La economía puede crecer sin que la vida mejore: la desconexión entre PIB y bienestar se deja sentir en la Región de Murcia

El PIB aumenta, las exportaciones baten récords y el empleo crece. Y, sin embargo, la sensación de prosperidad no termina de llegar. La brecha entre crecimiento económico y bienestar real se ha convertido en uno de los grandes ejes del debate económico actual. “Desde la caída del muro de Berlín, se ha creado más riqueza que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad, aunque esa riqueza no se ha traducido en una prosperidad compartida” afirmaba hace unas semanas en el Foro Económico Mundial de Davos Larry Fink, CEO de BlackRock. “En las economías avanzadas, esa riqueza ha recaído en una proporción de la población mucho más reducida de lo que cualquier sociedad sana puede sostener a largo plazo”.

Esta crítica al capitalismo sostenida por el líder de la mayor gestora de activos del mundo no es una visión aislada. El Banco Mundial, en su último informe sobre pobreza y prosperidad, subraya que el crecimiento medio de los ingresos no basta para medir el desarrollo. Tras la pandemia, los avances en prosperidad compartida se han estancado en muchas economías, lo que obliga a mirar más allá del PIB agregado para comprender si una sociedad es cada vez más rica.

En la Región de Murcia, esa brecha entre indicadores macroeconómicos y calidad de vida es especialmente visible. “Una cosa es la actividad económica y otra cuestión diferente es el bienestar de la población”, señala a este diario Patricio Rosas, vicedecano del Colegio de Economistas de la Región de Murcia. En 2024, Murcia fue la comunidad autónoma de España con mayor crecimiento del PIB con un 4,5%, bastante por encima de la media nacional del 3,5% registrada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). De cara a 2025, las previsiones de CaixaBank Research apuntan además a que la comunidad habrá seguido creciendo por encima de la media, matizando que “la economía de Murcia está teniendo un rendimiento muy sólido”

Sin embargo, el PIB per cápita cuenta otra historia. Con cerca de 27.000 euros por habitante en 2024, Murcia se sitúa más de 5.000 euros por debajo de la media española, de 32.600 euros, y entre las regiones con menor renta por habitante. Aunque representa alrededor del 3,2% de la población nacional —casi 1,6 millones de personas—, su peso en el PIB del conjunto de España apenas alcanza el 2,6%.

Productividad: el problema estructural

Preguntados por las causas de este fenómeno, los economistas apuntan a la baja productividad que arrastra la Región de Murcia y, de igual forma, el conjunto de la nación. Así, el crecimiento reciente se explica por un aumento del empleo, más que por las mejoras en eficiencia o valor añadido. “España, en términos nacionales, y Murcia también, tiene una productividad estancada de manera estructural”, sostiene Rosas.

Se trata de un fenómeno que trasciende lo regional. El último Informe de la Competitividad Regional de España (ICREG), elaborado por el Consejo General de Economistas, muestra que comunidades con menor nivel relativo de competitividad, como la Región de Murcia, Extremadura o Castilla-La Mancha, están creciendo por encima de la media, pero partiendo de posiciones rezagadas, concretamente en niveles del ICREG inferiores al 70% del promedio de 2008.

Entre los muchos factores que explican este estancamiento de la productividad, los economistas destacan la predominancia en la Región del sector agroalimentario, que genera gran actividad económica y exportaciones, pero es menos productivo que, por ejemplo, la industria tecnológica. “Economías como la de Murcia, con mayor presencia de actividades con baja productividad y bajos salarios, muestran un menor dinamismo en sus retribuciones medias”, asegura a esta redacción Fernando Sánchez Martínez, Catedrático de Universidad del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Murcia. A ello se suman además otros factores, como el predominio de las pymes, una menor inversión en I+D, el déficit de capital tecnológico, las limitaciones de las infraestructuras de la Región y un desajuste entre la oferta formativa y las necesidades del mercado laboral, agrega Rosas.

Los salarios murcianos también se encuentran entre los más bajos del país. Según la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2024, el salario medio bruto mensual en la Región de Murcia se situó en 2.120,9 euros, la segunda cifra más baja entre todas las comunidades autónomas, frente a los 2.385,6 euros de media en España. Además, más del 37% de los trabajadores murcianos gana menos de 1.582,2 euros brutos al mes, una proporción superior a la de muchas autonomías.

El crecimiento demográfico limita el del PIB per cápita

Sánchez Martínez añade que, a la ecuación, también se suma el crecimiento demográfico: entre 2010 y 2024, la población murciana se incrementó un 8,3%, frente al 4,9% del conjunto del país. La consecuencia de ello es que, pese a que Murcia ha crecido más que la media nacional, su PIB per cápita no ha seguido el ritmo. El contraste con la Comunidad de Madrid es ilustrativo: “En Madrid está creciendo tanto el PIB que, aunque la población también aumente, su PIB por habitante continúa a la cabeza en crecimiento. No es el caso de Murcia”.

Además, Rosas incide en que buena parte de los nuevos empleados se incorporan a sectores como el de la construcción, el turismo, la hostelería y el agroalimentario que, por su naturaleza, no aportan gran productividad. “Aunque haya más personas trabajando, si el mercado laboral y las características del empleo generado no son estables, se produce una mayor brecha. Al perder calidad de empleo, el poder adquisitivo también disminuye”, asegura.

Exportar más no garantiza salarios más altos

Según datos del Instituto de Fomento (INFO) de la Región de Murcia, las exportaciones murcianas alcanzaron los 14.236,8 millones de euros en 2024, lo que supone un incremento del 1,5% con respecto al año anterior. Es una cifra superior a la media de España, que solo creció un 0,2%, según el Informe Mensual de Comercio Exterior del Ministerio de Economía. Asimismo, las exportaciones hortofrutícolas de la Región de Murcia fueron de casi 3.800 millones de euros en 2025, una cifra récord que supone un incremento del 7,3% con respecto a 2024, tal y como anunció el presidente del Gobierno regional, Fernando López Miras, en la feria agrícola Fruit Logística de Berlín a principios de mes.

Para el vicedecano del Colegio de Economistas, no obstante, un récord en las exportaciones tampoco tiene por qué traducirse en un incremento de la renta por habitante. “El crecimiento de las exportaciones de la Región de Murcia está muy ligado al sector agroalimentario y al energético. En este segundo caso, tiene que ver con la variabilidad que existe dentro del polo energético, sobre todo, en la zona de Cartagena”. Es decir, se trata de un sector sujeto a fuertes fluctuaciones en precios, oferta y demanda, que no permanecen constantes en el tiempo

Vivienda, inflación y desigualdad

El bienestar no depende solo del empleo o del PIB. El acceso a la vivienda —principal preocupación de los españoles en los últimos barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)— absorbe una parte creciente de los ingresos familiares, según Rosas, que añade que una inflación elevada en bienes básicos también erosiona el poder adquisitivo.

Murcia presenta, asimismo, índices preocupantes en desigualdad. Según la tasa AROPE de 2024, la región figura entre las tres con mayor riesgo de pobreza o exclusión social y lidera la pobreza infantil. Además, en el último lustro, también ha tenido lugar en Murcia una ligera pérdida de peso de las rentas salariales de los trabajadores por cuenta ajena en favor de las rentas empresariales y mixtas, que incluyen los beneficios empresariales, las rentas de los autónomos y las ganancias de rentistas y propietarios, detalla Sánchez Martínez.

Rosas advierte que, si se señala a la baja productividad como la principal causa de que el crecimiento económico no se traduzca en un aumento del bienestar, el caso de la Región de Murcia es exportable al conjunto de España. Por tanto, aunque los grandes indicadores macroeconómicos continúen creciendo trimestre a trimestre, la cuestión es si ese crecimiento económico realmente se traduce en mejoras tangibles en la vida diaria de los ciudadanos e implica mejoras reales en sus salarios, oportunidades y calidad de vida.