La ultraderecha mundial liderada por Trump pone a España en el punto de mira y usa Ceuta para esparcir su xenofobia

Meritxell Freixas / Juan Gabriel García

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La llegada a Ceuta de decenas de miles de personas migrantes ha servido a la ultraderecha global para lanzar una ofensiva contra el Gobierno de Pedro Sánchez y sus políticas migratorias. En una estrategia compartida, líderes y políticos de distintos países han utilizado las imágenes de la frontera para reforzar un mismo relato, su relato habitual: presentar la migración como una amenaza y reclamar un mayor endurecimiento de las fronteras.

Los mensajes difundidos por dirigentes de la extrema derecha europea y por Donald Trump han recurrido a discursos xenófobos y racistas para aprovechar la crisis fronteriza —que ha dejado al menos 57 personas fallecidas— y alimentar el miedo a la migración.

“Hablar de 'invasión', convertir a todos los migrantes en delincuentes y sembrar el miedo sin pruebas no protege las fronteras: solo alimenta la xenofobia y la polarización. La irresponsabilidad también tiene consecuencias”, dice Anna López, doctora en Ciencia Política y autora de La extrema derecha en Europa, en una publicación en Bluesky.

En medio de las tensiones entre Washington y Madrid el último año y medio, la imagen de miles de marroquíes buscando un futuro mejor se ha convertido en la última baza del presidente de EEUU para atacar a España. “Es terrible. Recordad esa imagen”. Esto es lo que nos va a pasar en los próximos tres años si el bando equivocado llega [al poder]“, dijo el viernes el presidente estadounidense a la cadena Fox. Luego, el Departamento de Estado señaló que la situación en Ceuta ”es el resultado directo de los esfuerzos deliberados del Gobierno español para facilitar y promover la migración ilegal masiva hacia Europa“.

Trump capitaliza doblemente el episodio de Ceuta para hacer avanzar su agenda y erosionar la imagen del Gobierno de Sánchez. “El presidente Trump lleva mucho tiempo advirtiendo a Europa de lo que ocurrirá si sigue aplicando políticas de extrema izquierda y globalistas, incluida la facilitación de la migración masiva”, dijo a la cadena Fox News la portavoz adjunta de la Casa Blanca, Anna Kelly. “España y otros países que han adoptado esta filosofía destructiva deberían rectificar de inmediato o arriesgarse a su propio declive”.

En 2024, la promesa de endurecer el control fronterizo y combatir la inmigración irregular fue uno de los pilares de la campaña que llevó a Trump de nuevo a la Casa Blanca. Con la guerra de Irán atascada y los estadounidenses ahogados por el aumento del coste de vida, la crisis de Ceuta puede ayudar a Trump a volver a canalizar el malestar social en su favor. La situación también es instrumentalizada para justificar la dura campaña de deportaciones de Trump, marcada por denuncias de abusos y un endurecimiento sin precedentes de las detenciones y deportaciones ejecutadas por ICE.

Si España se ha convertido en un país incómodo para los Estados Unidos de Trump, al otro lado de la valla de Ceuta hay un gran aliado. La relación entre el rey de Marruecos, Mohammed VI, y Washington se ha consolidado durante el segundo mandato del republicano. Durante la primera presidencia de Trump, Rabat fue uno de los primeros países árabes en sumarse a los Acuerdos de Abraham para normalizar las relaciones con Israel. A cambio, en 2020, el republicano reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.

La campaña de la ultra europea

También la extrema derecha europea aprovechó la ocasión para lanzar, durante toda la jornada del viernes, una campaña en redes sociales en la que, bajo el mismo guion, los líderes ultras reclamaron el cierre a España del espacio Schengen –que permite circular sin control por países europeos—, hablaron de “invasión” y advirtieron de que las personas que llegaron a Ceuta acabarían desplazándose al resto de Europa –decenas de miles regresaron a Marruecos el día después–.

El comisario europeo de Interior y Migraciones, el austríaco Magnus Brunner, desmintió que se estén produciendo desplazamientos de personas desde Ceuta “hacia el continente europeo ni hacia otros Estados miembros”.

Italia, que la tarde del viernes decidió reintroducir controles en puertos y aeropuertos con España en una medida que implica una suspensión temporal de Schengen (aunque luego ha matizado que los registros serán aleatorios y solo a ciudadanos que no sean europeos), fue uno de los primeros en pronunciarse.

Con todo, ese sábado lideraba junto a Dinamarca y otros 20 países europeos, la petición de una reunión extraordinaria de ministros de Interior de la Unión Europea (UE) para analizar la crisis migratoria de Ceuta y acordar una respuesta coordinada y acciones inmediatas para el control de la frontera exterior. En la misiva se pide tener en cuenta, concretamente, el refuerzo del apoyo de Frontex y la eficacia de la cooperación de la UE con Marruecos.

Ya el jueves se posicionó a favor del cierre del espacio Schengen con España a través de mensajes lanzados tanto por la primera ministra ultraderechista, Giorgia Meloni, como por su ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, que el viernes provocó que el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, convocara al embajador italiano en Madrid, Giuseppe Buccino Grumaldi.

A ese primer anzuelo, se fueron sumando el resto de representantes de la extrema derecha europea. Las primeras adhesiones llegaron desde el norte. El Gobierno finlandés, en el que participan los ultraconservadores, secundó la propuesta italiana, al igual que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, una de las líderes europeas con un posicionamiento más duro contra la inmigración a pesar de pertenecer a la familia socialdemócrata.

El Partido Popular Danés (DF) y los líderes de Demócratas de Suecia (SD), las dos principales fuerzas de ultraderecha en esos países nórdicos, también apoyaron la suspensión de la aplicación del Tratado de Schengen con España.

La francesa, Marine Le Pen, candidata a las elecciones de la próxima primavera, pidió en sus redes que Francia “refuerce sin dilación los controles en sus fronteras” y, como si anunciara una medida de su futuro programa, aseguró que “reservará” la libre circulación Schengen “a los nacionales de la UE”.

La líder de Alternativa para Alemania (AfD), la ultra germana, Alice Weidel, que actualmente encabeza la oposición, publicó una imagen en X en la que se lee “Ceuta invadida” y en la que también deducía que “es probable que el destino de la mayoría de estos migrantes sea Alemania”.

El dirigente del partido neerlandés de extrema derecha PVV, Geert Wilders, que lidera uno de los partidos más grandes del Parlamento neerlandés, ya calificó este jueves la situación en Ceuta de “invasión islámica” y difundió sus habituales mensajes islamófobos y racistas en sus redes: “Deténganlos a todos. Devuélvanlos a todos. No más. No más islam”.

Tras tildar de “los locos de la izquierda liberal” tanto al Gobierno español como al de su país, solicitó el viernes la convocatoria de un debate plenario urgente para abordar la situación en España, sus posibles repercusiones para Países Bajos y las medidas que, a su juicio, deberían adoptarse.

El referente del partido ultraderechista británico Reform UK, Nigel Farage, tildó la crisis fronteriza en Ceuta de “batalla por el futuro de nuestra civilización”, ante la cual “es hora de despertar”. En una declaración grabada con imágenes de cientos de marroquíes intentando cruzar la frontera en busca de mejores oportunidades, alertó –sin pruebas– de que esos jóvenes, “muchos de ellos peligrosos”, pueden acabar en el Reino Unido.

Desde Portugal, el partido ultra Chega, liderado por André Ventura, anunció que presentará en el Parlamento una iniciativa para suspender temporalmente la aplicación del Acuerdo de Schengen y restablecer de inmediato los controles en las fronteras terrestres con España.

Fuera de la UE, Israel se sumó a la ola de críticas contra España y aprovechó la crisis fronteriza para expresar, una vez más, su reproche al Gobierno socialista, en medio del deterioro de las relaciones bilaterales tras las críticas reiteradas de Pedro Sánchez al genocidio en Gaza. El ministro de Seguridad israelí, el radical Ben Gvir, dedicó al presidente español un mensaje jocoso e irónico y le invitó a “dar refugio a toda la población de Gaza que desee emigrar” en lo que ha descrito como una “excelente oportunidad para contribuir un poco más a la diversidad humana” de España.

Conocido por sus declaraciones incendiarias y su postura supremacista, Ben Gvir “felicitó” a Sánchez por “su profundo compromiso con la acogida de la inmigración”.

En tromba contra la regularización

Una de las críticas más repetidas en la campaña de la extrema derecha europea contra España ha sido al proceso extraordinario de regularización migratoria impulsado por Sánchez para medio millón de personas que están sin papeles en España.

Los líderes ultras relacionaron la oportunidad de la regularización con un supuesto “efecto llamada”. Sin embargo, las personas que han cruzado a Ceuta en las últimas horas no pueden acogerse al procedimiento de regularización, cuyo plazo de presentación de solicitudes cerró hace un mes y que exigía, entre otros requisitos, haber entrado antes del 1 de enero de 2026 y haber vivido en España de manera continuada al menos cinco meses.

El italiano Tajani fue de los primeros en ponerlo sobre la mesa: “Las imágenes que llegan desde Ceuta demuestran cómo la decisión del Gobierno de Madrid de otorgar la ciudadanía española, por tanto europea, a más de 500.000 inmigrantes irregulares es profundamente errónea e incentiva el tráfico de seres humanos”.

El mensaje lo replicó luego la extrema derecha francesa. En un mensaje en su cuenta de X, el eurodiputado Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional (RN, el partido de Le Pen), reprochó al Gobierno español que, con esta medida, Sánchez “ha abierto las puertas de Europa a todos los peligros”. “El resultado –añadió Bardella– está ahí : desde hace varios días, miles de migrantes llegan al enclave de Ceuta. Mañana estarán en nuestras calles, contra la voluntad del pueblo francés”.

El primer ministro de la República Checa, el populista de derechas Andrej Babis, mencionó el “efecto llamada”, junto con el ultra británico Farage, que llamó “amnistía” a la regularización y espetó : “El mensaje de España es claro: entren y se les permitirá quedarse”.

“El drama de Ceuta ya es munición para la extrema derecha europea. Bardella culpa a Sánchez, habla de abrir las puertas de Europa y usa el miedo para pedir más cierres de fronteras. El mismo guion de siempre: convertir una crisis migratoria en oportunidad electoral”, dice Anna López. “La internacional del odio no descansa”.