Un asesinato sin culpable y sin nadie que lo busque: seis años del crimen impune de una mujer en Logroño

Declaración del acusado por el crimen de Los Lirios en Logroño

Olivia García Pérez

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Este 13 de octubre se cumplen seis años del asesinato de una mujer en su vivienda del barrio logroñés de Los Lirios y nadie ha sido condenado por ello. Sucedió en plena pandemia, en octubre de 2020, una circunstancia que generó algunas dificultades en la investigación. Aunque en un primer momento no trascendió ninguna información sobre la muerte, tiempo después se calificó como crimen machista y se imputó al marido de la víctima. Sin embargo, tras un juicio con jurado popular celebrado hace un año, el acusado fue declarado no culpable por falta de pruebas. Hay, por tanto, un asesinato sin esclarecer en La Rioja, porque quedó probado que la mujer fue asesinada, pero nadie ha sido condenado por ello ni se han abierto nuevas vías de investigación.

¿Cómo es posible que, si el único acusado es declarado inocente, nadie haga nada por buscar a quien la mató? En el juzgado señalan que tiene que ser la Policía Nacional quien facilite pruebas para poder abrir de nuevo el caso. En la Policía Nacional señalan, sin embargo, que una vez que un juez archiva el caso, “se para, salvo que haya otro elemento investigativo del que tirar y en este caso no lo hay”. Tampoco el hijo de la mujer asesinada, ni su marido absuelto, ni nadie de la familia han insistido en la necesidad de continuar con la investigación ya que no hay nuevas pruebas. Nada. Una mujer ha sido brutalmente asesinada y un asesino anda suelto, pero nadie tiene intención de hacer nada.

Fue su marido quien encontró el cuerpo de la víctima y alertó a la policía diciendo que su mujer se había suicidado. Sin embargo, la investigación concluyó que había sido un asesinato. De hecho, el equipo forense que realizó la autopsia de la mujer destacó “la profundidad” de las heridas que presentaba el cuerpo, dos de ellas mortales, tanto en el cuello como en el corazón y afirmaron que, aunque no se encontraron heridas de defensa o lucha, se descartaba por completo el suicidio.

Explicaron con detalle cómo el nivel de sangrado de las heridas del cuello y el corazón (la víctima estaba degollada y su corazón atravesado por una puñalada) impedían que cualquier persona pudiera hacer después nada más. Sin embargo, el cuerpo presentaba cinco heridas de arma blanca posteriores realizadas en el tórax y el abdomen “con mucha fuerza”. “Es muy difícil pensar que una persona que se acaba de cortar la vena yugular (está probado que fue la primera herida) y que está en ese estado sea capaz de hacerse otras heridas con esta intensidad”, declararon los profesionales.

Además, señalaron que la escena que encontraron al llegar al domicilio de Los Lirios “era extraña”. Se refirieron en concreto a la posición en la que apareció la víctima, con los brazos en una disposición que indicaba que el cuerpo había sido movido, a la pluralidad de las heridas y al hecho de que la víctima no había intentado defenderse.

Tanto el informe policial como la tesis de la Fiscalía apuntaron siempre al marido de la víctima como presunto culpable, pero finalmente fue absuelto con el voto de ocho de los nueve miembros del jurado popular. La Policía argumentó durante el juicio que “él mismo” se había encargado de que no se pudiera acceder al registro del móvil porque “lo apagó la noche de los hechos”. Sobre el visionado de las cámaras de seguridad que podían haber probado el desplazamiento del acusado al domicilio de la víctima dijeron que no se pudo acceder a ellas porque “esas imágenes se borran automáticamente en un mes” y en ese plazo la policía no tenía “enfocada la investigación”. Así explicaron el hecho de “no haber podido aportar una prueba de cargo definitiva”.

Pusieron también el acento en el hecho de que el acusado había cambiado de móvil veinte días después de la fecha del crimen, cuando lo había hecho también un mes y medio antes del suceso. “Esto dificultó mucho la investigación para poder conocer las búsquedas de su móvil. Nos lo ocultó”, dijeron los agentes durante el juicio.

Sin embargo, la defensa del acusado se apoyó en estas carencias para argumentar que todo se estaba basando en “interpretaciones, sospechas y opiniones. No hay pruebas”. La abogada insistió en que no había “ningún dato objetivo” y así lo consideró también el jurado en su votación.

Ahora, seis años después de aquel octubre en Los Lirios, el crimen sigue en un desgarrador punto muerto: no hay culpables ante la ley, pero tampoco voluntad de encontrarlos. Pese al fallo judicial que absolvió al único sospechoso por falta de pruebas concluyentes, la causa permanece archivada en un limbo burocrático donde la justicia y la policía se remiten mutuamente la responsabilidad. Un inmovilismo institucional al que se suma el silencio de la propia familia, ya que ni el marido absuelto ni el hijo de la víctima han reclamado que se reabra la investigación ni han exigido respuestas. Así, mientras las inconsistencias de las pesquisas iniciales dejaron el asesinato sin resolver, la falta de impulso posterior condena el caso al olvido, dejando impune la muerte de una mujer y a su agresor, sea quien sea, en la calle.

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