Del platillo volante a la estrella voladora: las seis décadas del Parque de Atracciones de Madrid antes de cambiar de manos

No fue una invasión alienígina, pero aquel platillo volante fascinó a Madrid como si un ovni aterrizase en plena Gran Vía. El restaurante y mirador de más de 30 metros de altura se convirtió en uno de los principales reclamos del Parque de Atracciones de Madrid, abierto en 1968 en el entorno de la Casa de Campo, de la cual ofrecía unas vistas inmejorables. La alegría y la adrenalina de grandes o pequeños comenzaron a recorrer el lugar el 15 de mayo de aquel año, aunque había sido adjudicado ya en julio de 1967. La idea venía de lejos: ya en 1941, ABC publicó que el Consistorio planeaba erigir una instalación de estas características en la Casa de Campo.

La fotografía de la izquierda que encabeza este artículo, durante una visita de prensa a la construcción del platillo en 1969, refleja las entrañas del cilindro que servía de base y del característico disco superior. El hombre que aparece, por cierto, no es ningún reportero. Se trata de un trabajador de la obra.

Seis décadas después, la torre futurista que llegó a estar tomada por el verde de las enredaderas ha desaparecido del paisaje del recinto. Desde 2010 ocupa su espacio el star flyer o estrella voladora, una imponente estructura de 80 metros (el equivalante a un edificio de 25 metros) que llega más alto que cualquier otra atracción del parque. Los 24 pasajeros de sus doce sillas dobles ascienden a 2,5 metros por segundo mientras giran. Un mecanismo que provoca la sensación de estar atravesando el cielo con Madrid a los pies.

El cambio ilustra cómo se ha modificado la manera en la que las personas se relacionan con la ciudad. De la contemplación a la vivencia. La ciudad ya no se mira, se experimenta. Un viraje que a priori debería situar al Parque de Atracciones como puntal del ocio madrileño. Sin embargo, el espacio no pasa por su mejor momento.

Nueva etapa para ir a más: atracciones renovadas y modernizadas

No en vano, el Ayuntamiento de Madrid prepara en estos momentos los pliegos de un nuevo concurso para su gestión y conservación. La concesión por 60 años a la empresa Parques Reunidos, que también gestiona el zoo de la ciudad, caduca el próximo año. La nueva licitación incluirá la renovación de las instalaciones y la ejecución de obras de accesibilidad. Asmismo, según detallan fuentes municipales, exige la introducción de nuevas atracciones que lo hagan más competitivo, de cara a incrementar su diversión y también su atractivo como polo turístico.

Las bases del concurso público priorizarán las inversiones obligatorias destinadas a la modernización, así como que las actuales tengan carácter inclusivo. El ahorro energético será uno de los aspectos que también sume puntos en el futuro concurso. Dentro de las obligaciones de la nueva concesionaria estará la protección y restauración del Tiovivo del Parque, una atracción de madera hecha a mano en Francia en 1927, con estilo art decó y comprada por el Parque en 1968 a un feriante español.

Desde que el Parque de Atracciones de Madrid abrió sus puertas se han ejecutado cinco grandes reformas. La primera, en los setenta, con una expansión que incorporó nuevas atracciones como La noria, el Jet Star o La casa magnética. En los noventa se desarrolló la ampliación de la zona noreste, donde construyeron muchas atracciones de la actual zona de maquinismo (Aserradero o Rotor). En 1998 se abrieron las cinco áreas temáticas actuales y se incorporaron también nuevas atracciones. En 2005 y 2006 se erigieron las dos grandes montañas rusas, las más aclamadas por el público: Abismo y Tarántula. La última ampliación se llevó a cabo en dos fases (2014 y 2018) para dar vida al espacio infantil Nickelodeon.

En estos momentos, el Parque de Atracciones de Madrid cuenta con más de 30 aparatos de ocio, pero a lo largo de los 58 años de funcionamiento se han sustituido una cuarentena de atracciones por otras nuevas: Los 7 picos, La noria, El barco pirata, El barco del Mississippi, La casa magnética, Los caballos del oeste, Jet star o el Enterprise, entre otros.

Martín Santos Yubero y lo excepcional del Madrid cotidiano

La imagen de la edificación del platillo volante forma parte de la exposición Madrid en construcción. 1940-1985, visitable en el compleo cultural El Águila del barrio de Delicias. Extraída del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, es obra del destacado fotorreportero Martín Santos Yubero (Madrid, 1903-1994).

Santos Yubero trabajaba como reportero gráfico para el diario Ya y gran parte de las fotografías de su fondo corresponden con esta actividad laboral. No obstante, en muchas otras ocasiones salía a fotografiar Madrid con el simple objetivo de inmortalizar la ciudad en su extraordinaria rutina.

Es justo lo que capta la instantánea: un obrero en la cotidianeidad del descanso para almorzar. La fiambrera y el gesto con el que come contrastan con la majestuosidad del platillo que se erigía para coronar Madrid. Ya no hay rastro de esta infraestructura alienígena, pero deja en el recuerdo miles de anécdotas y vivencias en las alturas. Tardes familiares donde los niños flipaban girando en el cielo. Citas románticas con vistas a una ciudad que dos personas contemplaban como el escenario de su amor. El platillo podía parecer extraterrestre, pero en realidad nada fue tan humano.