Humedales
No lo niegues. A ti esto de conservar los humedales te suena raro, lejano. En realidad, te importa un pito. Es seguro que hoy, Día Mundial de los Humedales desde 1997, después de decenas de “celebraciones”, ni sepas de qué van ni por qué les damos tanta importancia (algunos, sólo algunos, muy pocos).
Si has llegado hasta aquí, me apuesto un par de aguas del grifo, que te estarás preguntando: ¿qué diablos son los humedales? Y la pregunta de siempre... ¿para qué coño sirven? ¿Acaso no son un criadero de molestos mosquitos? ¿Pero es que no hay que desecarlos para evitar enfermedades como el paludismo, el dengue, las diarreas o el cólera? ¿Es que no están mejor desecados, como se ha hecho “siempre”, para crear más campos de cultivo, para urbanizarlos, para plantarlos de árboles, para evitar la gripe aviar…? Pues mira: sí y no.
Los humedales pueden ser la fuente de todos esos males para la salud pública, sobre todo si se contaminan sus aguas por acción de la agricultura, la industria o las aglomeraciones urbanas (cosa muy habitual). El cambio climático también amplifica el problema. Pero, como sabes, existen tratamientos médicos eficaces contra esas enfermedades. Y, sin embargo, los humedales son importantes para la Naturaleza, es decir, para ti, para todos nosotros.
Si se destruyen, se encorsetan o se rellenan, se pierde la barrera natural que reduce el exceso de agua en las grandes avenidas (acuérdate de las danas). Si se drenan o se quema su vegetación, liberan a la atmósfera enormes cantidades del CO2 que han acumulado durante milenios, intensificando el cambio climático. Si se desecan, su suelo fangoso, con exceso de sales y propenso a inundarse no es el más apto para la agricultura ni para el urbanismo. Si se sobrecargan de nutrientes (abonos químicos), producen malos olores y problemas de calidad del agua superficial y del acuífero asociado. Si se gestionan mal, se llenan de especies exóticas. Si no se regulan sus usos recreativos, las actividades al aire libre son menos placenteras. Aquella puesta de sol reflejada en espejo del agua, aquel atardecer en el que te enamoraste, ya no emocionará más tus apasionados ojos. Y si tienes la suerte de que el humedal sigue existiendo, si vuelves, ya no oirás el canto de tantos pájaros, ni verás a las libélulas en su último vuelo del día, ni a los murciélagos cazando mosquitos, ni a las ranas cantar, porque la urbanización lo habrá modificado todo o los motores de los tractores sacando agua le habrán quitado toda la magia.
La Convención de Ramsar, un tratado intergubernamental mundial, lleva peleando decenas de años para conseguir el uso racional de los humedales naturales (marismas, pantanos, turberas, deltas, tablas, manglares, etc.). Pero, muy a su pesar, desde los años 70 hasta ahora, hemos hecho desaparecer el 35% de los humedales de todo el mundo; en España, cerca del 60%. Y tú en la inopía.