Aprender a hacer barricas donde no hay escuelas: una tonelería de La Rioja forma a doce estudiantes franceses
Fernando Gangutia se crio entre barricas y duelas. Aprendió el oficio de tonelero viendo a su padre y su tío trabajar el roble y continuando con la herencia familiar que se remonta a 1870. Sus planes no pasaban por continuar ese legado y salió de La Rioja para estudiar en la Universidad algo que nada tenía que ver con la tonelería. Sin embargo, un tiempo después de terminar sus estudios, sus planes cambiaron y decidió volver a Cenicero para ponerse al frente de Tonelería Gangutia. Tuvo que aprender muchas cosas, pero no a armar una barrica, pues llevaba toda la vida viéndolo en casa.
Por el contrario, él ha tenido que ir formando y enseñando el oficio a todos los trabajadores que han ido pasando por su taller para trabajar. En La Rioja, como en todo el país, no hay una formación expresa de tonelería, que es el oficio que se dedica a la producción de barricas para vino o para destilados, ni tampoco existe una rama específica sobre ello en formaciones relacionadas con la madera, como la FP de Carpintería y Muebles, que sí está en la oferta educativa de La Rioja. “Este oficio está centrado en la formación interna: cuidar al trabajador, formarlo de forma interna para que aprendan y sean versátiles en cada puesto de trabajo. Lo único que existe son trabajadores que pueden pasar de una tonelería a otra y entonces sí vienen con conocimiento. Pero es evidente que es un hándicap”, apunta Teresa Pérez, gerente de la tonelería.
Sin embargo, en los últimos días este taller, ubicado en Cenicero, en La Rioja, ha contado durante dos semana con doce estudiantes y dos profesores, que se han integrado en la plantilla. Llegaron desde la región de Cognac, en Francia. En el país considerado la meca de la tonelería, la formación para este oficio está muy asentada. Es el llamado CAP (Certificat d’Aptitude Professionnelle) de Tonnellerie, un título de una duración de dos años que aúna formación teórica y práctica, si bien está última es el grueso del aprendizaje, en torno al 75%, trabajando en tonelerías reales. Además de la escuela de Cognac, hay una en Borgoña y otra en Burdeos y, en total, cada año se gradúan entre 60 y 80 nuevos toneleros en Francia.
El profesor Fabien Dimand, que les acompaña en esta experiencia, ha optado por utilizar el programa Erasmus para que doce de sus alumnos trabajen en esta tonelería en España. “Ofrece a los jóvenes la oportunidad de aprender oficios en otros países, así como otras culturas y formas de trabajar. Ya estuvimos en 2021 y volvemos encantados. Es muy enriquecedor tanto en lo personal como en lo profesional”. Cada día, los estudiantes van rotando por las diferentes funciones: preparado de la madera, cargar camiones, tostado, armado de barricas, fondos, reparación...
Las tareas son muchas y variadas, entre el fuego y el agua y siempre con la madera en la mano. En la tonelería se han sorprendido de que “tienen bastante idea, se nota que han tenido una formación importante en tonelería”. A lo que Daniel Tobalina, que ejerce de tutor con ellos, añade: “Saben hacer la mayoría de los pasos de una barrica, aunque hay cosas diferentes: en Francia, por ejemplo, se arman las barricas al revés y aquí les enseñamos nuestro método”.
El grupo de estudiantes y franceses también han encontrado otra diferencia importante en la calidad. “No es algo peyorativo”, aclara rápidamente el profesor. “Hemos acostumbrado a nuestros clientes a un productor de extremo lujo, aunque no cambie el aporte que la barrica le da al vino, y estamos haciendo un producto demasiado caro”, explica. Y añade: “Los franceses tienen una cultura extrema, como si fabricaran un mueble a medida, y esa no es la base de la tonelería. Hay que buscar el equilibrio”. Sobre esto también intercambiaron opiniones en sus primeros días de estancia en este taller de Cenicero, pues la riqueza es también aprender otra cultura del mismo oficio: “¿Son los españoles los que trabajan mal o son los franceses los que trabajan mal?'. Porque, en cierto modo, una barrica sigue siendo una barrica. ¿No seremos nosotros los que estamos desperdiciando demasiado?”.
La mayoría de los alumnos que participan en esta estancia de prácticas, todos hombres, se decidieron por la formación en tonelería, tal y como cuentan desde Cenicero, por su interés por la madera y por aprender una profesión tradicional que preserva la artesanía, además de porque es un oficio importante en la provincia en la que viven. “Me gusta por el aspecto físico y por poder hacer algo con las manos; es una recompensa personal cuando consigues fabricar una barrica”, apunta uno de los estudiantes mientras arregla una barrica. Aglan Monteiro, por ejemplo, lleva tres años en el oficio y ahora ha decidido formarse “para perfeccionar y aprender las cosas nuevas, ya sea técnicamente o culturalmente”. Sin embargo, los trabajadores de Tonelería Gangutia no tuvieron la posibilidad de elegir unos estudios de esta materia y, por tanto, no pensaron en el oficio de tonelero al pensar en su futuro, lo que se convierte en una dificultad para las empresas.
“Durante muchos años, cuando había una demanda importante, sí que era algo vital”, defiende la gerente de este taller. De hecho, ella misma impartió a principios de los años 2000 varios cursos de formación a través de la oficina de empleo “que sirvieron para contratar personal, no solo aquí, también en otras tonelerías del entorno”. Ahora la demanda de barricas y toneleros ha bajado, aunque, como señala, “evidentemente es importante todo lo que sea formar a la gente, que tenga un conocimiento mayor que pueda desempeñar en un mejor trabajo, en tonelería y en cualquier otra disciplina”.
La responsable de Tonelería Gangutia apuesta por la necesidad de incorporar la tonelería a la formación, al menos, como cursos específicos o como una rama de la FP de Carpintería. “Podría parecer que esa formación podría servir, pero está muy enfocada a la producción de muebles y no tiene absolutamente nada que ver con lo que trabajamos”. Algunos de esos estudiantes han llegado a este taller para prácticas o para trabajar y han tenido que aprender el oficio desde cero.
La existencia de estudios expresos es la manera también de despertar vocaciones, como las que tienen los doce estudiantes franceses. “Permitirme trabajar en una tonelería de La Rioja ha sido muy inmersivo, ha sido una experiencia verdaderamente enriquecedora para mí”, destaca Mallers Ganvain, con quien coinciden todos sus compañeros. Mientras tanto, en la riojana Tonelería Gangutia, Fernando se sigue encargando de enseñar las labores del tonelero a los trabajadores que llegan a su taller. La producción de barricas ha cambiado mucho desde que él la aprendió viendo a su padre y a su tío, pero él intenta transmitirla con la misma pasión. Y con ello, contagiar a su equipo de la misma pasión para domar el roble con la que ya cinco generaciones se han ganado la vida entre barricas.