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Entrevista exclusiva (y falsa) a Hernán Cortés

17 de junio de 2026 23:08 h

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Hernán Cortés (Badajoz, 1485) cita a elDiario.es en un baño de caballeros del Estado Azteca. No especifica en cuál, por lo que nuestro colaborador se pasa cuarenta y seis minutos recorriendo excusados. Tras hacer varios amigos para toda la vida, da por fin con el conquistador. La entrevista tiene lugar en una inquietante proximidad.

Señor Cortés, usted falleció hace mucho tiempo y es sabido que existe cierta controversia en torno a su figura. Me gustaría saber, antes de nada, si se encuentra en el cielo o en el infierno.

Bueno, verás, esos conceptos maniqueos ya están muy superados. Ahora se explora una existencia post mortem menos rígida. Más fluida. No es raro ver a la Madre Teresa de Calcuta con Hitler, por ejemplo. Se llevan fenomenal esos dos. Vaya pájaros. Por cierto, que Hitler está orgullosísimo de lo que está haciendo Israel. Dice que siente «la satisfacción del buen maestro».

Ya. Y dígame, ¿qué hace aquí? No me refiero al baño, me refiero a México. ¿Por qué volver justo ahora?

Yo siempre he sido muy de fútbol. De hecho, lo inventé yo.

Tenía entendido que el fútbol nació en Inglaterra a mediados del XIX.

¡Eso es propaganda británica! Mira, ya por 1520, mis amigos y yo cortábamos cabezas y nos pasábamos la tarde chutándolas. Anda que no nos reíamos.

¿Cabezas humanas?

¡Humanas no, por Dios! ¿Por quién me has tomado? Eran de indígenas. No rodaban muy bien, así que, antes de decapitarlos, les cortábamos las orejas.

¿Y por qué no se las cortaban después de decapitarlos?

¿Qué gracia tendría eso?

Sabrá que hay quien dice que ustedes masacraron al pueblo mexica.

A ver, ojo, que yo era funcionario, ¿eh? A mí la Corona me dijo: “Hernán, te vas para el Nuevo Mundo y nos civilizas aquello”. ¿Qué iba a hacer? Si quieres le digo al Rey: “no, mira, Carlos, meviene mal”. Pues no. Si el Rey te manda algo, genuflexionas y tiras palante.

Al parecer, esa misión civilizadora acabó con el 80% o más de los indígenas de Mesoamérica.

¡Porque no se cuidaban! Tendrías que ver cómo comían. A mí me ponían negro. Igual veía por ahí a un indígena y le decía: «¡pero

ponte algo verde en ese plato, figura, que te estás matando!» Que si gusanos, que si saltamontes… Aparte del asco que me daba, es

que iban desequilibradísimos de proteína, y eso al final se paga.

¿Me está diciendo que la devastación de aquellos pueblos fue culpa de la dieta?

Y de la falta de ejercicio también. Y eso que nosotros los estimulábamos al deporte, ¿eh? La Corona de Castilla siempre tuvo un compromiso con los hábitos de vida saludables. Decíamos igual: “Al que esté quieto lo matamos”. Y entonces empezábamos a disparar y echaban todos a correr como locos. Que era para verlo también. Algunos se ponían tan nerviosos que se caían por barrancos. Una vez se nos mataron doce mil así. Digo: “¿pero esta gente no tiene ojos en la cara o qué les pasa?”

Pero no me negará que también se produjeron masacres.

Entre ellos, claro, sí, porque era gente muy envidiosa. Les volvían locos las baratijas. Estaban todo el día que si este tiene un pendiente más grande que el mío, que si el collar de aquella brilla más que el de mi mujer… Al final les tuvimos que quitar el oro para evitar conflictos. Era agotador trabajar con esa gente, de verdad te lo digo. Muy tóxica. De esta que te chupa la energía poco a poco,

¿no sabes?

Lo que sostiene, si no le estoy entendiendo mal, es que la muerte de los indígenas fue culpa de los indígenas.

Y de los virus, cuidado. Allí el que no andaba con mocos se pasaba tosiendo todo el santo día. ¿Y sabes por qué? Porque iban medio en pelotas, por eso. Así que, a nada que se destemplaban un poco, cogían cualquier cosa. Pero eso no pasaba antes de que llegasen ustedes. ¡Porque no tenían puertas!

¿Cómo?

Mira, los indígenas no conocían las puertas. Se las descubrimos nosotros. Así que tampoco conocían las corrientes de aire. Y, claro, las subestimaron. Nosotros nos pasábamos todo el día: “Quillo, quítate de la jamba, que al final te pones malo”. Y ellos, como que oían llover. Total, a la semana, fiambre. Como moscas cayeron por eso.

¿Entonces no hace ninguna autocrítica?

Si te soy sincero, y volviendo la vista atrás, yo creo que hubo problemas de comunicación. Quizá debimos hablarles más

despacio. Los indígenas no eran muy espabilados, ¿sabes? La prueba es que palmaron, y los españoles aquí seguimos.

Para acabar, señor Cortés, ¿quién le gustaría que ganase el Mundial?

México, por supuesto.

¿Y eso por qué?

Coño, porque son todos descendientes míos.