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“Un gran homenaje a EEUU”: Trump busca inyectar patriotismo con el Mundial en el 250º aniversario de la independencia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2025 entre el Chelsea FC y el París Saint-Germain, celebrada en el MetLife Stadium el 13 de julio de 2025 en East Rutherford, Nueva Jersey.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
1 de julio de 2026 21:53 h

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A Donald Trump le gusta vincularse con aquellos referentes que, según sus valores, representan el éxito. Y tiene especial querencia por el deporte, donde siempre busca ganadores con los que se quiere identificar. Así, han pasado por el Despacho Oval futbolistas como Cristiano Ronaldo, además de los luchadores que casi se matan celebrando el cumpleaños presidencial en la Casa Blanca, como Ilia Topuria. Trump también se ha hecho fotos en la residencia oficial con los campeones de la MLS, el Inter de Miami, con Leo Messi al frente; y ha saludado durante su discurso del estado de la nación a los campeones del equipo olímpico de hockey sobre hielo, intentando convertirlo en una victoria política personal. “Nuestro país vuelve a ganar”, afirmó Trump mientras dedicaba varios minutos de su discurso al triunfo del equipo.

Hasta tal punto es así, que el verano pasado fue incapaz de contenerse y se saltó todos los protocolos para posar con los campeones del Mundial de Clubes de la FIFA que ganó el Chelsea al Paris St. Germain.

Y ya ha avisado de que participará en la entrega de la copa del mundo tras la final, el próximo 19 de julio en el MetLife Stadium (Nueva Jersey), el mismo escenario donde el Chelsea levantó el trofeo el pasado 13 de julio de 2025.

¿Entregará el presidente Trump el trofeo del Mundial?, le preguntaba la Fox al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, hace unos días: “Estaremos junto al presidente disfrutando de la final y, por supuesto, entregando el trofeo al ganador juntos. Por supuesto, estamos juntos todo el tiempo”.

La organización de Infantino ha convertido el Mundial en una oportunidad que el presidente de EEUU no solo no quiere desperdiciar, sino que está buscando explotar al máximo.

“Las cifras de la FIFA son mucho mayores que las de cualquier otro Mundial de la historia”, ha publicado esta semana Trump en Truth Social: “Esto supone un gran homenaje a los Estados Unidos de América. ¡Gracias a todos!”.

Truth Social de Trump sobre el Mundial.

Es decir, el Mundial de fútbol como homenaje a EEUU, en el momento en que celebra su 250º aniversario de la independencia con una colección de fastos que incluyen la Fan Zone de la FIFA en plena explanada del National Mall, donde Trump ha inaugurado la Great American State Fair, una feria para conmemorar el aniversario, desangelada, con apenas asistentes y conciertos vacíos en un Washington DC que ha llegado a registrar 37ºC a la sombra.

Además, en su post, Trump obvia el pequeño detalle de que Estados Unidos no organiza el torneo en solitario, sino que es una competición compartida con México y Canadá.

Fox, el brazo mediático del presidente de EEUU, está a la cabeza de esa asimilación entre el Mundial y el 250º aniversario, cuyos valores trumpistas de la historia mirada a través de los ojos del movimiento MAGA dejan fuera a buena parte del país.

Un artículo de opinión de Jillian Anderson King en la web de Fox compila todo lo que el trumpismo quiere hacer con el Mundial: “Los aficionados del Mundial están descubriendo la grandeza de Estados Unidos, una versión de Estados Unidos que sus medios de comunicación nunca les habían mostrado”.

“Mientras Estados Unidos se prepara para celebrar su 250.º aniversario”, afirma el texto, “hemos recibido un regalo inesperado de millones de visitantes del Mundial: un nuevo recordatorio de lo que hace que Estados Unidos sea excepcional. La lección que se desprende de todo esto es sencilla. Las cosas que los estadounidenses suelen dar por sentadas —la abundancia, las oportunidades, la seguridad, la innovación, la generosidad y la libertad— siguen siendo extraordinarias para gran parte del mundo. No porque Estados Unidos sea perfecto, sino porque Estados Unidos es libre. Y la libertad, tras 250 años y con un pueblo dispuesto a trabajar por ella, a luchar por ella, produce algo por lo que el resto del mundo recorre miles de millas solo para ser testigo de ello”.

Publicidad de Fox vinculando el Mundial y el 250 aniversario del país.

Todos esos mensajes van de la mano de la campaña de la agenda autoritaria de Trump, que el Mundial tan pronto opaca como pone en evidencia, sobre todo en lo relacionado con la represión de la migración.

Así, a aficionados de países con prohibición para viajar, como Senegal, Congo, Haití o Irán, no se les deja entrar en el país. Y también ha afectado a un árbitro somalí y a jugadores africanos sometidos a registros y controles de seguridad prolongados.

Además, la Administración Trump ha obligado a la selección de Irán a alojarse en Tijuana (México), a pesar de que sus partidos se disputaban en Estados Unidos, y aparte de su personal le impidió la entrada a EEUU.

“Este es un Mundial desastroso”, ha dicho Mehdi Taremi, capitán de la selección nacional de Irán, en una rueda de prensa: “No podemos quedarnos en el país y tenemos que viajar cada vez que jugamos sin poder recuperarnos. Ahora no podemos quedarnos en Seattle y tenemos que volver a Tijuana. Esto no es justo”. Tras empatar los tres partidos, la selección iraní quedó eliminada de la siguiente ronda.

No es el primer Mundial que se ha celebrado en un país gobernado por alguien que socava las reglas de la democracia. Al contrario, la FIFA no tiene ningún problema en llevar su negocio a países autoritarios y teocracias, como Rusia (2018), Qatar (2022) y Arabia Saudí (2034), por no hablar de Marruecos, coanfitriona del Mundial de España y Portugal (2030).

Pero no es algo que haya ocurrido solo en época reciente. El Mundial de 1934 de Italia se celebró bajo la dictadura fascista de Benito Mussolini –como dos años después los Juegos Olímpicos en la Alemania nazi de Adolf Hitler–. Y, más recientemente, el Mundial de 1978 en Argentina, tuvo lugar bajo la dictadura militar, de Jorge Videla.

En todos los casos, el gran acontecimiento deportivo se intentó usar para dar un giro positivo a la imagen de cada país anfitrión.

En el caso de Argentina, además, la trama llega más lejos: la FIFA le permitió horarios diferentes para cada partido de la segunda fase, con lo que Argentina necesitaba ganar por más de cuatro goles contra Perú para pasar a la fase final, cosa que hizo: ganó 6-0, después de una visita al vestuario peruano del propio Videla, acompañado de Henry Kissinger, ex secretario de Estado de EEUU y operador político de las dictaduras latinoamericanas.

En paralelo, en Francia, se creó el COBA, (Comité pour le boycott de la coupe du monde de football en Argentine), un movimiento político y social cuyo objetivo era boicotear el Mundial de Videla. En pocos meses, pasaron de ser un grupo pequeño a coordinar más de 200 comités locales en toda Francia y alrededor de 20 en el exterior.

Durante el Mundial, el COBA organizó partidos de fútbol simbólicos en plazas públicas y actos culturales alternativos en toda Francia para escenificar protestas bajo lemas como “No al fútbol entre los campos de concentración” para visibilizar lo que ocurría en Argentina.

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