Así es el cribado de mozos “inconscientes” que se cuelan en el recorrido del encierro en Sanfermines
Para que cada mañana del 7 al 14 de julio a las 8:00 horas de la mañana los seis toros puedan recorrer los 875 metros que separan a los corralillos de la cuesta de Santo Domingo de la plaza de toros de Pamplona, es vital el trabajo que una hora antes realiza la Policía Municipal para desalojar del recorrido a los cientos de curiosos y turistas que no se encuentran en condiciones de correr delante de los astados, animales que llegan a superar los 600 kilos de peso. “Los echamos porque se ponen en riesgo a sí mismos, pero también al resto de mozos”, explica uno de los más de 155 agentes de policía que conforman el dispositivo de seguridad del encierro.
Entre lo prohibido, figura ir “bajo los efectos de los estupefacientes”, portar “mochilas” o riñoneras, ser menor de 18 años, no llevar un calzado adecuado, “grabar” el recorrido con cámaras o tocar a los animales. Unas reglas claras que, sin embargo, también tienen sus grises. “No hay tope de edad para correr el encierro”, por lo que “si ves que es una persona muy mayor, que le cuesta andar” solo se le “puede informar”, explica Laura Serralvo, encargada de comunicación de la Policía Municipal. Además, aunque la prohibición de que los menores de edad no pueden participar en la carrera de cuernos, piernas, fajas y pañuelicos sea clara e indiscutible, Serralvo confiesa que “no se pide DNI”. “Es por mirada”, afirma. Al igual que con las personas que se encuentran ebrias. “No se hace en etilometría”, explica. Por lo que los agentes se dejan llevar por la intuición y los indicios “físicos” que puedan “percibir”. Como que una persona se vaya “tambaleando mientras anda” o “no pueda hablar”.
Para “garantizar la seguridad” de los encierros, se despliegan “más de 155” agentes, que además de patrullar entre los corredores para descartar los no aptos, también permanecen en la zona de seguridad —entre los vallados, junto a los asistentes médicos— y “encapsulan” a los corredores antes de abrir el recorrido. Es un protocolo que se sigue desde hace “más de 25” para garantizar la seguridad del recorrido. Como novedad este año, eso sí, se ha retrasado a las 7:30 horas la hora límite para que todos aquellos que quieran correr se acerquen a la Plaza Consistorial.
“Hay dos controles, uno en la Plaza del Ayuntamiento con Mercaderes, otro con Santo Domingo”, explica uno de los agentes frente al vallado del encierro, que interrumpe la conversación para reprender a un grupo de turistas que trataba de acceder al recorrido pasado la hora límite, así como para retirar unas botellas y vasos de plástico del suelo. Una vez que todas las personas dispuestas a correr el encierro están agolpadas, otros agentes revisan que todos se encuentren “en condiciones” de hacerlo. La mayor afluencia de personas se espera el fin de semana, aunque en los últimos años “el encierro se ha masificado en general todos los días”.
Por último, se desaloja a la gente que se agolpa en el primer tramo del vallado, reservado para agentes de policía y personal sanitario, que se encargan de retirar a los heridos al tramo que queda entre los tablones para atenderlos.
A escasos minutos de que los astados inicien la carrera, hay algún mozo que todavía se lleva alguna regañina desde los tablones. “¡El móvil al bolsillo!”, le grita una agente a un joven desde el vallado de la plaza de Santiago, en el tramo de Santo Domingo. A la advertencia de la policía se le ha unido un fotógrafo acostumbrado al encierro y sus vicisitudes ver que el mismo hombre —de unos treinta años, solo y con cara de no haber dormido— hacía oídos sordos a las palabras que le dirigían desde el otro lado del vallado. “Deja el teléfono y ponte a correr”, le imploraba el veterano fotógrafo al verlo aún en la posición de 'selfie'. Dentro del recorrido, la superioridad en número de los hombres respecto a las mujeres es abrumadora.
El protocolo de control de corredores “se hace desde hace más de 25 años”, aunque se han “ido cambiando cosas” y “avanzando”, asegura Serralvo. “Se van implantando medidas nuevas. Este año, de hecho, hay dos. Una es que los corredores solo pueden entrar al recorrido del encierro por la plaza consistorial tope de hora a las 7 y media de la mañana. Y otra es que cuando los corredores llegan a la Plaza de Toros, no pueden permanecer en el Arenal esperando a que lleguen los astados”, como ocurría cada vez de forma más habitual. Corredores que, en cuanto entraban a la plaza antes incluso sonar el primer cohete, eran abucheados por el público de los tendidos.
A pesar de todo, las reglas y el protocolo no libran al encierro de otro tipo de “inconscientes”. “Hay mucha gente que viene y cuando ve a los astados detrás se impacta y se asusta”, como familias de extranjeros que entran al recorrido sin realmente saber lo que se van a encontrar. Personas físicamente cualificadas, pero que “se creen que [correr el encierro] es otra cosa, pero los toros son los que son”, afirma Serralvo.
A las 8:00 en punto el cohete anuncia que los toros han salido de los corrales y encaran la cuesta de Santo Domingo. El primer encierro ha sido rápido y relativamente tranquilo pese a la gran afluencia de mozos por ser el estreno de los Sanfermines y el día del patrón. Con todo, más de uno se ha llevado un susto y cuatro corredores han acabado heridos por contusiones, ninguno por asta.