Detenido por cuarta vez el desahucio de Mariano, al que una orden religiosa quiere echar de su casa en Madrid

Guillermo Hormigo

Madrid —
13 de febrero de 2026 10:53 h

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Mariano Ordaz podrá seguir viviendo en su casa, por mucha que esta sea cada vez más inhabitable. Su posible desahucio ha despertado una ola de solidaridad, apoyo y contestación que se ha materializado en la mañana de este viernes. Ni siquiera la intensa lluvia con la que ha arrancado el día en Madrid ha amedrentado a las decenas de personas que han acudido al portal de su edificio en el barrio de Embajadores para detener la posible expulsión. Alrededor de las 9.20, más de dos horas después de la hora prevista para el desalojo, la comitiva policial y judicial desplazada ha comenzado a marcharse. El lanzamiento ha quedado aplazado, sin nueva fecha establecida hasta el momento.

“¡Lo hemos parado, Mariano se queda!”, ha celebrado el Sindicato de Inquilinas en sus redes sociales. Esta entidad se ha volcado en el apoyo al vecino de la calle del Carnero. De hecho, la mayoría de personas concentradas llevaban sus característicos chalecos naranjas, incluído el propio Mariano. ‪“Empapados, casi sin dormir, hemos parado el cuarto intento de expulsarle de su casa. ‬‪Lo hemos hecho con organización, con nuestros cuerpos y resistencia ante una ley deficiente”, trasladan desde la agrupación.

Antes, poco después de las 7.00, comenzaban a informar de su movilización para evitar a toda costa la enajenación: “Hoy luchamos por Mariano. La VOT [Venerable Orden Tercera] pretende desahuciarle habiendo vivido toda su vida en su casa, después de dejarla caerse a cachos: acoso inmobiliario. Nos defendemos y organizamos donde las instituciones y justicia nos fallan”.‬ La jornada ha estado repleta de eslóganes combativos: “Poder inquilino”; “vecina, despierta, desahucian en tu puerta” o “las llaves de Mariano se quedan en su mano”.

Alicia del Río, portavoz del Sindicato, ha explicado que esta suspensión ha sido posible “gracias a que Mariano fue valiente” y acudió a la entidad, así como a “la organización popular”. “Las instituciones iban a sacarle a la calle: el Congreso, los jueces, la policía, servicios sociales y todo el sistema rentista. Hemos parado una barbarie ante la cual solo queda desbodecer las leyes que nos quieran echar para especular”, ha aseverado en declaraciones a los medios.

Según trasladan desde la organización, la jornada no ha estado exenta de tensión antes de que llegase el final feliz para Mariano: “La policía lo llama quedada, saben que hoy lo van a tener muy difícil para expulsar a Mariano de su casa”. Finalmente ha sido tan complicado que no han podido hacerlo.

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A sus 67 años, tiempo en el que solo ha conocido esta casa donde nació cuando ya vivían en ella su abuela y sus padres, Mariano se enfrenta a una encrucijada compleja. Debe elegir entre su propia seguridad o su más que probable desahucio si abandona el piso para que la orden franciscana que ostenta la propiedad ejecuten los trabajos de reforma necesarios.

El techo de la cocina, carcomido por las humedades, se vino abajo el pasado 8 de noviembre. La estancia ha quedado inutilizable desde entonces, con la excepción de la nevera. La encimera, el fregadero o la propia cocina cedieron ante la caída de unos escombros ahora agolpados en una esquina. Más de tres meses después, pilotes colocados por los bomberos evitan el colapso de la estructura y la apuntalan. Estos elementos también ocupan la mitad del baño, incluida la ducha, para reforzar la estabilidad. Mariano hace algunas elaboraciones con un hornillo o busca lugares baratos para comer. Se ducha en casas de amigos, la de su vecina o en el gimnasio de un centro social. No sabe si su vivienda regresará algún día a la normalidad.

La propiedad solo se pliega a acometer las obras necesarias si él la abandona. “Ahora que el desahucio se ha parado sin fecha, la propiedad tiene tiempo para las reformas acometidas sin echar a Mariano de la casa en la que lleva toda su vida”, apunta el Sindicato en un comunicado.

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Mariano estuvo a punto de ser desalojado (llegó a recibir una orden) ya en 2022, después de acumular impagos. No hubo caridad por parte de su casero, la milenaria Venerable Orden Tercera de San Francisco, llamada popularmente VOT y conocida más recientemente como Orden Franciscana Seglar (OFS). Finalmente, el lanzamiento lo evitaron la movilización del Sindicato de Inquilinas y el freno judicial amparado en el decreto del Gobierno para la paralización de los desahucios a quienes acrediten vulnerabilidad. Este último escudo está ahora mismo en el aire, pero el apoyo del Sindicato ha vuelto a convertirse en su mejor protección.

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Mariano se dedicaba a la hostelería y se quedó sin empleo en la pandemia. Después solo pudo acumular contratos menores en el Hospital Gregorio Marañón, además de cobrar una paga que no llegaba a los 500 euros. Ya jubilado, le quedan algo más de 1.000. Por ello quiere renegociar su deuda y su alquiler con la orden religiosa, ahora que puede afrontarlos. A cambio, pide que los trabajos se hagan con él en el interior o marcharse provisionalmente después de firmar un acuerdo que acredite que, una vez acabada la rehabilitación, volverá a su hogar.

La propiedad, que desde la caída del techo solo ha enviado un técnico que instó a colocar pilotes también en el baño (los de la cocina los pusieron los bomberos), rechaza sus peticiones e incluso una reunión. “Es una treta para que me vaya”, opina sobre las instancias que ha recibido para dejar la vivienda debido a la obra. Está convencido de que, si se marcha, no podrá volver.