“Los votantes están hartos”: las primarias obligan al Partido Demócrata a aceptar un giro a la izquierda
En las primeras horas de la madrugada del miércoles, de pie frente a la emblemática estatua de bronce The Spirit of Detroit, Abdul El-Sayed buscó inspiración para su discurso en el gran boxeador Muhammad Ali. “Hemos sacudido al mundo”, dijo en el centro de Detroit. A sus 41 años, el exfuncionario de sanidad acababa de asestar el golpe de gracia al establishment del Partido Demócrata venciendo en las primarias a la congresista Haley Stevens para convertirse en el candidato a senador del Partido Demócrata por el estado de Michigan, un estado relevante por ser territorio disputado entre ambos partidos.
El-Sayed había hecho campaña con un programa progresista que incluye sanidad universal, fin a la ayuda militar para Israel y reformar radicalmente la financiación de las campañas electorales. Su rival, la moderada Stevens, había recibido 60 millones de dólares de grupos externos, entre los que se incluyen 30 millones entregados por el Comité de Asuntos Públicos Israelí-Estadounidense [AIPAC, por sus siglas en inglés] y sus organizaciones afiliadas [unos 52 y 26 millones de euros, respectivamente].
Es la última sacudida, tal vez también la mayor, del terremoto político que azota al Partido Demócrata de EEUU. Una insurgencia de izquierdas que ha pasado de las ciudades costeras de tradición demócrata para traspasar el muro en este decisivo estado en disputa del Medio Oeste. Una insurgencia que está forzando un replanteamiento del liderazgo y la orientación ideológica del partido de cara a las legislativas de mitad de mandato de 2026; y a las presidenciales de 2028.
“Es el descontento con el status quo; es el descontento con la clase dirigente; estamos en un momento antisistema”, dice Matt Duss, vicepresidente del Center for International Policy y exasesor en política exterior del senador progresista Bernie Sanders. “No lo vemos solo en nuestro país, también lo vemos en democracias de todo el mundo, los votantes están hartos de una élite que, sencillamente, no les está dando lo que esperan, una élite que no comprende su sufrimiento, que parece no conocer sus dificultades ni preocuparse por ellas”, añade. “Son algunas de las razones que contribuyeron al éxito de Abdul”.
Durante los últimos diez años, la política estadounidense ha estado dominada por el populismo de derechas de Donald Trump. Pero el populismo de izquierdas no ha dejado de avanzar y florecer en paralelo desde 2016. Ese año Sanders libró su campaña como candidato outsider frente a Hillary Clinton y el establishment del partido, que terminaron derrotándolo.
“La campaña de Sanders de 2016 fue una especie de Big Bang para el renacimiento de la izquierda progresista en Estados Unidos”, dice Duss. “Muchos otros se unieron a Bernie y ahora tenemos en la izquierda progresista a muchos líderes excelentes contentos de que Abdul El-Sayed sea el candidato”.
Si yo fuera uno de los asesores de AOC [las siglas de Alexandria Ocasio-Cortez], la miraría a los ojos y le preguntaría si quiere ser presidenta; si quiere serlo, este es el momento, nunca tendrá una oportunidad mejor para hacer suya una corriente que busca a la persona que la lidere
Alexandria Ocasio-Cortez, que en 2016 trabajaba como camarera y ayudaba en la organización de la campaña de Sanders, logró una victoria sorprendente en las primarias de 2018 frente a un rival que ya ocupaba la representación por el distrito 14 de Nueva York. A los 29 años, Ocasio-Cortez se convirtió en la mujer más joven en ocupar un escaño en la Cámara de Representantes, creando con otras legisladoras progresistas un grupo pequeño y muy activo conocido como El Escuadrón.
Sanders se presentó de nuevo en 2020 y, aunque perdió frente a Joe Biden, representante del establishment, logró que su equipo tuviera mucha influencia en el programa sorprendentemente progresista del presidente demócrata. Pero el abismo entre la dirección del partido y las bases volvió a ponerse de manifiesto en 2024 con la candidatura fallida de Biden para un segundo mandato, la coronación de Kamala Harris y el posterior regreso de Donald Trump al poder.
El efecto Mamdani
Zohran Mamdani, un socialista democrático con un programa absolutamente centrado en el coste de la vida, venció el pasado noviembre al favorito del establishment, Andrew Cuomo, para terminar siendo elegido como el primer alcalde musulmán de Nueva York. Una vez allí, contribuyó a la victoria de otros tres candidatos insurgentes en las primarias del Partido Demócrata de Nueva York. Un efecto Mamdani que ya se ha sentido en Washington D.C., Colorado, Illinois, Míchigan, Nueva Jersey, Pensilvania, Wisconsin y el estado de Washington.
Sin embargo, en las primarias demócratas de este martes para el cargo de gobernador de Wisconsin, el candidato del establishment, David Crowley, se ha impuesto por un ajustadísimo margen a la candidata de los socialistas democráticos, Francesca Hong. Esta derrota permite al establishment del partido respirar ante la oleada progresista. Sin embargo, ni Alexandria Ocasio-Cortez ni Bernie Sanders habían apoyado a Hong. Pero en Minnesota, la candidata progresista ganó la nominación al Senado frente a su rival del partido, que gozaba de mayores recursos económicos.
Entre los factores determinantes del crecimiento del ala más a la izquierda figuran la frustración con Trump, el encarecimiento de la cesta de la compra, la influencia que las grandes empresas ejercen sobre la política con su dinero y el genocidio en la Franja de Gaza. Según las encuestas de Reuters/Ipsos, la imagen favorable de Israel entre los demócratas se ha desplomado, pasando del 59% en 2018 a solo el 22% en mayo de 2026. Para los votantes más jóvenes, los candidatos que reciben fondos de AIPAC para sus campañas se han convertido en tóxicos.
Michigan es el estado del país con mayor porcentaje de población árabe-estadounidense. Durante su campaña, El-Sayed acusó a Israel de genocidio y exigió ponerle fin a la ayuda militar incondicional que EEUU le proporciona. Un posicionamiento radicalmente enfrentado al de Stevens, que se beneficiaba de una gigantesca contribución de AIPAC y defendía la actual relación de EEUU con Israel.
El-Sayed, un punto de inflexión
Las victorias definitivas de El-Sayed y los también progresistas Will Lawrence y Donavan McKinney para representar al Partido Demócrata de Mchigan en las elecciones a la Cámara de Representantes representan un punto de inflexión, desmontando el mito de que los populistas de izquierda no pueden ganar más allá de los bastiones tradicionalmente demócratas.
Según Larry Jacobs, director del Center for the Study of Politics and Governance en la Universidad de Minnesota, la ruptura dentro del Partido Demócrata tiene varias causas. Una de ellas es el “estancamiento” de Chuck Schumer y Hakeem Jeffries, dos defensores fervientes de Israel que lideran el partido en el Senado y en la Cámara de Representantes respectivamente. “Gaza e Israel se han convertido en un pararrayos para todo el resto de temas”, dice. “Existe la sensación de que los demócratas han sido unos peleles frente a Donald Trump”.
La campaña de Sanders de 2016 fue una especie de Big Bang para el renacimiento de la izquierda progresista en Estados Unidos. Muchos otros se unieron a Bernie y ahora tenemos en la izquierda progresista a muchos líderes excelentes contentos de que Abdul El-Sayed sea el candidato
“Cuando los demócratas dicen que quieren contraatacar, lo dicen en serio, Donald Trump ha radicalizado al Partido Demócrata”, añade. “Esta revuelta dentro del partido no habría ocurrido sin Donald Trump, que está provocando una especie de terremoto, haciendo que dentro del Partido Demócrata se planteen muchas preguntas incómodas: el rumbo, el liderazgo, las prioridades políticas y la dependencia de los grandes donantes”.
Trump ha sacudido las viejas ortodoxias que rigen la política estadounidense desde hace décadas. Si la derecha ha sido capaz de concebir un programa radical como el del Proyecto 2025, ¿por qué no puede la izquierda tener la misma ambición? Hay poco interés en volver a la era anterior a Trump, a un sistema que no funcionaba y que de hecho fue el que permitió su ascenso. Se trata de replantearse la redistribución de la riqueza, de fortalecer los sindicatos, de hacer reformas para ganar democracia y de lograr una política exterior más justa.
“Lo que estamos viendo es la maduración del movimiento progresista”, señala Joseph Geevarghese, director ejecutivo de la organización Our Revolution, surgida en 2016 durante la campaña de Sanders. “Estamos viendo cómo entra en el juego una infraestructura que lleva diez años en construcción, un mensaje que tiene eco por la reacción al populismo fallido de la derecha, pero también por una mayor sofisticación en la organización de la izquierda”.
El establishment demócrata reacciona
El auge de grupos como los Socialistas Democráticos de Estados Unidos [DSA, por sus siglas en inglés] se produce en paralelo a la crisis de confianza y de identidad en el ala centrista del Partido Demócrata. Con Trump pintando el panorama con grandes y llamativos colores primarios, los demócratas moderados son percibidos como tímidos sin ideas ni personajes destacados capaces de competir con los El-Sayed, Mamdani y Ocasio-Cortez.
“Parte de su financiación depende de donantes empresariales, por lo que los moderados tienen que andarse con miramientos; no son capaces de hablar explícitamente de las razones de los problemas de la gente”, dice Geevarghese. “Los progresistas, en cambio, sí son capaces de denunciar la corrupción de nuestra política y a la clase empresarial y cómo está afectando eso al nivel de vida de las personas”.
Los demócratas de centro saben que les están moviendo el suelo, pero no parece probable que vayan a renunciar al poder que disfrutan gracias a Wall Street y Silicon Valley sin antes dar una pelea. “No hay peor furia en el infierno que la de un demócrata amigo de las empresas que ha sido despreciado”, dice Norman Solomon, director de la organización RootsAction y del centro de estudios Institute for Public Accuracy. “Estoy encantado con los resultados de Michigan, pero al mismo tiempo un poco preocupado por la reacción de las fuerzas de mucho poder que llevan décadas acostumbradas a literalmente dirigir el Partido Demócrata a nivel nacional, posiblemente desde el gran éxito del Consejo de Liderazgo Demócrata [DLC, por sus siglas en inglés] a principios de los años noventa”.
El fundador del DLC fue Al From, que en 1989 eligió personalmente a Bill Clinton para llevar al Partido Demócrata hacia el centro. Se creaba así La Tercera Vía, fundamental para la victoria de Clinton en 1992 y fuente de inspiración para Tony Blair en el Reino Unido.
“Nos hemos centrado en derrotar a los republicanos y los socialistas democráticos se han centrado en derrotarnos a nosotros”, dijo From esta semana. “Tenemos que contraatacar, tenemos que ponérselo más difícil”.
Cuando Clinton se presentó por primera vez a las presidenciales, un 43% de los votantes estadounidenses se consideraba moderado, frente a un 36% que se consideraba conservador, y a un 17% que se consideraba progresista. Un escenario que en los años de polarización transcurridos desde entonces ha cambiado de manera radical. “Nuestra fórmula es la correcta”, insistió From. “Obviamente, estamos en un mundo diferente y hay que comunicarlo de otra manera; se necesitan mensajes que promuevan los mismos valores subyacentes, como hicimos nosotros, pero tienen que ser mensajes modernos, tal vez diferentes, porque las circunstancias han cambiado”, añadió. “Nuestro programa era para la década de los noventa, no para la de 2030, pero los principios son los mismos.
Según From, “los socialistas democráticos quieren un sistema diferente, no quieren promover los valores democráticos. ”Solo hay que mirar su programa: quieren acabar con el Senado, quieren acabar con la presidencia y quieren acabar con el Tribunal Supremo“, dijo. ”Quieren hacerse con la propiedad de las empresas y acabar con la Policía, y no quieren financiar al Ejército“.
“Ese no es el Partido Demócrata histórico, no es el partido del Roosevelt que salvó al capitalismo y a la democracia en el mundo durante la Segunda Guerra Mundial, es una ideología diferente, es un partido diferente”, añadió.
En noviembre llegará la verdadera prueba para saber si el experimento El-Sayed funciona, cuando se enfrente al excongresista republicano Mike Rogers en una contienda que podría alterar los equilibrios de poder dentro del Senado. Ganador de una beca Rhodes, hijo de inmigrantes egipcios y médico, El-Sayed se apresuró en pasar un mensaje tras vencer la enconada campaña de las primarias. “Las cosas que nos unen son mucho más importantes que las que nos separan”, dijo. Stevens también se dio prisa en anunciar públicamente su respaldo a El-Sayed.
Es probable que los demócratas progresistas y moderados de todo el país mantengan una tensa coexistencia de cara a las elecciones de mitad de legislatura, con todos ellos aprovechando sus puntos fuertes geográficos y demográficos en la causa común contra el Partido Republicano. Mientras tanto, Trump y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, están tratando de reavivar un pánico que parece de la Guerra Fría, tachando a los socialistas democráticos de “comunistas ateos” y “marxistas radicales”.
El momento de Ocasio-Cortez
“¿Pueden dos alas diferentes del mismo partido funcionar, unificarse y actuar como mayoría gobernante si los demócratas obtienen la mayoría? Yo sostengo que sí”, dice Donna Brazile, estratega política y expresidenta interina del Comité Nacional Demócrata. “Estaremos de acuerdo en cuestiones muy cruciales como la economía, la mejora de la vida de los estadounidenses, hacer que las cosas vuelvan a ser más asequibles y no centrarnos en proyectos vanidosos, así que, en la medida en que todos defendamos el mismo mensaje sobre el coste de vida, la respuesta es sí”.
Pero llegará 2028 y el momento de elegir el candidato a la presidencia. Según el periódico The New York Times, el grupo demócrata centrista Third Way está planeando una campaña de 15 millones de dólares [unos 13 millones de euros] para desacreditar al socialismo democrático de aquí a las próximas presidenciales. Algunos demócratas creen que se está exagerando la magnitud de la insurgencia. Sostienen que de los cientos de primarias que se celebran en todo el país, los progresistas solo han ganado un puñado, aunque sean de gran repercusión. Otros dicen que las primarias de Michigan sí significan un ensanchamiento del ala izquierda del partido.
“Toda la energía y el entusiasmo electoral se concentran en la izquierda y, a fin de cuentas, para que un candidato sea viable en las presidenciales de 2028, tendrá que defender con firmeza y sin tapujos un populismo económico”, opina Geevarghese. “Es lo que se necesita para superar las primarias y, en última instancia, para ser el antídoto contra Donald Trump”.
Ya han comenzado las conjeturas sobre la persona que enarbolará la bandera progresista en las próximas primarias presidenciales. Mamdani ha dicho que no quiere y tampoco cumple con los requisitos por haber nacido fuera de EEUU. Aunque suele salir el nombre de Ro Khanna, el congresista por California que hizo campaña a favor de El-Sayed, la atención suele centrarse sobre Ocasio-Cortez, que ahora tiene 36 años.
“Si yo fuera uno de los asesores de AOC [las siglas de Alexandria Ocasio-Cortez], la miraría a los ojos y le preguntaría si quiere ser presidenta; si quiere serlo, este es el momento, nunca tendrá una oportunidad mejor para hacer suya una corriente que busca a la persona que la lidere”, dic Henry Olsen, que en Washington es investigador principal del centro de estudios Ethics and Public Policy Center. “Una de las cosas que en la última década hemos visto en todo el mundo es a jóvenes líderes cautivando a la izquierda, ¿por qué no una AOC de 39 años?”.
Traducción de Francisco de Zárate.
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