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Colombia aguanta la respiración 72 horas después
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Colombia aguanta la respiración 72 horas después del terremoto: “Duele escuchar una voz bajo los escombros y no llegar a tiempo”

Un rescatista manda a callar para escuchar alguna señal de vida de debajo de los escombros en la ciudad de Pereira, una de las más afectadas por el terremoto del lunes en Colombia.

Gabriela Sánchez

Pereira (Colombia) —
12 de agosto de 2026 23:21 h

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Una voz ordena guardar silencio a través de un megáfono. Su directriz se replica y, como en efecto dominó, llega a los oídos de todo el que rodea una de las búsquedas de supervivientes esparcidos por la ciudad de Pereira. Los rescatistas sueltan las palas, la grúa apaga el motor, las motos frenan su trayecto, Claudia deja de avisar a sus vecinos de que hay bocadillos para quien quiera, María para el reparto de agua y Eduard posa en el suelo un cubo lleno de escombros. Y empiezan a alzar sus dos brazos, estirados, con los puños cerrados.

La vorágine y el griterío se transforman en un absoluto silencio. Intentan escuchar la voz de Tuto. Un rescatista rompe el silencio y dirige su mirada a las ruinas donde llevan días trabajando. “Les habla el equipo de rescate. Si hay alguien con vida, que haga una señal. Grite, de algún golpe, forme barullo”.

El silencio regresa, aun con más intensidad, y se transforma en una escucha colectiva. Los rescatistas, los voluntarios y los vecinos que presencian la escena se esfuerzan en tratar de percibir una respuesta, en oír un golpe, un quejido, una palabra que les anime a mantener la esperanza de vida entre los cascotes.

Los equipos de rescate con el puño levantado y en silencio tratan de escuchar si hay alguien debajo de los escombros, en la ciudad de Pereira, el 11 de agosto de 2026.

De repente, los operarios más próximos a al lugar donde piensan que se encuentra Tuto sepultado por los escombros rompen la calma. Sus manos abandonan la tensión de sus puños y empiezan a aplaudir. “¡Hay vida!”, anuncia el megáfono. Los vecinos se abrazan, se emocionan, aplauden. Un minuto después, regresa la actividad del rescate con aún más apremio. “¡Denle, denle! Sigamos trabajando!”.

La escena, repetida durante los dos primeros días tras el terremoto de Colombia –que ha dejado ya 239 muertos, según el recuento oficial–, se produce cada vez con menos frecuencia con el paso de las horas. La probabilidad de respuesta, de que sigan con vida algunas de las decenas de personas que se estima que continúan bajo los edificios colapsados de la ciudad de Pereira, una de las más afectadas, desciende.

Pero hay un límite en el que piensa cada rescatista y voluntario: las 72 horas después del sismo. Superado el plazo, las posibilidades de mantener la vida entre los escombros son mínimas, según los equipos de rescate de Colombia.

Rescatistas y vecinos tratan de escuchar alguna señal de vida que provenga de un edificio colapsado en Pereira (Colombia), el 11 de agosto de 2026.

El día tres tras el terremoto, superadas las 48 horas, todos tienen en su mente ese límite. El tiempo se acaba y la urgencia se percibe en casa uno de los puntos donde aún existe esperanza de vida bajo las ruinas de Pereira. Ojeroso y casi sin haber dormido en los pasados dos días, Jorge dice que no puede parar. Acaba de perder a su tía abuela, ha recogido su cuerpo bajo las paredes de la que fue su vivienda, pero no ha pasado por la cama. “Quiero ayudar a mis vecinos y recopilar todas las cosas de mi tía”, dice a elDiario.es el hombre de 34 años.

También Eduard, el coordinador de uno de los equipos de rescate voluntarios que se han organizado en Pereira tras el terremoto. “No podemos parar, ahora aún menos. Vamos allí donde nos necesiten”, asegura el joven, que ayuda en las labores de búsqueda desde el mismo lunes, pocas horas después de comprobar que el sismo no había afectado a sus familiares. “Duele mucho escuchar una voz bajo los escombros y no llegar a tiempo”, dice.

Unas horas cruciales

El Gobernador de Risaralda, el departamento donde se encuentra Pereira, explica a elDiario.es que estás horas son clave. Por eso, afirma, los esfuerzos oficiales están centrados en la búsqueda y rescate en esta primera fase. Superadas las 72 horas, agrega, empezarán a trabajar en los planes de reconstrucción, en el “ahora qué” en el que tanto piensan los miles de ciudadanos afectados por el sismo, que han visto destrozadas sus viviendas o esperan la comprobación del estado de su edificio para valorar si es seguro regresar a casa. Las autoridades calculan que 9.215 viviendas están destruidas, otras 45.457 dañadas y 140 edificios han colapsado.

“Estoy desempleada y, lo único que tenía era un piso en propiedad, que heredé de mi madre. Pero tengo miedo de volver. El edificio no ha colapsado, pero ha quedado muy dañado y no aparece seguro”, explica María del Rosario Arango Espitia, sentada en un pequeño taburete en el Albergue Parque Olaya Herrera, unas carpas levantadas por el Gobierno del departamento.

Sin otro lugar al que ir, pasa sus noches en los colchones dispuestos en el suelo para los afectados del sismo. “Aún no tenemos información de las ayudas. Esperemos que nos digan pronto”.

Vecinos entre los escombros de su vivienda en la zona de La Lorena, en la ciudad de Pereira (Colombia) el 11 de agosto de 2026.

El paso del tiempo también incrementa las posibilidades de que las llamadas de los supervivientes sean respondidos con más silencio. Horas después de haber contactado con Tuto, hombre de unos 50 años muy querido en el sector de La Lorena, uno de los más golpeados de Pereira, los intentos de conocer su estado se interrumpieron. Tuto dejó de dar golpecitos entre los escombros, como había hecho en al menos tres ocasiones, pero los rescatistas no dejaron de retirar cascotes en su búsqueda. Durante la madrugada, apareció su cuerpo, ya sin vida.

“El pobre Tutito, con lo que queríamos todos. Estuvo ahí aguantando, pero no sé pudo”, lamenta Danilo entre lágrimas. “Ojalá puedan encontrar a más vivos en estas últimas horas que nos quedan”.

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