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El ascenso silencioso de Rebeca Pérez: de concejala número 13 a primera mujer alcaldesa de Murcia

Cuatro policías a caballo flanqueaban la entrada al Ayuntamiento de Murcia el pasado viernes cuando Rebeca Pérez llegó al pleno extraordinario que la consagraría como la primera alcaldesa de la historia de la ciudad. En el salón de plenos, abarrotado con cerca de 200 invitados, esperaba ya el hijo del recientemente fallecido José Ballesta, sentado en primera fila. También había acudido desde Madrid Miguel Tellado, portavoz del PP en el Congreso, como señal inequívoca del respaldo de Génova a la nueva regidora. Pérez entró entre aplausos y, acompañada del presidente regional, Fernando López Miras, recibió el bastón de mando con visible emoción y lo lanzó al aire en recuerdo de su predecesor. Luego hizo un corazón con las manos desde la presidencia. Nuevo tiempo en La Glorieta.

Pérez (Murcia, 1980) llegó al Ayuntamiento poco después de las municipales de 2015, ocupando la vacante que había dejado su compañera de filas Adela Martínez Cachá. Era la primera vez que ocupaba un cargo público, aunque la política había estado muy presente en su vida desde siempre: su padre, Ángel Pérez, lleva más de treinta años al frente de la pedanía de El Esparragal como alcalde pedáneo. “Desde siempre me ha acompañado aquí y allá, en los actos”, cuenta él, orgulloso y emocionado. Cuando el exalcalde Miguel Ángel Cámara le llamó para proponerle que Rebeca entrara en las listas, Ángel Pérez recuerda que su respuesta fue clara: “Yo le dije que era ella la que tenía que responder”.

Murcia cuenta con 52 pedanías, núcleos de población alrededor del centro de la ciudad donde se desdibujan las fronteras entre urbe y huerta. Natural de El Esparragal, los orígenes pedáneos de Pérez no han sido un dato menor en su trayectoria. “Gran porcentaje de su agenda siempre o casi siempre es en pedanías”, apunta Diego Avilés, concejal de Cultura y compañero de gobierno. “Si hay un pedáneo que le llama con una preocupación, ella no pasa a lo siguiente. Eso lo agradecen mucho”. Recuerda cómo en el Entierro de la Sardina de este año tardaron casi una hora en recorrer la cabecera del desfile porque la paraba todo el mundo. “La llamaban por su nombre, le daban dos besos, le deseaban felices fiestas. Al final le dije: 'Rebeca, yo lo siento, pero llego tarde'”.

En las elecciones de 2019, la recientemente nombrada alcaldesa de Murcia ascendió al segundo puesto de las listas -cuatro años antes iba en el decimotercero- y Ballesta le dio las carteras de Movilidad Sostenible y Juventud, así como la portavocía municipal. Para el politólogo Ismael Crespo, director del máster de Gobierno y Administración Pública de la UMU donde Pérez fue alumna, ese movimiento ya era una señal inequívoca: “Él [José Ballesta] siempre lo comentaba en sus círculos, antes de la enfermedad: 'Rebeca va a ser la primera alcaldesa de Murcia'. Por eso estaba el número dos.”

La escuela de la oposición

En 2021, tras la moción de censura que sacó al PP de la alcaldía, Pérez siguió ejerciendo como portavoz del grupo municipal. Un período que Gloria Alarcón, presidenta del Fórum de Política Feminista de la Región y profesora de Economía Aplicada en la Universidad de Murcia, relee como algo más que un simple trámite en la oposición: “Cuando la moción de censura, Ballesta no abrió la boca. Era ella la que, al lado de su mentor, hablaba. Esos dos años fueron un periodo de mentorización espectacular”.

Cuando los populares recuperaron el control en 2023, Ballesta creó para ella el cargo de vicealcaldesa, que hasta ese momento no existía en el Ayuntamiento, y le asignó las competencias de Fomento y Patrimonio. Alarcón cree que la intención iba más allá de lo orgánico: “Creo que Ballesta quería ser señalado por haber puesto a la primera alcaldesa de Murcia. Yo creo que eso estaba ahí y era deliberado.”

Desde julio de 2022, Pérez es coordinadora regional del PP, cargo para el que López Miras la nombró en el último congreso autonómico, y pertenece a la Junta Directiva Nacional por designación directa de Feijóo. Hay que tener en cuenta la singularidad que supone la capital murciana dentro del partido: a diferencia de otras ciudades como Cartagena o Lorca, no existe una estructura municipal central, sino juntas propias de cada barrio y cada pedanía. Era ella, por tanto, quien ejercía de facto como responsable orgánica de la capital. “No es una concejala cualquiera”, resume Crespo. “Reúne todas las condiciones: muchos años de conocimiento del Ayuntamiento, apoyo orgánico sólido y una formación muy seria.”

Avilés describe un ascenso que nunca buscó el foco: “Ha sido un crecimiento silencioso. Nunca ha querido acaparar protagonismo. Por sus méritos propios y sobre todo por su grandeza personal ha ido ganándose la confianza de la gente”.

El 2027, una decisión que no es solo suya

En su discurso de toma de posesión, la alcaldesa prometió perseverar en los grandes proyectos heredados —las Fortalezas del Rey Lobo, el yacimiento de San Esteban, el Parque Metropolitano o Conexión Sur— y se mostró consciente del problema de la vivienda: “Continuaremos movilizando todos los recursos a nuestro alcance para que tener una vivienda asequible pueda ser una realidad”. Reivindicó sus raíces pedáneas: “Murcia son sus pedanías, con necesidades concretas y con un enorme potencial”. Apuntó a la seguridad como una “obsesión” y a la movilidad como deuda pendiente, con el objetivo de lograr “una ciudad más accesible que facilite una conexión eficiente entre todos los núcleos de población”. Llamó a la colaboración entre lo público y lo privado para impulsar la actividad económica y apoyar a autónomos y empresas. Y trazó una ambición más amplia: convertir Murcia “en una ciudad de referencia del Mediterráneo, turística y más cultural”, una urbe que definiría, con una mezcla de orgullo y humor, como “barroca e indie”. Tiró de Unamuno para definir cómo entiende el cargo: “El servicio público requiere de ser aplicados, pero no lo es quien se encierra sino quien va por todas partes con los ojos y los oídos bien abiertos y el corazón en la mano”.

El portavoz socialista, Ginés Ruiz, le tendió la mano con un aviso: “Hoy es su día, alcaldesa”, dijo, antes de recordarle que lleva quince años en un equipo de gobierno que lidia con los mismos problemas. “Tiene exactamente un año a partir de hoy”. Desde fuera del consistorio, Elvira Medina, portavoz de Podemos, fue más directa: “No creo que vaya a haber ninguna diferencia con la política de Ballesta, representa una continuidad. Murcia lleva dos décadas estancada”. Señaló el transporte público como asignatura pendiente: “Más del 63% de la población vive en pedanías, pero el transporte público es una vergüenza para ser la séptima ciudad de España”. Sí valoró el hito histórico, aunque con condiciones: “Lo más importante es saber si va a poner en marcha políticas feministas. Eso está por ver”.

De cara a 2027, Pérez no quiso aventurar si será o no la candidata del PP. Una cautela que Crespo consideró obligada, ya que los cabezas de lista en las capitales de provincia los designa la dirección nacional en Madrid. “Me parecería muy atrevido que, cuando no está en tu mano ni en la de tu jefe inmediato, dijeras que te vas a presentar en 2027”.

Su padre lo resume con la materia prima de toda una vida de observación: “Desde niña le ha gustado mucho estudiar y cuando se propone algo lo cumple. Trabaja de forma incansable desde que se levanta hasta que se acuesta”. Y añade un rasgo que reconoce le trae algún que otro quebradero de cabeza: “Le gusta escuchar a la gente, pero Rebeca no puede evitar comprometerse con todos, a todo el mundo le dice que sí”.

También José Ángel Antelo, ahora diputado en la Asamblea Regional y que fue portavoz de Vox en el Ayuntamiento entre 2019 y 2023, coincide en el retrato. Antelo, que fue ala pívot del CB Murcia antes de que dos graves lesiones precipitaran su retirada, comparte con Pérez la afición al baloncesto en las canchas del Palacio de Deportes. “Está claro que no pensamos igual políticamente”, dice, “pero es muy constante, se preocupa por dar soluciones a los vecinos y se esfuerza en que todos la entiendan. Su estilo es mucho de estar en la calle, moverse por las pedanías, y eso puede mejorar Murcia”.

Gloria Alarcón, que la conoce desde los tiempos en que Ballesta era rector de la Universidad de Murcia, apunta: “Me parece una política excepcional. Tiene una amabilidad, una empatía, una cercanía muy poco habitual en la clase política. Y lo está asumiendo con mucha personalidad porque ella no es una réplica de Ballesta”.