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Los bulos sobre el cambio climático

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No podemos dejar que la desinformación y los bulos sobre el cambio climático sean un relato alternativo que llega a las redes sociales, medios de comunicación y algunas instituciones. Aunque estos últimos dos años, parece que han aflojado en su virulencia los relatos negacionistas del calentamiento global, el hecho de que políticos negacionistas gobiernen en EE.UU y en algunos países europeos, lo hacen asentarse como contrapartida a la evidencia científica y distribuyendo el discurso y la práctica de no hacer nada frente a uno de los grandes desafíos que tiene la humanidad en su conjunto.

El relato de estas ideas negacionistas apunta que el calentamiento global es solo una variación natural del planeta, que el CO2 no guarda relación con el aumento de las temperaturas, que no hay consenso científico, que no es un problema nuestro o que sus efectos no nos tocarán de cerca; siguen circulando con fuerza gracias al empuje y la ubicuidad de sus acólitos en las redes sociales. Sin embargo, el consenso científico confirma que el cambio climático es real, está acelerado por la actividad humana, y que sus efectos, como el aumento de fenómenos extremos, ya son visibles y requieren acciones urgentes.

Los bulos negacionistas señalan que el CO2 en la atmosfera es del 0,04 %. La lectura del dato también tiene trampa, porque es un 0,04 % dentro del 0,05 % de gases responsables de modular la temperatura del planeta. Así que, puesto en contexto, resulta que ese CO2 es un montón.

La persistencia de estos bulos, unido a la facilidad con que se propagan, es en sí misma un obstáculo formidable, lastrando la toma de decisiones y las acciones individuales necesarias para frenar el desastre. Porque la desinformación no solo mina la confianza en la ciencia; también desactiva la urgencia de un cambio radical en la forma en que vivimos y nos relacionamos con nuestro entorno. El propio Foro Económico Mundial considera la desinformación y los bulos como el principal riesgo para la economía de cara a los próximos años, porque corremos el riesgo de considerar que algo peligroso no lo es.

Desde hace un par de décadas, investigadores y científicos señalaron que a partir de los dos grados de aumento de la temperatura es cuando se empiezan a poner en marcha procesos que son muy difíciles de parar. EL IPPC anticipaba para el Mediterráneo Occidental, en la que está la Región de Murcia, un aumento de los fenómenos extremos (sequías, olas de calor cada vez más intensas, lluvias torrenciales y danas) lo que evidencia que nuestras administraciones tienen que desarrollan medidas urgentes ante la emergencia climática. 

En Murcia tenemos la práctica negacionista también en las instituciones. Un concejal de la extrema derecha de la ciudad de Murcia decía hace tiempo, ante el aumento de las temperaturas, que en Murcia siempre ha hecho calor. Sí, pero no estas olas de calor cada vez más intensas y frecuentes. La práctica totalidad de las encuestas publicadas en el último año señalan que el principal beneficiado político de la crisis provocada por la dana de València es la ultraderecha. Es la paradoja perfecta: un partido negacionista del cambio climático recoge los beneficios de una catástrofe que los expertos vinculan al calentamiento global. Otro bulo esparcido es que clima es algo que ha cambiado siempre y eso es cierto, pero no lo ha hecho de la forma en la que está cambiando en la actualidad. Por otra parte, el PP de la región arrastra los pies y se mueve en una ambigüedad calculada.

Uno de los problema del cambio climático está en la velocidad con la que suceden esos cambios. Es decir, tanto la magnitud como la velocidad, porque además tenemos constancia de que esto no ha sucedido nunca. ¿Cuál es el factor que es más necesario que la ciudadanía comprenda para tomar conciencia de la situación? La respuesta es que si no se hace nada es irreversible: eso es lo más importante. Porque lo que estamos viendo ahora respecto al sistema climático es lo mejor que vamos a ver en los próximos años, ya que hay una inercia muy difícil de parar. 

Hay que seguir divulgando las consecuencias del calentamiento global y estando presentes en las redes, donde los mensajes de desinformación sobre el cambio climático son numerosos. Porque si las abandonamos, los mensajes mayoritarios que va a encontrar quien quiera consultar algo de información sobre este tema son los bulos y las mentiras.