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Calma tras la borrasca en el Retiro, con estatuas cercenadas y hartazgo por los cierres: “Venimos a trabajar porque no avisan”

Guillermo Hormigo

Parque del Retiro, Madrid —
7 de marzo de 2026 22:37 h

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Dos bustos decapitados rodeados de árboles caídos componen una siniestra imagen en el corazón del parque del Retiro. La escultura homenaje al dramaturgo Ramón de Campoamor y Campoosorio, en la que tres mujeres rodean al autor, presenta desde hace días a dos de ellas sin cabeza. Es la consecuencia más drástica del temporal de viento y lluvia que ha obligado a cerrar el recinto durante varios días consecutivos en las últimas semanas, ante la concatenación de borrascas que ha azotado Madrid y muchos otros puntos del país. Un chasco para los turistas, una pérdida para unos vecinos que tienen en el parque el principal valor del barrio y una enorme preocupación para el personal que trabaja en su interior.

Todo ello con las dudas que genera un protocolo municipal de cierres “ambiguo y errático”, como lo definen vecinos del distrito de Retiro. Las clausuras se comunican con poco margen y con habituales discrepancias entre diferentes canales de comunicación (paneles físicos en las puertas, redes sociales, comunicaciones corporativas...). En contraste a esta falta de claridad, la cuenta particular Estado Parques Madrid informa pormenorizadamente a través de X y BlueSky. Lo hace de manera automática, gracias a un bot, detallando de forma automática qué parques están afectados por cada tipo de alerta.

Respecto al Retiro, con alerta amarilla se restringe el acceso a áreas infantiles, deportivas y de mayores y también a los Jardines de Cecilio Rodríguez. Con la naranja, se suman el área canina, Pinar de San Blas, Cementerio, Planteles y los Jardines de Herrero Palacios. También se suspenden los eventos al aire libre. En alerta roja se procede al desalojo y cierre completo del parque. Hay que tener en cuenta que este último caso implica la clausura durante el aviso rojo, pero también en los primeros compases de la jornada siguiente, hasta que los técnicos evalúen el estado del arbolado o las ramas y la ausencia de peligro de desprendimientos.

El modelo no convence a Javier de la Puente, presidente de la Asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro, para el que, sin embargo, el principal inconveniente está en la gestión, el mantenimiento y el diseño actuales del parque. Pocas personas han dedicado tantos esfuerzos a conocer, preservar y mejorar este pulmón de Madrid. Lo hace además con conocimiento de causa, por su formación y carrera como ingeniero de montes e ingeniero técnico forestal.

“Fíjate en las raíces”, explica a Somos Madrid señalando a uno de los árboles tumbados junto a las estatuas decapitadas. “Crecen en horizontal y no en vertical, así que van subiendo y quedándose sin anclaje. Eso es porque van buscando un agua que no les llega. Antes esta zona se regaba con manguera, pero desde que rediseñó con el formato de pradera se hace mediante aspersores. En este caso el problema ha venido del propio diseño, que se ha hecho sin el control ni el conocimiento necesarios”, expone, mientras pasa a dirigir sus miradas a un plátano de sombra cercenado por la caída de los árboles de gran porte.

Durante un recorrido por el parque, va señalando decenas de árboles torcidos o con ramas sujetadas con pilotes. Raíces desprendidas o que podrían caer en cualquier momento. Afirma que el temporal ha arrasado “más de veinte” solo en el Retiro, a los que hay que sumar varios más en sus alrededores. Cree que “faltan medios tecnológicos de primer nivel y técnicos especializados”. Sobre este último punto, recuerda que en una reciente convocatoria para dirigir la conservación del Retiro hubo un único candidato: “Me he reunido con él y es un chico muy majo, pero su formación es como abogado. Espero que se rodee de un buen equipo, porque se necesitan personas con importantes conocimientos sobre la fauna y la flora del parque. Aquí tenemos 19.000 árboles de 160 especies diferentes. Y luego está el patrimonio, es un lujo recorrer un parque repleto de palacios y monumentos. Es una pena que acaben dañados, como el de Campoamor”.

La incertidumbre de llegar al trabajo y encontrar las puertas cerradas

En Nacional Retiro, uno de esos restaurantes dentro del parque que frecuentan turistas o algún corredor en busca de reponer fuerzas, la plantilla ha vivido en sus carnes la frustración de esta concatenación de clausuras. Una joven que atiende la barra explica que han caído los ingresos, han disminuido las horas de trabajo y ahora “habrá que recuperarlas cuando venga el buen tiempo”. Cuenta a este periódico que será más sencillo cuadrarlas ya que la empresa tiene hasta tres locales en el parque. Lo peor, explica, es la falta de información: “Nosotras venimos a trabajar, porque no avisan nunca. El otro día estuvimos esperando desde las 7.00 hasta las 13.30 porque se supone que iban a abrir”.

Un apunte positivo es que no se han producido recortes de plantilla: “Como es la época de mal tiempo estamos ya los justos”. La coyuntura es más complicada en verano, cuando también son comunes los cierres en jornadas con altas temperaturas y fuertes rachas de viento, dos factores que contribuyen al desprendimiento de ramas. “El año pasado apenas cerraron por estas fechas aunque llovió y en julio lo hicieron mucho”, recuerda la empleada. Javier pone el acento en el efecto que los cierres están causando en Florida Park, el establecimiento más conocido y exclusivo del parque: “La concesión municipal que paga el dueño es casi millonaria y ya le han dicho que por muchos días al año en los que no pueda abrir no va a haber renegociación alguna de lo que paga”.

Manuela trabaja en la Biblioteca Municipal Eugenio Trías, situada dentro del parque. Al igual que los comercios o parte del personal de mantenimiento (los más perjudicados según Javier, ya que muchos cobran en función de las horas trabajadas), el cierre del Retiro implica un cambio sustancial en sus condiciones laborales, ya que no pueden acceder a las instalaciones: “Esos días nos derivan a otras bibliotecas para labores de refuerzo. Suelen tener en cuenta nuestras preferencias para llevarnos a la que pille mejor a cada cual, salvo que alguna lo necesite especialmente por tener poca gente”. Admite en conversación con este diario la especial complejidad de este 2026: “Normalmente suelen ser tres o cuatro días al año, pero es verdad que esta vez ha sido más lío porque ha habido semanas enteras en las que no hemos podido venir”.

Una de las principales afectaciones viene por el poco tiempo con el que reciben los avisos de estos traslados: “Es el margen que la alerta permite, así que normalmente nos lo confirman prácticamente cuando ya estamos aquí”. Javier propone crear un acceso a la instalación a través de la avenida Menéndez Pelayo, pero las complicaciones técnicas y para la conservación del patrimonio dificultan la idea. “Lo veríamos bien, pero es complicado también a nivel de accesibilidad”, apunta Manuela desde su puesto de atención al público en la entrada de la biblioteca.

Willy es paseador de perros y narra a este medio las dificultades que se están encontrando en su tarea: “Los animales necesitan correr dos o tres horas al día y no los puedes soltar en cualquier porque se escapan (y te multan). Hace falta un espacio grande y cerrado, por eso el Retiro es ideal”. Recalca además que otros parques cercanos, como el de la Anunciación, “están descuidados, así que en situaciones adversas son todavía más peligrosos aunque no los cierren”. Todo ello en un distrito “donde ya hay más perros que niños”.

Cuestiona la poca previsión con la que actúa el Ayuntamiento de Madrid: “Cierran cuando les da la gana, a veces estamos dentro y nos echan”. Willy lamenta que “estas dos últimas semanas han sido terribles” y se ha encontrado varias veces con la misma situación: “Llegar con tres o cuatro perros a la puerta y no entrar, lo cual como es normal les pone muy nerviosos. Los propios vigilantes están en contra y nos dicen que pongamos quejas. En la zona de perros no hay apenas árboles, es ridículo”. En su caso, además, tampoco puede desarrollar sus labores cuando se producen cierres parciales: “Las zonas infantiles balizadas se siguen usando, porque solo ponen una cinta. La de perros, en cambio, queda cerrada con llave”.

Abrir caminos y reforzar controles

Julio, otro habitual paseador de perros en Retiro, conversa con Javier sobre posibles soluciones que no trastoquen de forma tan severa el día a día de los vecinos. Ambos proponen establecer “caminos abiertos” que funcionen cuando se anuncien las alertas. Es decir, habilitar algunas de las principales vías del parque que permitan al menos atravesarlo o acudir a sus puntos más importantes.

Son conscientes de que ello implicaría reforzar los controles y la vigilancia para que nadie abandone las zonas habilitadas, aunque animan a confiar en la responsabilidad ciudadana. Creen que esta opción solucionaría otro hándicap asociado a las clausuras: “Las calles de alrededor se congestionan entre los perros, los corredores y la gente que va con prisas a trabajar por aceras estrechas. Hemos llegado a ver clases de zumba que después de la clausura han pasado del interior del parque a las aceras”, apuntan. Javier apostilla que la propia Unesco ha pedido ensanchar estas aceras como parte del Paisaje de la Luz. “Claro que eso supondría quitar un carril de coches”, desliza en tono de reproche hacia el Ayuntamiento.

La cuestión de los controles también merece las críticas de Javier. Pone como ejemplo el caso de los agentes de parques: “Se incorporaron 38 por oposición hace unos años. Pues bien, ya solo quedan 12. Lo han ido dejando totalmente desmotivados. Han perdido atribuciones y las competencias en materia de seguridad y control, sin que se aclaren sus funciones”.

El presidente de los Amigos del Retiro aboga por una gestión cohesionada y centralizada: “Algunos aspectos son competencias de la Junta Municipal de Retiro, otras del área de Zonas Verdes [dependiente de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad] y hasta tenemos espacios determinados con un carácter más institucional que dependen de la vicealcaldía. Es un sinsentido, esa falta de coordinación se acaba viendo en el mejorable mantenimiento del arbolado, en un diseño que tiene muchos errores o en la mala comunicación de las medidas que se toman por las alertas”.

Admite que en la dinámica de cierres ha tenido mucho que ver las lógicas precauciones que se han extremado desde la muerte de un niño de 4 años por la caída de un tronco mientras paseaba por el Retiro con su padre en 2018. “A la alcaldesa Manuela Carmena le afectó mucho personalmente”, recuerda. La exregidora ha reconocido públicamente que el día de la desgracia fue el peor de sus cuatro años en la alcaldía. Carmena intensificó los protocolos de cierre, azuzada también por unos fenómenos meteorológicos cada vez más adversos, y el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida ha mantenido esta política.

En la mañana en la que Javier y Julio muestran el lado más oscuro del Retiro, el sol luce en el cielo de Madrid por primera vez en semanas. Los árboles arrancados del suelo y las raíces caídas al suelo aparecen como sombras de una batalla. Un curioso contraste con el de esos vecinos que vuelven a deambular por un parque que es clave en la identidad del distrito, hasta el punto de darle nombre: “Estoy feliz, al final en gran parte viernes a vivir a la zona por tener al lado este tesoro”, comenta una paseante que lo recorre con su bebé. Cuenta que la pequeña, recién nacida, lo está conociendo por primera vez. Porque en las quejas vecinales hay un punto de estado de ánimo, de efecto que los cierres dejan en el espíritu general del barrio. Para quien ha crecido y vivido en el Retiro, como en el futuro esta niña, un solo día sin él deja un pequeño vacío difícil de llenar.