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La Navidad desaparece, Conrado también

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Las fiestas navideñas han llegado a su conclusión y es hora de analizar qué poso han dejado. Además de la valoración propia, el análisis se puede completar con la típica pregunta a nuestra vecindad y al entorno más allegado: “¿Qué tal las fiestas navideñas, cómo has visto todo?”.

Les puedo responder con el ejemplo de una escena muy habitual en las reuniones familiares de estas fechas: aparece una nueva persona relacionada con nuestros seres queridos y nos la habrán presentado por el importante papel que desempeñará en la estructura familiar. Una vez celebrado el encuentro, llega el momento de la valoración. Y en esta situación no hay peor comienzo que responder con desgana algo similar a “Psss, bueeeenoooo, pues ni fu ni fa”. 

Desgraciadamente, nos encontramos en una situación análoga a la expuesta: con un veredicto unánime en la calle que entremezcla apatía, tedio y pereza ante lo organizado en estas fechas de Navidad por el Equipo de Gobierno del PP. Ello viene motivado por una suma de circunstancias que han hecho de estas celebraciones algo poco estimulante y que apenas será recordado en el futuro (como todo lo que sucede con Conrado Escobar). 

Tal y como se ha comentado en estas semanas, todo empezó mal con la nefasta instalación de la ornamentación navideña: tarde y mal, con calles sin instalación lumínica (la calle Juan XXIII es un ejemplo representativo), con un diseño muy opinable y sin la intensidad ni la gracia de años anteriores.

Tampoco ha ayudado la triste, o aburrida (según se opine), instalación del Belén Monumental, huérfano este año de un mercadillo artesanal que le complementaba muy bien: material deteriorado, falto de vigilancia, mismo circuito de siempre, desarrollo similar a la de todos los años… 

A estos asuntos troncales sumemos la llegada de los Reyes Magos que, al igual que las cuestiones antes señaladas, destila una reiteración, un “más de lo mismo”, que no genera expectativas entre los infantes ni desprende confianza entre adultos (ni en el estadio ni en la cabalgata posterior). Es cierto: no adolece de faltas graves, no existen grandes fallos, pero tampoco ilusiona en demasía. Estamos en ese ‘deja vú’ que mencionaba al principio de esta tribuna: “Psss, bueeeenoooo, pues ni fu ni fa”. 

Y esto es muy sintomático, muy representativo de la legislatura comandada por Conrado Escobar como actual regidor: la inercia, la complacencia, ese ‘dejarse llevar’ por la rutina (o esa ausencia de buen gusto demostrado en la estrambótica decoración navideña de la estatua del General Espartero)… no son buenas compañeras de viaje para ejercer con ilusión la acción de Gobierno en la recta final de la legislatura municipal. Más bien, son una muestra de indolencia y apatía, de incapacidad manifiesta para generar el impulso que necesita esta ciudad para adentrarse en el siglo XXI. Al final, la Navidad desaparece y no deja ningún poso en la vecindad; pero el alcalde Conrado Escobar tampoco.