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A las puertas de una morgue “desbordada” tras los terremotos en Venezuela
Opinión - 'A un paso del terraplanismo', por Esther Palomera

A las puertas de una morgue “desbordada” tras los terremotos en Venezuela: “Es una tragedia inimaginable”

Clavel Rangel / Tom Phillips

Caracas / Río de Janeiro —
29 de junio de 2026 21:47 h

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Los cadáveres llegan en motos, en la parte de atrás de los coches o en la caja de las camionetas. Las víctimas de una catástrofe natural que ha golpeado hasta lo más profundo a un país ya de por sí frágil. “Ayer, toda la calle estaba abarrotada de gente que llegaba con familiares fallecidos”, dice la estudiante de psicología Camila Rodríguez, que está dando apoyo emocional a las familias afectadas en la morgue Bello Monte, en Caracas.

Al menos 1.719 personas han perdido la vida por los dos terremotos que sacudieron de manera consecutiva la costa caribeña de Venezuela el miércoles pasado, derribando cientos de edificios y dejando a decenas de miles de personas desaparecidas. Muchas de esas víctimas mortales han acabado en Bello Monte, así como los familiares que acuden allí con la esperanza de identificar a sus seres queridos.

Marjorie Cedeño es una de las personas que esperan fuera del edificio de color amarillo pastel. Perdió a su madre, a su padre y a su hermano en el peor terremoto sufrido por Venezuela en los últimos 125 años. Los tres murieron atrapados bajo los escombros cuando su edificio de cuatro plantas, Residencias Obelisco, se derrumbó en Los Palos Grandes, un barrio acomodado a los pies del Cerro El Ávila. A las 21.00 horas del viernes, Marjorie solo había logrado identificar a su hermano, José Ruiz, de 44 años, gracias a una foto que le mostró la policía forense. Bajo los escombros siguen sepultados su padre, Jacinto Ruiz, de 74, y su madre, Zoila Cedeño, de 72, que trabajaba como conserje del edificio.

“Cuando empezó el terremoto, mi hermano acababa de entrar en el edificio”, dice Marjorie. “Creemos que su instinto fue entrar para rescatar a mis padres, que seguían allí; mi hermano venía de la playa con un amigo, que también falleció”. Según ella, otras 25 personas quedaron atrapadas entre las ruinas del edificio.

“Es horrible lo que hay ahí dentro”, dice, refiriéndose a la morgue. “No te puedes imaginar lo desbordada que está. Es algo que no le desearías a nadie, una tragedia inimaginable”.

Belkis Cedeño (sin parentesco con Marjorie) ha acudido a las abarrotadas instalaciones en busca de su cuñada, María Elena Moreno, de 56 años, residente en La Guaira, la región costera más afectada por los terremotos. “Su edificio ha quedado destruido por completo; un edificio de diez plantas reducido a solo la planta baja; consiguieron sacarla a primera hora de esta mañana; estaba sola porque su hijo se había ido al supermercado con la novia”, dice. A Belkis le dijeron que María Elena había sido rescatada con vida sobre las 2.00 de la madrugada del jueves. Pero una falsa alerta de tsunami difundida por redes sociales desató el pánico y la dejaron desamparada en la calle. “Cuando por fin la trasladaron al hospital, ya había fallecido”, indica.

Doy gracias a Dios porque los venezolanos tienen un corazón tan grande... La gente ha sido extraordinaria

Según Edgar Hernández, expresidente de la Asociación Nacional de Funerarias de Venezuela, las funerarias de todo el país han donado más de 200 ataúdes, además de bolsas para cadáveres y otros suministros, y están apoyando a las encargadas de responder a la catástrofe. “Muchas personas han recuperado cadáveres y los han transportado en sus vehículos particulares hasta Bello Monte porque está menos saturado y porque es más fácil acceder a él que a la morgue de La Guaira, completamente colapsada por la presión de la emergencia”.

“Hay muchísima gente buena ayudando”

“Hoy hemos conseguido 33 personas con vida y quería agradecerles”, dijo el sábado por televisión la líder interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, a un grupo de rescatistas extranjeros, en un intento de consolar a los ciudadanos conmocionados. “Cada vida salvada da esperanza a Venezuela”, tuiteó Rodríguez después, cuando anunció que en la localidad de Caraballeda, en la devastada costa norte, habían encontrado a un niño de 11 años con vida.

El Ministerio de Comunicaciones ha tratado de proyectar una imagen de unidad y diligencia ante la tragedia, publicando en las redes sociales los vídeos de los equipos de rescate del gobierno con mazos y camillas, sacando de entre los escombros a supervivientes cubiertos de polvo. Pero la indignación crece en las calles por lo que muchos perciben como una respuesta lenta de un gobierno poco preparado para una crisis de esta magnitud, y por la sensación extendida de haber sido abandonados a su suerte en las horas posteriores al desastre. Delcy Rodríguez fue increpada durante una visita a una zona muy afectada de la capital. “¡El Gobierno no está haciendo nada por la gente!”, le gritó uno de los viandantes.

Fuera de la morgue, el trabajo incansable de voluntarios que ofrecen agua, café y apoyo psicológico contrasta con una reacción oficial letárgica que, según los expertos, se explica por la enorme magnitud del desastre y por los años transcurridos sin invertir lo suficiente en servicios de emergencia.

Por toda la traumatizada ciudad se pueden ver escenas similares, mientras se reparten tiendas de campaña, colchones y comida a cientos de familias que, temerosas de volver a casa, duermen a la intemperie. Muchas de ellas, con niños pequeños a su cargo. Si una cosa no falta en Caracas es la comida que traen los voluntarios.

“Doy gracias a Dios porque los venezolanos tienen un corazón tan grande... La gente ha sido extraordinaria”, dice Marjorie mientras espera noticias de sus padres. “Puede que no haya respuesta por parte del Gobierno, pero hay muchísima gente buena ayudando”.

Traducción de Francisco de Zárate.