El Maderfaker cierra y pone fin a 30 años como alma de la música negra y el baile en Malasaña

Uno de los bares donde con más intensidad se agitaban los cuerpos en Malasaña acaba de decir adiós. Lo ha hecho casi sin hacer ruido, en la calle San Vicente Ferrer, durante el verano. Y hace unos días lo comunicaba oficialmente: “Después de 30 años, el Maderfaker ha cerrado sus puertas definitivamente”, escribía en redes sociales su responsable como arranque de un largo texto de agradecimiento.

“El cuerpo me está diciendo que quiere otra cosa”, explica Rogelio Vega en conversación con Somos Malasaña, una semana después de comunicar la decisión. Roge, el encargado del Maderfaker, también camarero, DJ y agitador cultural, ha decidido que ahora es el momento de finalizar la etapa del bar que fundó en el año 1996 y desde donde ha hecho bailar al barrio desde una propuesta muy personal, en forma de club de Funk&Soul, con una amplia acogida entre públicos de diferentes edades, a lo largo de varias épocas.

El cierre llega por voluntad propia -cuenta- después de “un cúmulo de circunstancias que me hace tomar la decisión”, avanza para luego detallar que a sus 55 años sus ritmos son más diurnos que nocturnos, que su casa está en la sierra, lejos de Malasaña, y que cada vez pesaban más los retornos a las cuatro de la mañana después de bajar la persiana. A lo que se añaden el aumento de gastos y el cambio de costumbres sociales, con un público que sale antes pero que también se marcha antes, lo que reduce el tiempo de hacer caja.

A las circunstancias personales o laborales se les unen otras cosas más relacionadas con la evolución del barrio y del centro de la ciudad. “Está cambiando mucho, cada vez hay más turismo”, cuenta sobre el público que acudía los fines de semana al local y que pasó de estar formado mayoritariamente por conocidos y habituales a nutrirse de gente de paso, que busca pasárselo bien el fin de semana y movido más por los precios o las ofertas que por la música. Una turistificación que le ha acabado haciendo mella: “La energía que recibe el que está trabajando detrás de la barra es muy distinta a la que te da un público que llega cada fin de semana. Al final se te agria el carácter”, reconoce Rogelio.

Antes de que llegara eso, Roge decidió parar. Lo hizo después de reflexionar sobre su local mientras rodaba un documental sobre los 30 años que llevaba abierto el Maderfaker, que verá la luz en el futuro. “Me puso en perspectiva el sentarme y analizar todo este tiempo, ver lo que supone para un montón de gente el local o lo que ha supuesto para mí”, comenta mientras recuerda cómo ha seguido disfrutando hasta el último día de moverse por su bar y “ver bailar a la gente mientras pincho la música”.

Del chiringuito de Huelva al local del Nairobi

Rogelio Vega comenzó a servir detrás de una barra a los 16 años y fue algo después, durante un verano de 1995 llevando con unos amigos un chiringuito de una playa de Huelva, cuando sintió que podía dedicarse a lo de la música y los bares. “A mí me gustaba la parte de la noche, cuando dábamos copas y poníamos cintas. Fue terminar allí y buscar un local en Malasaña, que era por donde yo salía un montón”. Así que, junto a un compañero de colegio, buscó un bar que se ajustara a lo que quería. Lo encontró en el número 17 de San Vicente Ferrer, en un local que hasta ese momento se había llamado Nairobi.

El Maderfaker abrió allí un sábado, el 9 de marzo de 1996. Al principio sonaba más rock y muchas guitarras, aunque a Rogelio le gustaba todo tipo de música. Poco después su impulsor empezó a frecuentar los domingos del primer Café Berlín, el de Jacometrezzo, al que iba junto con un camarero de su calle al que le gustaba el jazz y la música afroamericana, aprovechando que los locales de ambos cerraban ese día. “Había unas sesiones alucinantes, yo empecé a investigar, a coger música de ese tipo”, recuerda ahora. En 1999 se quedó ya solo al frente del Maderfaker y probó a pinchar estos estilos sonoros durante el verano. Ante la buena acogida del público, siguió haciéndolo... y así durante casi tres décadas, en las que su local se convirtió en punto de reunión del baile y de la música negra. Un lugar en el que divertirse con música distinta y moverse hasta la madrugada: “El baile era el leitmotiv del bar”, asegura.

La unión del Maderfaker con otro proyecto musical, la revista Enlace Funk, dio a luz un ciclo de conciertos en 2011 y también el comienzo de Madrid es Negro, un festival que celebraba la cultura afroamericana en Madrid que se extendió durante una década, como muestra de que lo que sonaba en este club de San Vicente Ferrer iba permeando por otros ámbitos de la ciudad. Se celebró con éxito hasta la pandemia, con la participación de Miguel Ángel Sutil (Enlace Funk) y Fernando Roqueta.

Cuenta Rogelio que gracias al negocio que montó en 1996 pudo “crecer musicalmente, llevar a cabo proyectos culturales, discos recopilatorios o conocer a músicos increíbles”. Unas experiencias que le han llenado a nivel personal: “No puedo pedir más, me siento pleno, orgulloso y feliz. Ni en mis mejores sueños me podía llegar a imaginar llegar a tanto tiempo abierto”, sentencia mientras agradece todas las muestras de cariño que le han llegado desde que anunció el cierre en redes sociales. “Es una barbaridad la reacción. Abro el Instagram y me abruman las muestras de cariño, ver lo que ha significado el bar para mucha gente de varias generaciones, público para el que era un lugar donde reunirse, escuchar música, compartir”. También reconoce que su unión emoción con el local y entiende que para mucha gente la clausura “haya sido un golpe duro, aunque hiciera tiempo que no vinieran. Ellos son también el Maderfaker”.

“Tomar la decisión fue algo difícil”, explica Rogelio. “Quería hacerlo pero cuando lo hice me puse a sollozar como si hubiera muerto mi ser más querido, porque se iba una parte de mí y también sabía que había gente a la que le iba a doler el corazón”. Aún así, se confiesa “feliz” por pasar a otra etapa y reitera su contento por haber cumplido 30 años con el local abierto, “yendo bien y habiendo hecho todo lo que hemos podido hacer, además con un documental que es un regalo para mí y el fiestazo en la sala Villanos”.

Lo último que cuenta es la gran fiesta de despedida del Maderfaker, que tendrá lugar el próximo 17 de octubre en la sala de la calle Bernardino Obregón. Iba a ser una celebración por el 30 aniversario del bar, pero se ha transformado en un adiós por todo lo alto, con música basada en las películas de blaxploitation, concierto de Enlace Funk Experiment, cantantes invitados y donde se prometen “muchas sorpresas”, además de una docena de DJ que pasaron por el Mader. El epílogo de la despedida la pondrá el citado documental, que produce Carlos Salvador y que será estrenado en salas previsiblemente en el mes de noviembre.