos está poniendo en una situación en la que fácilmente podemos desembocar en una crisis alimentaria”.

Aunque después bajaron un poco, los precios del trigo llegaron a máximos históricos en los últimos días. Según la FAO, los precios de los alimentos llevan subiendo desde la segunda mitad de 2020, con un máximo histórico en febrero de 2022. Durante el año 2021, el trigo y la cebada subieron casi un 33%; y el aceite de colza y girasol, más del 60%. El precio de la urea, un importante fertilizante nitrogenado, se ha multiplicado por más de tres en el último año debido al encarecimiento de la energía.

Al menos 50 países compran un 30% o más de su trigo a Rusia y a Ucrania, y entre los más dependientes hay muchas naciones en desarrollo de Oriente Próximo, Asia y el norte de África. Los países pobres llevan la peor parte en la subida de precios, con muchos de ellos en problemas financieros por la pandemia y algunos enfrentando graves crisis de deuda.

“Mi mayor miedo es que el conflicto se extienda, entonces tendremos una subida importante en el precio de los alimentos en países pobres que ya venían de una situación financiera extremadamente débil por la COVID-19”, dijo Torero, uno de los principales expertos del mundo en alimentación y hambre. “Si eso ocurre, va a crecer de forma significativa el número de personas con hambre crónica”.

Trigo, aceite y fertilizantes

La pandemia ha reducido la capacidad de los países en desarrollo para enfrentar la situación. “Aunque al principio les costó, en 2019 los sistemas alimentarios resistieron mejor”, dijo Torero. “Al inicio de la COVID-19 las existencias eran muy elevadas y había capacidad para responder a la sacudida; pero dos años de COVID-19 han reducido la capacidad de adaptación de los sistemas alimentarios.”

Según la FAO, la guerra de Rusia en Ucrania amenaza a la seguridad alimentaria en todo el mundo por múltiples motivos. Los dos países son grandes exportadores de alimentos y el conflicto pone en peligro el suministro de productos básicos como trigo, maíz y aceite de girasol. Antes de la guerra, Ucrania suministraba el 12% del trigo mundial y era el mayor productor de aceite de girasol. Aunque dos tercios de las exportaciones ucranianas de trigo se pudieron despachar antes de la invasión, el resto ha sido bloqueado y es posible que los agricultores no puedan continuar con la siembra de primavera ni con la cosecha de verano.

Pero la crisis alimentaria no termina ahí: Ucrania y Rusia también son importantes productores de fertilizantes, cuyos precios ya se habían disparado debido a los altos costes energéticos. Con la guerra subiendo aún más el precio de la energía, los costes de la producción agropecuaria siguen al alza.

También existe la amenaza de que los países reaccionen cerrando fronteras comerciales. En los últimos tiempos, las peores subidas en el precio de los alimentos se produjeron en 2007-08 y en 2010-12, causadas por los precios de la energía y por el mal tiempo. Esos picos repentinos contribuyeron a disturbios y tensiones políticas cuyas repercusiones se siguen sintiendo hoy.

Los ministros de Agricultura del grupo de países más ricos del G7 se reunieron el viernes para coordinar su respuesta y solicitar que los países mantengan sus mercados abiertos.

En la crisis alimentaria de hace más de una década, Rusia jugó un papel determinante por su decisión de restringir las exportaciones. Especialmente en 2010, cuando tras una sequía en las principales regiones productoras Vladímir Putin prohibió las exportaciones de grano. Antes de la guerra, Rusia ya había reajustado las exportaciones de energía. Si lo hiciese ahora con el grano, se producirían graves problemas en los mercados mundiales de alimentos.

“No podemos decir que ahora mismo los precios sean más altos que en la crisis de 2007-2008, pero pueden empeorar”, dijo Torero. “Si se agrava la situación de la energía y de los fertilizantes, va a ser peor que en aquel momento; y si a eso se le añade la posibilidad de restricciones a la exportación, la situación se agravaría”.

“Por supuesto, Rusia puede hacer lo que quiera con su producción; si restringieran las exportaciones, la situación empeoraría, los precios aumentarían aún más”, añadió. “Instamos a todos los países, no sólo a Rusia sino a todos los países, a que no restrinjan las exportaciones”.

Torero pidió que los países compartan su información de existencias, cosechas y disponibilidad de alimentos para compensar posibles problemas de suministro. También pidió aumentos en la producción a los países que puedan hacerlo.

“Ahora mismo el problema a corto plazo es la disponibilidad, tenemos que encontrar la manera de llenar el vacío [producido por la guerra]”, dijo. “Creemos que la brecha podrá cerrarse un poco, pero no al 100%, los países también deberían hacer un esfuerzo por diversificar su cartera de proveedores”.

Según Torero, las repercusiones se sentirán durante algún tiempo incluso si el conflicto se resuelve rápidamente. El aumento en el precio de los fertilizantes, por ejemplo, tendrá un impacto diferido porque afectará al rendimiento de las cosechas aún por venir, en los cultivos donde los agricultores están ahora mismo poniendo menos fertilizantes. “Son los problemas que veremos el próximo año”, dijo.

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