La reventa ilegal llega a los toros en San Fermín: “Parece un concierto de Taylor Swift”
“Intentamos comprar entradas para las corridas del sábado y del domingo (11 y 12 de julio), pero ya había una lista de espera con 'tropecientasmil' personas. Y eso casi una semana antes, a las 11 de la mañana. Parecía que estábamos intentando conseguir entradas para un concierto de Taylor Swift”, expresa indignada una joven de 23 años, que pasará el fin de semana de Sanfermines con sus amigas.
Al contrario que en otras ciudades del entorno, donde los cosos no se llenan o ni siquiera se programan toros, en Pamplona cada año hay más dificultades para conseguir entradas durante las fiestas. La alta demanda provoca, como si efectivamente de un concierto masivo se tratase, un disparo de los precios en el mercado de la reventa ilegal. Con el cartel de “agotado” en la taquilla oficial, “las entradas de 60 de tendido, se venden ahora por 250”, cuenta otro aficionado al que le “ha pillado el toro” con las entradas a la plaza.
“Solo he conseguido para el día 12 por una amiga que es de una peña”, explica la joven, que haber hecho amigos durante sus estudios universitarios en Pamplona le ha “librado de la reventa criminal en víspera”. “La gente vende a pie de plaza y se vende mucho de reventa”, cuenta un hombre de 38 años, que todavía no ha conseguido su entrada, pero confía en este sistema paralelo porque “tiene sus trucos”. “A la reventa hay que ir el día de la corrida, con un par de amigos y más bien tarde, cuando [a los que las venden] les entra el miedo de comérselas”, desvela.
Las propias peñas, que custodian las entradas del tendido de sol, el del “ambiente”, también han notado un auge considerable. “Antes incluso sobraban abonos” para acudir a la corrida, cuenta un directivo de una de estas corporaciones, “pero ahora se acaban rápidamente”. “Esto pasa porque se están rejuveneciendo las peñas y todos los chavales de 18 quieren ir a los toros, al final como vas con la 'txaranga' vas con la música incluida”, cuenta un socio de otra peña, que añade que, de hecho, “necesitan muchos más abonos” de los que les corresponde por la alta demanda.
En una plataforma internacional online de reventa de entradas, para el sábado 11 de julio los precios oscilan entre los 150 a los 250 euros. Para el día 9 y 10 de julio, los más solicitados, el precio a pie de calle se venden entradas a 80 euros, cuyo precio de venta escrito en el propio boleto es de 14,95 euros. “Para Morante se venden a 300 [euros]”, cuenta un joven veinteañero que suele acudir a “casi todas las jornadas”. Preguntados los vendedores a pie de calle, aseguran que “por menos de 200 euros no se conseguiría” una entrada para el día 10 en el tendido de sombra para ver a este torero. De los revendedores preguntados, ninguno ofrecía este tipo de entrada. Para este 9 de julio, la andanada de sol, que su precio oficial va desde los 34 hasta los 36 euros, en la reventa a pie de calle se ofrecen por 120 euros.
Una ciudad supuestamente antitaurina
A pesar de que la mayoría política en Pamplona es claramente de izquierdas, en la ciudad se produce una paradoja con respecto a la celebración de festejos taurinos, que se acaban convirtiendo en el buque insignia de los Sanfermines. El propio alcalde, Joseba Asirón (EH Bildu) hace diez años ya expresaba esta idea de que “cuestionar el toro es cuestionar el modelo de fiesta”, y afirmaba que, a pesar de que acude a la “fiesta de los toros del 7 al 14 de julio. El resto del año no” era “taurino”. En una ciudad gobernada por la izquierda abertzale, solo el 48% se muestra en contra de las corridas según un estudio publicado el año pasado.
La mayoría de los asistentes son jóvenes que acuden por el “ambiente”, asegurando no “ver la corrida” e incluso “sentir pena” por el animal. “Me pongo de espaldas al ruedo y cuando el toro muere no lo miro, voy con mi 'cuadrilla' a pasar la tarde y ya”, confiesa otra veinteañera. Un fenómeno que solo se da en Pamplona la segunda semana de julio y mantiene viva la llama de los toros y llena prácticamente todos los días una plaza con un aforo de 20.000 personas.
Según un estudio elaborado el año pasado por el Ayuntamiento de Pamplona, el 73% de los pamploneses tienen “costumbre de seguir los encierros”, habiéndolo “corrido alguna vez” el 16%. El 80% está “a favor de celebrar los encierros”, aunque solo el 52% “se muestra de acuerdo con la celebración de corridas de toros”. Un dato que, a pesar de ser alto si se tiene en cuenta la composición consistorial que votan los pamploneses, supone una incoherencia. Pues sin la lidia del toro por la tarde, no existía el encierro de la mañana.