Partida por el gran partido: Madrid aspira a la final del Mundial 2030, pero Marruecos ultima el mayor estadio del mundo
Es el duelo que suscita todas las miradas del planeta fútbol. Un gran evento deportivo, pero también comercial, turístico y publicitario. La final de un Mundial decide mucho más que la mejor selección, apuntala también el recuerdo futuro del campeonato. Y, en una competición de sedes múltiples como la que España albergará junto a otros cinco países en 2030, apunta hacia su principal organizador y responsable. En ese contexto, Madrid vive desde hace meses una velada carrera contra un más que ambicioso proyecto de Marruecos. En menor medida, también con un Camp Nou de Barcelona que parece algo rezagado. Una disputa que traspasa lo futbolístico, con tintes incluso geopolíticos.
El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, aseguró con rotundidad en enero durante la gala de los Premios Deportivos de Madrid que la final del Mundial 2030 tiene ya país cerrado: “España va a ser la que lidere y será aquí donde se celebre la final, que será la copa del centenario”. Unas declaraciones tajantes que esperaban zanjar un debate que amenaza con enredarse tanto como el de las once sedes españolas, entre sospechas o acusaciones de puntuaciones y designaciones arbitrarias.
A nivel general, el evento se repartía inicialmente con Portugal, aunque luego se sumó Marruecos para asegurar la victoria en la elección al sumar el voto de federaciones africanas. Finalmente, la FIFA impuso algunos partidos de la fase de grupos en Paraguay, Uruguay y Argentina. La excusa es ese centenario del primer Mundial organizado por el organismo internacional. La realidad es que daba vía libre para que el Mundial 2034 llegue a Arabia Saudí, al haber participado tres de las cinco confederaciones en la edición anterior (las reglas de asignación abogan por la alternancia continental).
El Bernabéu: una reforma controvertida, pero ya culminada
El Santiago Bernabéu, principal favorito, ya sabe lo que es acoger una final mundialista. Fue en 1982, aquella cita que empezó con la sonrisa de Naranjito, se torció en drama con la decepcionante participación del combinado nacional y acabó en el éxtasis italiano (país que ahora encadena tres ausencias consecutivas en la competición) gracias a su triunfo por 3 goles a 1 frente a Alemania Federal. Esta experiencia previa, así como el histórico peso y tradición del fútbol español respecto al de Marruecos, son factores que le otorgan ventaja.
Pero la principal baza del campo de Chamartín es que se trata de una infraestructura finiquitada. Su reforma culminó hace ya muchos meses y lo sitúa como uno de los estadios más avanzados a nivel tecnológico (su cubierta retráctil se ha llevado muchas miradas) y de confort, con capacidad para 84.000 espectadores. Cifra eso sí menor que la de las otras dos alternativas.
Bien es cierto que la rehabilitación del Bernabéu no ha estado exenta de polémicas: la lucha vecinal y la Justicia han tumbado los parkings a su alrededor y los conciertos en su interior, cuya acústica y efecto en el descanso de los residentes han estado cuestionados desde el primer momento. Los eventos que han acabado llegando al recinto distan de la ambiciosa concepción original de la reforma. Otro revés fue la adjudicación de una de sus apuestas comerciales más prometedoras, el Sky Bar, a una empresa sin apenas experiencia que acabó contrayendo impagos y clausurando el negocio.
Alianzas tejidas en el palco
En cualquier caso, el valor simbólico e histórico del recinto puede ser un factor de peso que delante la balanza a su favor. Ayuda igualmente la influencia de quien ocupa su palco. Según diversos medios deportivos, existe una gran sintonía entre Florentino Pérez y el presidente de la FIFA, el polémico Gianni Infantino (artífice de un nuevo Premio de la Paz concedido a Donald Trump).
También juegan su parte el respaldo político, aunque el colchonero alcalde José Luis Martínez-Almeida lo ha derivado más bien al conjunto de la capital. El regidor afirmó que “la final del Mundial debería ser en Madrid” y recordó el logro del IBC. Se trata de un futuro Centro Internacional de Prensa en Casa de Campo, “la gran apuesta que se nos pidió por parte de FIFA para la candidatura, la mejor puntuada desde el punto de vista técnico”. A su juicio, solo motivos extrafutbolísticos impedirían la designación. Así, espera que “se siga y se rija únicamente por criterios deportivos y técnicos”, aunque “desafortunadamente hemos visto en algunas otras lizas en las que hemos participado, especialmente en los Juegos Olímpicos, que ser la mejor candidatura no quiere decir que podamos no ganar”.
Almeida llegó a utilizar el tema para atacar las protestas contra la participación de un equipo israelí en La Vuelta Ciclista a España y, de paso, al Ejecutivo de Pedro Sánchez: “Conviene no reventar las calles de Madrid. Me preocupa si el Gobierno de España va a trabajar para que Madrid sea sede de la final o no. No tengo claro que no vayan a seguir utilizando el tema de Gaza para sus intereses particulares. No tengo claro que quieran tener la fuerza suficiente frente a Marruecos”, declaró a los medios de comunicación
El Camp Nou y el Metropolitano, alternativas lejanas
La otra opción en España es el Camp Nou, inmerso en una compleja y dilata reforma que llevará su capacidad a los 105.000 espectadores (la mayor de Europa y tercera del mundo). Sin embargo, presenta dos hándicaps. El primero es que la obra no está acabada ni lo estaba cuando la FIFA llevó a cabo la evaluación inicial de los estadios, así que esta podría sufrir modificaciones (ya ha experimentado varios retrasos y procedimientos sancionadores). La segunda es que todo apunta a que podría ser sede de la inauguración, como ya ocurrió en 1982.
En cuanto al Metropolitano, otro candidato madrileño que ya fue escenario de la final de la Champions en 2019, juega en su contra el aforo. Los 70.692 espectadores que caben en las gradas donde el Atlético de Madrid juega sus partidos cada dos semanas son una cifra nada desdeñable, pero la FIFA recomienda una capacidad mínima en el entorno de los 75.000 para disputar las finales mundialistas. Pese a ello, fue uno de los cuatro estadios con mejor calificación en un informe de la FIFA publicado en 2024: un 12,9 sobre 15. Los otros tres son el Bernabéu, el Camp Nou y la gran vía marroquí para hacerse con la final.
Una megaestructura para retar al Bernabéu
La principal alternativa al Bernabéu parece el estadio Hassan II, que rinde honores con su nombre al exmonarca marroquí y padre de Mohamed VI. Se trata de una estructura de nueva creación, diseñada ex profeso para el Mundial, cuya finalización está prevista en 2028. Con 115.000 espectadores, el recinto de Casablanca será el estadio de mayor capacidad del mundo. Un objetivo faraónico propuesto a conciencia por sus impulsores. De hecho, la capacidad superará en apenas mil personas al que actualmente ostenta ese récord, el Estadio Rungrado Primero de Mayo de Piongyang (Corea del Norte).
Pero la opción marroquí no las tiene todas consigo. Además de que su finalización será la más justa de todas (por tanto la valoración de la FIFA podría variar), la organización de la reciente Copa de África en Marruecos dejó sensaciones agridulces, sobre todo para los aficionados.
La competición tuvo un desarrollo correcto en líneas generales, hasta una final cargada de polémica. La selección de Senegal abandonó el campo después de un polémico penalti concedido a Marruecos y de otras decisiones arbitrales cuestionadas. Los jugadores senegaleses terminaron volviendo, Brahim Díaz falló el tiro libre con Marruecos y Senegal acabó venciendo. Pero tres meses después, la Confederación Africana de Fútbol declaró ganador al conjunto marroquí alegando que sus rivales se ausentaron 17 minutos del terreno de juego. Una decisión que ha conmocionado al mundo del fútbol y que continúa judicializada.
La final de un Mundial en la era Infantino: entre polémicas y lavados de imagen
En cuanto al hecho de que Marruecos esté lejos de ser una democracia plena que garantice la igualdad o los derechos humanos, no parece que ello sea un factor determinante de cara a servir como sede de una gran cita. Rusia en 2018, Qatar en 2022 y Arabia Saudí en 2034 se han llevado su correspondiente Mundial en solitario, siendo puntales en sus estrategias de sportwashing.
Las acciones en política migratoria e internacional de Trump tampoco han pasado factura a Estados Unidos, que alberga el Mundial de este 2026 junto a México y Canadá. Una cita en la que está clasificada Irán, aunque su participación está en entredicho después de la Guerra emprendida por Estados Unidos e Israel.
Por ello, aunque daña la imagen pública del deporte español, tampoco parece que el episodio racista vivido en el España-Egipto disputado el pasado 31 de marzo en el RCDE Stadium de Cornellá vaya a pasar factura a las candidaturas del Bernabéu o el Camp Nou. El Comité Disciplinario de la FIFA avanzó eso sí en un comunicado del pasado 7 de abril que “ha iniciado un procedimiento disciplinario contra la Federación Española de Fútbol por los incidentes ocurridos”. Durante el choque se escucharon cánticos de una parte importante de la grada, como “musulmán el que no bote”. También descalificaciones al presidente del Gobierno y pitos al himno egipcio.